Mundial 86
Miércoles 29 de Junio de 2016

Sensini, el sparring que cuatro años después jugó el Mundial

"Ustedes tienen como cuatro o cinco adelante, no van a tener chances de jugar". La frase con voz potente y difícil de replicar de Jorge Solari retumbó en los oídos de Roberto Sensini y Marcelo Grioni.

"Ustedes tienen como cuatro o cinco adelante, no van a tener chances de jugar". La frase con voz potente y difícil de replicar de Jorge Solari retumbó en los oídos de Roberto Sensini y Marcelo Grioni. Transcurría el primer semestre de 1986 y ambos eran titulares en la reserva de Newell's, que por entonces disputaba la Liguilla que perdería frente a Boca en el Parque. Ninguno de los 2 había cumplido 20 años y el Indio los estaba convocando para una aventura: ser sparring de la selección argentina que disputaría la Copa del Mundo en México. Serían los refuerzos de un plantel de Renato Cesarini que estaría en el Distrito Federal a disposición de lo que gustaran mandar Carlos Bilardo, Diego Maradona, Jorge Valdano, Jorge Burruchaga, Oscar Ruggeri y Daniel Passarella, entre otros.

"No teníamos chances de jugar en primera y Newell's ya estaba en la fase final de la Liguilla, así que nos embarcamos en la aventura con los chicos de Renato", cuenta Boquita con la mirada en el más allá, recordando lo que pasaba hace 30 años y marcaría el resto de su carrera. Porque al año siguiente ya fue convocado a la selección. En mayo-junio del 86 fue como sparring y en diciembre del 87 debutó como titular contra Alemania porque se había lesionado el Gringo Giusti. Jugó de volante. "En la habitación me tocó Pumpido y 4 días después le hice un gol con Newell's en el Monumental", rememora Sensini, que se entusiasma con el recuerdo.

"Te voy a contar una anécdota. Yo me había llevado una máquina de fotos con rollo, en ese momento no había otra cosa, nada digital. Gasté como tres con los jugadores de la selección y cuando volvimos lo primero que hice fue llevarlos a revelar. Resulta que cuando los fui a buscar faltaban 24 fotos y el tipo me explicó que lo había enganchado mal cuando lo había puesto y no salió ninguna. Me quería matar".

"Fue un mes largo, creo que estuvimos 40 días. Nos volvimos después de la semifinal con Bélgica".

"El día que llegamos estábamos todos tímidos. Lo único que queríamos era estar con ellos y sacarnos fotos. Vino Pachamé (Carlos, ayudante de campo) a hablarnos y Carlos (Bilardo) le explicó a José (Machetti, el entrenador de Renato) qué necesitaba porque estaban por jugar el primer partido contra Corea y quería que hiciéramos algunos movimientos parecidos a los de los coreanos. Nosotros hicimos con ellos cuatro partidos o movimientos de entrenamientos y Diego estuvo en dos. Daniel Passarella hizo un solo entrenamiento con nosotros y me tocó marcarlo en los centros. Corríamos para todos lados siempre tratando de mantener un orden de acuerdo a lo que nos habían pedido. Fue una experiencia que repetiría o recomendaría"".

   —¿Y pintaba para campeona la selección?

   —Con verlo a Diego con las cosas que hacía era suficiente. Te imponía una sensación de protagonismo tremenda. Creo que la gran virtud de esa selección fue que encontró en Diego, en Valdano y en Burruchaga un gran funcionamiento con un bloque defensivo impresionante atrás que trabajaba para ellos. Se fueron muy criticados de Argentina y creo que encontraron en eso la fortaleza que se necesita para ser campeón. A mí una de las cosas que más me impresionó fue estar al lado de tipos que jugaban en Europa, consagrados, que nos trataran como si fueran pibes igual que nosotros.

   —La humildad por encima de las trayectorias...

   —Sí, sí, además venían a agradecernos que les diéramos una mano. Carlos y Pachamé también. Por ahí se les iba una pierna y enseguida venían a pedirte disculpas. Te dabas cuenta de que no había mala intención.

   —¿A vos no se te escapó ninguna pierna?

   —No, no, no, tranquilo (risas).

   —Mirá si lesionabas a Diego.

   —Nooooo. A Diego te daba más gusto mirarlo que marcarlo (otra vez risas). Las cosas que hacía con la pelota, siempre con los cordones desatados. Y después se quedaba pateando y veíamos las jugadas de pelota parada y todo eso. Nada que no viéramos acá, pero estar en ese lugar era un sueño. Yo pasé de verlo entrenar a Diego en junio del 86 a ser compañero en diciembre del 87, otro sueño.

   —Aquella selección y la del 90, ¿tenían un plus que faltó en los equipos posteriores?

   —Lo que noté de esa selección y después compartí con ellos es que les costó mucho estar ahí, habían sufrido mucho. No te olvides que Batista, Ruggeri, el Gringo (Giusti), el arquero mismo, eran muchachos muy criticados. Creo que ellos maduraron a partir de esas críticas y encima apareció Diego y les dijo: "Ayúdenme a ganar el Mundial". Vos veías jugar a ese equipo, sin opinar si jugaba bien o mal, y tenías la sensación de que decían: "Esta es la nuestra y no se nos escapa".

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