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Viernes 02 de Septiembre de 2011

Ser varón, desafiar prejuicios y estudiar psicopedagogía

De los casi 400 estudiantes que tiene la licenciatura que dicta el Instituto Universitario del Gran Rosario, sólo nueve son hombres

“No es una profesión sólo para mujeres, ni ligada a la docencia y que sólo atiende a la niñez”. La afirmación la repiten una y otra vez los 9 estudiantes varones (de una matrícula total de 400 cursantes) de la licenciatura en psicopedagogía del Instituto Universitario del Gran Rosario (Iugr), de Laprida 1266. Son los que se animan a desafiar el estereotipo que liga esta profesión al género femenino. Se trata de una profesión de alta inserción laboral y mucha demanda.

Lo primero que hay que saber es que la psicopedagogía trabaja sobre un puente tendido entre la salud y la educación, y que su campo de acción es el aprendizaje. Ya sea para prevenir, diagnosticar o tratar problemas del mismo. Algo  que no es privativo a una edad determinada, es decir que abarca desde la niñez a la tercera edad.

Si se conoce y atiende a este dato es posible dimensionar que la profesión tiene un amplio terreno de acción, que va más allá de la escuela. Sin embargo, sobre la carrera operan todavía una serie de estereotipos que la hacen pensar como un espacio para las mujeres, como ocurre también en el magisterio, y a un trabajo “con los más chiquitos que tienen problemas en el aula”. Aunque hay que reconocerlo es donde más se ha logrado desarrollar la disciplina, o al menos ser más demandada.

Mirada masculina. Nueve estudiantes se animaron a desafiar este prejuicio y a estudiar psicopedagogía. Algunos son ingresantes, otros ya están en el tramo final de los estudios. Cada uno aporta una mirada sobre la carrera y coincide en el significado que tiene la disciplina para los tiempos que corren.

Leonel Carlini López es periodista, docente y cuenta que siempre se inclinó por la comunicación y la psicología. “Trabajando me encontré con estos profesionales y la elegí”, cuenta y agrega que propone “pensar la problemática del aprendizaje desde otro lugar, y que cada vez se ve no sólo en educación sino también en los servicios de salud”.

También Hernán Giammugnani, que cursa el último año de la carrera, trabaja en el magisterio y observa la necesidad cada vez mayor de la presencia de estos profesionales. “En las escuelas son más que requeridos los gabinetes psicopedagógicos, espacios de reflexión para los docentes sobre sus prácticas”, dice como para señalar un lugar clave que puede cumplir este profesional de la educación y la salud.

Martín Dávola se entusiasma con las posibilidades laborales que tiene la profesión y al igual que sus compañeros de estudio, recuerda que en este momento “las escuelas están desbordadas de problemas que no pueden atender, donde las soluciones didácticas no alcanzan y por tanto se hace visible la importancia de recurrir a la disciplina”.

En la charla, los estudiantes vuelven una y otra vez sobre “la falta de conocimientos del campo de trabajo de esta disciplina”. “La mayoría no conoce a qué se refiere el perfil de la carrera y se la relaciona con la psicología del niño, por ejemplo”, dice César Guerrero.

Alcances. “Es es una carrera esencial pero aún hay un gran desconocimiento del alcance que tiene, se la acota a los chicos y a una relación clínica o educativa; y abre, a la vez, una discusión sobre los espacios de trabajo con otras disciplinas”, opina otro de los estudiantes universitarios, Sebastián Ferreyra.

¿Y por qué se inclinaron a estudiar psicopedagogía? Leonel Falsone, alumno del Iugr, cuenta que cursó psicología hasta que se cambió a esta licenciatura. “Entendí entonces, cursando la carrera, —dice— que no era sólo prepararse para un lugar en la escuela”. Leonel también habla aquí de “la representación que cada persone construye sobre lo que busca”.

También Agustín De Cerchio,   otro de los jóvenes que cursa la licenciatura en el Iugr, llegó a la disciplina desde otro lugar, tan válido y diverso como son los de la orientación vocacional: “Me gusta mucho leer, y en esas lecturas me topé con Paulo Freire, me impactó lo que hizo, su obra pedagógica y pensé que eso había que fomentarlo. Por eso empecé psicopedagogía”.

Posibilidades. Sobre la amplitud de posibilidades que abre la psicopedagogía se explaya Marcos Alionij: “Hay que romper con ciertos mitos, como el de ‘psicopedagogía-niños-escuela’, porque la carrera tiene un abanico muy grande donde trabajar, es cuestión que cada uno encuentre dónde hacerlo mejor”. Y aquí la discusión se abre entre el grupo para marcar el reto que tienen por delante, de poder insertarse profesionalmente en diversas instituciones, en empresas o en el ámbito comunitario.

Manuel Nasta es uno de los estudiantes más nuevos de la carrera. Acuerda con las apreciaciones de sus compañeros sobre la presencia mayoritaria de mujeres que abordan esta profesión. Pero al mismo tiempo desafía con una reflexión a que más estudiantes varones se animen a la carrera: “Con todos los problemas que atraviesan hoy a la sociedad, estaría bueno que se amplíe a más varones, que estudien y ejerzan la psicopedagogía, es bueno sumar también la mirada de un hombre en este campo de trabajo”.

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