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Sábado 21 de Abril de 2012

Shakira y la inversión temprana en educación

Por Roberto Follari / La colombiana dijo que por cada dólar destinado a educar a un niño pequeño, ese mismo chico devolverá 17 dólares al Estado.

"Está demostrado que por cada dólar que se invierte en la educación temprana de un niño, ese mismo niño devuelve 17 dólares al Estado en su vida adulta. Por 1 dólar invertido, 17 de retorno. Ustedes que son expertos en los negocios, señores, está claro que esto es un buen negocio para todos. Para el Estado, para la sociedad civil y para nuestras economías" (Shakira, en la 38º Cumbre de las Américas).

Shakira declara que la educación devuelve multiplicada por 17 cualquier inversión realizada en ella. Es loable su intención, aunque poco probada su afirmación. Difícilmente pueda contabilizarse tan específicamente los resultados económicos de la educación en el largo plazo; y difícilmente que sean siempre tan enormemente favorables.

Pero sí es cierto que la educación es una inversión, y no un gasto. Es evidente que siempre ha tenido efectos estructurales de mejora económica por vía tecnológica, además del ejercicio de profesionales y de la mano de obra calificada. Ese aporte a la economía es aún más marcado desde que la electrónica y la computación han modificado las caracteristicas de la producción y de hecho la misma se mueve al compás de permanentes innovaciones, surgidas ellas a menudo de la capacitación intelectual de los cuadros dirigenciales de empresas y Estado.

De cualquier modo, no toda la educación devuelve en rédito económico, y no todo lo que ella aporta es rédito económico. No se mide, pero se puede apreciar el enorme valor de lo educativo en la capacitación de una población a efectos de la defensa de sus derechos, en cuanto a que pueda disfrutar de la lectura y del arte, en cuanto a que disponga de información relevante para tomar sus decisiones cotidianas.

Donde el Estado aporta poco, como es el caso chileno, la educación no cubre el rol que sí hace en otros países donde la educación en manos del Estado es la principal: permitir el ascenso social de personas de los sectores populares, ayudar -si bien nunca puede hacerlo masivamente- a que haya quienes puedan mejorar su condición económica y social.

Panacea. De tal manera la educación no es una panacea que resuelve todos los males, ni es un talismán del cual dependa la completa situación económica de un país. Pero sí es un aporte relevante a condiciones generales de mejora económica, una posibilidad limitada pero cierta de movilidad social ascendente para quienes tienen menos recursos, y -sobre todo- una herramienta de acopio de bagajes simbólicos muy necesarios para la vida social, el intercambio cultural, el conocimiento del patrimonio cognoscitivo de la Humanidad y el logro del reconocimiento por parte de las demás personas.

Por todo ello, si bien no cabe adherirse al discurso de que la educación todo lo devuelve multiplicado por el cabalístico número de 17, vale la pena asumir que la educación es un campo en el que es necesario invertir. Tanto porque económicamente ayuda a largo plazo, como porque socialmente lo hace siempre, por cierto que de manera relativamente inmediata.

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