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Miércoles 12 de Diciembre de 2007

Señales de una sociedad violenta

En una calle de la zona oeste de la ciudad, dos policías de civil se bajan del auto (también civil) en el que se desplazan, abren fuego contra un sujeto al que creen haber identificado como un delincuente y asesinan a su hijo de 14 años. En el parque Alem, dos jóvenes pierden la vida al estrellarse con el auto en el que volvían de una fiesta de graduación contra una columna y otros tres quedan heridos...

En una calle de la zona oeste de la ciudad, dos policías de civil se
bajan del auto (también civil) en el que se desplazan, abren fuego
contra un sujeto al que creen haber identificado como un delincuente y
asesinan a su hijo de 14 años.
En el parque Alem, dos jóvenes pierden la vida al estrellarse con el
auto en el que volvían de una fiesta de graduación contra una columna
y otros tres quedan heridos.
A la salida de un club deportivo, en la zona norte, alguien dispara a quemarropa a la cabeza de un joven en una discusión presuntamente relacionada con un partido de fútbol de salón y lo deja al borde de la muerte.
En el Patio de la Madera, a cuatro cuadras de la comisaría 6ª y a
cinco de la 7ª, y sobre una avenida muy transitada durante las 24
horas, un hombre armado con un cuchillo ataca a una pareja de
adolescentes y somete sexualmente a la chica, además de robarles a
ambos.
Estas historias no están relacionadas entre sí, pero todas sucedieron
en las últimas horas en la ciudad y tienen un denominador común: las
víctimas, fatales o no, son siempre jóvenes. Y a veces también los
victimarios.
Aunque en algunos casos hayan sido víctimas de un acto criminal de
terceros y en otro -el del accidente en la costanera- de su propia
conducta irresponsable al circular a gran velocidad y probablemente
alcoholizados, hay una característica común que no habría que pasar
por alto: los episodios violentos se multiplican y en un buen
porcentaje de casos los protagonistas son chicos muy jóvenes.
Es apenas un dato, pero no hay que soslayarlo. El otro es que ninguno
de estos episodios fue protagonizado por actores marginales, lo cual
derrumba el prejuicio de que la violencia sólo ocurre allí donde hay
pobreza.
Si para algo sirve la crónica policial es para identificar delitos que
se repiten, demarcar zonas más peligrosas que otras, detectar qué
sectores de la población son los más expuestos y tanto más. Sólo hay
que saber leer cada una de estas historias en su contexto, porque no
son episodios aislados sino un signo más de la sociedad violenta que
estamos construyendo.

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