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Sábado 05 de Abril de 2014

"Si volviera a nacer, volvería a ser maestro"

Está convencido de que a los docentes muchas veces les falta "autoestima". "Podemos ser críticos de nuestra labor, pero de vez en cuando también hay que privilegiar lo que hemos hecho y lo que estamos dispuestos a hacer", asegura el profesor Orlando Terré Camacho e invita a ejercer el oficio en un ambiente "social, comunitario, de autodesarrollo". Tiene una muy rica y amplia experiencia profesional, méritos académicos y reconocimientos internacionales. Igual confiesa que volvería a elegir siempre la profesión de maestro.

El especialista cubano ha estado varias veces en el país trabajando en diferentes proyectos: "Sigo viendo a la Argentina como un lugar donde se generan las mejores ideas del pensamiento educativo Y más que venir a enseñar me llevo siempre muy buenas cosas para mi haber profesional y de investigador". Y además valora el intercambio que se da en los países de la región: "Creo que hoy por primera vez estamos caminando por un pensamiento común entre nuestros países iberoamericanos, pero sobre todo de América latina y el Caribe donde se están generando buenas experiencias en la educación".

Trayectoria. Además de presidir la Amee y la Omedi, Terré Camacho es asesor de la Comisión Europea de Atención a la diversidad (Comunidad Europea) y de la Fundación Kennedy (Olimpíadas Especiales), dirige líneas de investigación adjunto al Laboratorio de Investigaciones del Potencial de Inteligencia Infantil en Madrid (España); profesor invitado de reconocidas casas de estudios de nivel superior del mundo, autor de más de 25 libros editados a nivel internacional y de artículos científicos publicados en prensa especializada; entre otros reconocimientos académicos se destaca el de Bandera de la Paz de las Naciones Unidas y el Premio al Mérito Educativo de la República de Cuba. Actualmente su labor académica e investigativa la desempeña como profesor invitado en instituciones de nivel superior y universidades; y ha dictado conferencias y cursos de formación en Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Canadá, Cuba, Chile, China, Ecuador, España, Egipto, Perú, Uruguay, República Dominicana, Rusia, Tailandia y en la República Bolivariana de Venezuela, entre otros.

— En tan vasta experiencia académica debe haber cosechado muchas vivencias ¿Con qué anécdota de su carrera docente, de su formación, se queda?

—Mis padres no querían que yo fuera maestro, querían que fuera médico y abogado. Y lo pude haber sido, porque según describen ellos era un niño talentoso y vivía en una sociedad que me abría las puertas para que yo pudiera estudiar. "Lamentablemente", como dice mi madre, "me equivoqué" de profesión. Pero he demostrado en mi vida práctica que el ser maestro me ha dado la oportunidad de ser un evangelio vivo, lo digo desde lo poético. Es decir, me ha convertido en un acompañante del conocimiento, del desarrollo potencial que puedan tener los niños, las niñas, mis alumnos, incluso mis compañeros de los cuales aprendo y he aprendido. Soy lo que no quisieron otros que fuera. Sin embargo, hoy me aplaudo porque me sentido muy comprometido con lo que hago y he tenido resultados. El gran resultado es haber devuelto felicidad, un posicionamiento a las personas que lo necesitan y a sus familias, porque mi campo de acción es la discapacidad. Ese pronóstico siempre me hace feliz. Si volviera a nacer estoy convencido de que volvería a ser maestro.

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