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Martes 11 de Agosto de 2009

Ser virtual (y no formatearse en el intento)

Los formalismos del diálogo coloquial, de las charlas cotidianas, suenan demasiado forzados en la comunicación en el mundo virtual. Los mismos besos, abrazos y saludos de todos los días adquieren otro significado en un correo electrónico o un blog.

Casi nunca tuve dudas sobre la manera de dirigirme a otras personas. Se ve que en esto fui bien educado (y aprendido). A la gente grande se la trata de "usted", "flaco" sirve para gordos y flacos (siempre que sean de nuestra edad o, cuando uno pasa los 30, más jóvenes). Los "rompebolas" se transforman en "rompequinotos" si es el interlocutor de turno es alguien lo suficientemente importante. El término "huevos" se puede emplear casi con todos, si uno es un poquitín atrevido. Pero a la hora de redactar un correo electrónico dudo, mucho, muchísimo. Dudo entre arrancar con un "hola amigo" o directamente tirar un "¿qué hacés, che?". ¿Qué hace? ¡Está leyendo el mail que yo le mandé, qué va a estar hacendo!

Las comunicaciones en el mundo virtual me hicieron plantear cosas que, en el mundo de carne y hueso, daba por supuestas. ¿Por qué terminar un comentario en un blog poniendo "un abrazo" si a esa persona jamás le di un abrazo de verdad? Es de buena educación despedirse de una amiga con un beso, pero si comento una foto suya en Flickr quizás no termine poniendo "besos" para que no suene raro. Y "saludos" suena demasiado frío, formal. Hay gente a la que saludo con un apretón de manos... ¿cómo se da la mano en internet?

Es curioso, pero no me ocurre en Facebook, quizás porque se trata de comentarios como al pasar, sin encabezados ni despedidas. Imagino que Twitter será algo similar (no hay mucho lugar como para ponerse a escribir frases de compromiso), pero lo cierto es que nunca me atreví a sacar una cuenta en ese sitio después de haberme burlado tanto.

Digamos que el mundo virtual permite establecer un contacto similar al cotidiano, aunque con la posibilidad de leer y releer lo que estamos "diciendo". El problema entonces sería que la comunicación online todavía carece de formalismos propios, o no están tan popularizados. Quizás no haya que pensar tanto lo que uno está escribiendo.

En una época también dudaba sobre los temas a abordar en esta columna, en la forma de encararlos, en mi burdo intento por hacerme el chistoso (bueno, un poquito aunque sea). Pero se me pasó rápidamente, ahora me divierto escribiendo cosas que se refieren a personas de mi entorno. Aunque jamás pongo nombres ni apodos, tanto él como muchos otros saben a quién me refiero. ¿El aludido lee mi columna? ¿Se va a enterar? Y bueno, ¿qué me importa? Así es el mundo 2.0. Supongo que a muchos blogueros les pasa lo mismo.

Por ejemplo, un compañero de trabajo suele despedirse de las conversaciones (en vivo y en directo) con formalismos típicos de una carta. "Besos", "un abrazo", dice levantando la manito, en vez de dar un beso o un abrazo. Fue tras meditar uno de esos saludos cuando caí en la cuenta de que al lenguaje formal y al diálogo más coloquial ahora debe agregarse la comunicación virtual, que tarde o temprano encontrará sus propios formalismos.

Saludos.

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