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Domingo 29 de Noviembre de 2015

Sergio, el verdulero bloguero

Como consecuencia de problemas de salud cambió radicalmente su forma de comer. Ahora transmite sus vivencias y mejores consejos on line. Un personaje rosarino que es un gusto conocer.

Ya entrada la noche, alrededor de las 20, las verdulerías se agitan. Muchos que aún no pisaron su suelo luego de una larga jornada, otros que se dieron cuenta de que no tenían nada para la cena, se encuentran en ese lugar común donde las bondades de la tierra se ofrecen para ir a la mesa.  Algo demorada, llego a este paraíso colorido y el fotógrafo me cuenta que ya amenizaron su espera “con una ensalada de frutas increíble. Lástima que llegaste tarde”. Un poco apenada por mi suerte, finalmente le pongo un rostro real a quien, por semanas, mantuvo un contacto virtual conmigo. Me presento buscando no distraerlo de su labor, y elijo observar.
En “El Carmen” hay ciertas reglas que son claras y se aplican a todos: la amabilidad es la primera y fundamental. Sergio y Ana María, junto a Jorge y Guille que los ayudan desde hace varios años, se caracterizan por un trato especial; este equipo trabaja para que no te quieras ir, para que disfrutes el momento. “La verdulería  tiene un rol maravilloso en nuestra vida nutricional y alimentaria. Veo que al hecho de acercarse, de tener que venir no se le da la importancia que merece, la gente está como apurada, está hablando con el celular. Ni se fijan en lo que se están llevando. Para mí, ir la verdulería tiene que ser un momento de felicidad, de emoción, que se tiene que disfrutar ¡porque se están llevando lo más maravilloso para su vida alimentaria!, algo que los va a proteger de enfermedades. Acá están los minerales, vitaminas, hidratos, fibras, los vegetales, que son para cuidarnos”.
Con sus ideas claras, Sergio Sirk realmente hace lo que predica. Algo que aprendió a fuerza de la mayor batalla de su vida, una que sigue luchando cada día y de la que sus mejores aliados fueron y serán los productos de la tierra. “Hace ocho años que estoy muy metido en el mundo alimentario a raíz de enfermedades que tuve. Es increíble, ¡teniendo este negocio yo tenía una vida nutricional muy desprolija! Gracias a que hice un giro de 180 grados en mi vida alimentaria solucioné casi todos mis problemas de salud ¡y la base fue la verdulería! De ahí que empecé a leer, me fui entusiasmando, como enamorando, y buscando material por todos lados”. Con una historia de obesidad, trombosis y reuma, la verdulería, más frutos secos, semillas y legumbres, fueron la llave de una nueva vida para este verdulero que, si bien es autodidacta, aprovecha como asesores a los más de 30 médicos que tiene en su “staff” de clientes. Así, hoy levanta la bandera que da nombre a su blog: La verdulería: la raíz fundamental de nuestros alimentos.
“Esas pequeñas decisiones acerca de qué comemos tienen un impacto en nosotros, en nuestra salud, en nuestro cuerpo, en nuestra familia, en nuestra comunidad, un impacto mucho más grande de lo que creemos. Nos hacen, literalmente, gota a gota. Es un hecho biológico, pero además, lo que comemos involucra a la cultura y la tradición, crea relaciones con los otros. Los sabores nos unen y nos generan pertenencia: con la tierra, con las costumbres, con los vecinos, y estimulan hasta el patriotismo", dice Sergio, con gran entusiasmo. 
Recordaba algo de estas palabras de Narda Lepes y la pasión con que elige honrar la ceremonia de la alimentación. Cuando Sergio Sirk habla de su verdulería, aparece ese mismo brillo que la cocinera muestra al acariciar la imperfección hermosa de un vegetal recién salido de la huerta, y algo emerge desde su interior para recuperar la magia de los vínculos en su historia.
Tras haber tenido distintos trabajos, el pueblo jujeño El Carmen recibió a Sergio para mostrarle no solamente que su clima lo convierte en el mayor abastecedor de hortalizas de nuestro país, sino para enseñarle cómo sentirse en casa a varios kilómetros de su tierra natal. Como homenaje a la hospitalidad de aquellas tierras jujeñas es que su verdulería rosarina lleva el nombre de su segundo hogar, el que los recibe cada Navidad de la última década y del que su servicio pareciera tomar sus fundamentos.
Trabajar 13 o 14 horas diarias no evitan en este hombre la sonrisa y la calidez. Y además de la buena atención suma consejos o comparte experiencias. “No cortamos al mediodía. Es un trabajo muy esclavo pero muy lindo espiritualmente... La gente, charlar, conocer, escuchar sus vivencias, hay momentos de alegría, de tristeza. Uno se va haciendo como de la familia, vi de todo. Gente que se va al exterior, profesionales que van a congresos y me cuentan diferentes cosas. Estamos tantas horas que los clientes se convierten en nuestra familia”.
 Sergio pone pasión en su labor y contagia admiración por lo “pródigo” que la naturaleza ofrece. Con ese amor dispone cada verdura y cada fruta en su local.
Lo observo. Cierro mi anotador con la sensación de que en este rincón cotidiano de Rosario hay una buena historia para contar.
 Despejadas ya mis dudas sobre las manzanas arenosas, mi despedida se ve coronada por un doble regalo: la ensalada de frutas que mi compañero me había hecho desear y ejemplares de varios de esos maravillosos “seres vivos” que cambiaron la historia de Sergio. Entonces subo al colectivo con mi bolsita de tesoros y me doy cuenta de que ya aprendí a ver la verdulería con otros ojos.

La "diosa" Alessandra

“Ella es quien nos guía y nos protege biológicamente. Todas las noches de nuestras vidas. Gracias Alessandra”. Coronada como un trofeo, sobre un refrigerador repleto de sopa “afrodisíaca”, una foto de Alessandra Rampolla con ese escrito, es un foco fundamental en la verdulería de Sergio y Ana María. La idea, cuenta el verdulero, fue hacer un homenaje a la presentadora por sus hábiles explicaciones de temas tabú, más el deseo de generar esa cuota de humor para quienes entran en el negocio. “Yo a mi mujer la conocí en un baile. La cabeceé, la saqué a bailar, y nos pusimos de novios. No había esa libertad que empezamos a tener después. Cuando apareció esta chica Rampolla  la admiré: no soy un viejo verde ni desequilibrado, la admiro por la educación, la intelectualidad,  la cultura que tiene, por cómo explica las cosas.  Un día puse  ese cartel y no te imaginás la buena onda que crea. Todos vienen  y dicen algo, hombres, mujeres. Se arma algo piola a raíz de eso. A veces, por Alessadra, se juntan 5 o 6 mujeres a charlar y no se quiere ir ninguna”.

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