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Sábado 05 de Diciembre de 2009

"Si en la escuela se habla como en la calle, para qué están los docentes"

Ovide Menin es sinónimo de educación, pedagogía y universidad. Nadie duda a esta altura de reconocerlo como un referente educativo. Y por eso siempre hay que escucharlo, aún cuando con un lenguaje agudo y de particular riqueza es muy crítico, incluso de su propia profesión. Y considera que la escuela debe diferenciarse de otras instituciones para producir cambios conceptuales: "Si en la escuela se habla como en la calle, para qué están los docentes".

Ovide Menin es sinónimo de educación, pedagogía y universidad. Nadie duda a esta altura de reconocerlo como un referente educativo. Y por eso siempre hay que escucharlo, aún cuando con un lenguaje agudo y de particular riqueza es muy crítico, incluso de su propia profesión. Y considera que la escuela debe diferenciarse de otras instituciones para producir cambios conceptuales: "Si en la escuela se habla como en la calle, para qué están los docentes".

Ovide, como todos lo conocen, tiene 82 años, de los cuales ya lleva 60 ligados a la educación y a la enseñanza. "La asumo con pasión, es lo que sé hacer, por eso aún cuando me echaron del país la seguí ejerciendo", expresa.

Es pedagogo, investigador, doctor en psicología, ha dictado clases en todos los niveles del sistema educativo, es autor de infinidad de libros y publicaciones, decano de la Facultad de Psicología (UNR), ha sido cientos de veces distinguido. Pero asegura que donde se ha sentido más cómodo siempre es "en el desempeño de la cátedra".

Se define como "muy institucionalista" y "muy respetuoso de todas las tendencias", porque cree que "la democracia es eso: lo que en lenguaje popular se llama respeto por el otro".

—Con esta última definición de democracia alude a una de las grandes cuestiones que se le reclaman a la educación: la enseñanza de la convivencia...

—Sí, pero la verdad es que creo que hoy el gran tema no es ni la pedagogía ni la didáctica, es la violencia. Un tema que desplaza lamentablemente a otros, claves para la educación. Es que se ha instalado tanto la violencia real, que se manifiesta con la puesta del cuerpo y los embates físicos, como la famosa y llamada violencia simbólica. Y quizás produzca cierta molestia con lo que voy a decir, pero creo que nosotros como docentes debiéramos hacer nuestra propia autocrítica, de por qué hemos concedido tanto. Algo que hace que trabajemos con miedo por la inseguridad que nos plantean estas violencias. Vivimos pendientes de eso: hay que hablar con el niño, comunicarse con la familia, está bien, pero también hay que poner límites porque de lo contrario no se puede convivir. Y los psicólogos somos los que debiéramos empezar con esta autocrítica.

—Lo dice justamente un psicólogo educacional, ¿por qué?

—Porque creo que se nos ha ido la mano con esto de lo subjetivo. Ahora nada es objetivo, todo es subjetivo, y eso lleva al individualismo más feroz y contundente. Y como esa individualidad tiene manifestaciones que se corresponden encuadrando el derecho subjetivo a protestar, nunca podremos convivir así. Pareciera que ahora "todo es agresión" o de un "límite excesivo". Esto hay que discutirlo institucionalmente, de lo contrario no hay lugar para los avances de la pedagogía y de la didáctica.

—¿Hay necesidad entonces de volver a mirar el aula y los aprendizajes?

—El problema es que no podemos homologar la escuela a las demás instituciones sociales. Sin reconocer que es una institución singular no habrá posibilidades de hacer cambios conceptuales. Por ejemplo, si en la escuela se va a hablar con el mismo lenguaje que en el club o en la calle, para qué están los docentes. Es mentira que todo vale. En todo caso hay que recuperar qué códigos valen para una escuela concreta y en el barrio que se vive. Otro ejemplo es que no es posible ese fenómeno (una manifestación de violencia simbólica) de las madres protestando en la escuela porque creen que sus hijos "son unas maravillas y hay que aprobarlos sin más reproches".

—Hay padres que incluso llegan con esa protesta hasta la Universidad, ¿qué opina?

—Eso es vergonzoso. Son unos inmaduros y contribuyen a la inmadurez, a la no autonomía de esos muchachos. Está bien que se preocupen, pero que los acompañen desde otro lugar. Estas situaciones son insólitas y hablan de la inmadurez con que los padres se manifiestan en otros órdenes de la vida.

—Las representaciones sociales de los maestros más comunes pasan por verlos en la clase y junto a los niños, pero también en el reclamo por mejores salarios. ¿No hay riesgo de que se naturalice esta imagen última y no se la atienda?

—Suscribo lo que dice, pero si el gremio no cambia las formas de reclamos la respuesta de los padres se volverá cada vez más negativa. No sé cuál es la forma, pero habrá que estrujarse los sesos para buscarla. El reclamo es más que justo, pero me parece que hay que cambiar las formas, no se puede suspender siempre porque hay del otro lado también una clase trabajadora. Hay que hacer público el reclamo pero sin que desgaste. He votado a esta gestión, creo que el Ministerio de Educación ha hecho algunas cosas muy interesantes, pero también pienso que tiene que cambiar las estrategias. Por ejemplo, no está clara la formación docente, que es de capital importancia. Lo lamento, porque estimo a la ministra, pero creo que la gente está esperando algo más, ella debiera salir de frente y dar respuestas. Si no vamos a terminar como en el gobierno nacional, donde se ha instalado cierta soberbia.
 

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