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Domingo 05 de Mayo de 2013

La disfunción de los escritores o la escritura a través del dibujo en el Castagnino

La disfunción de los escritores presenta en el Museo Juan B. Castagnino una selección de obras plásticas de notables escritores y artistas. Una producción entre el ámbito íntimo y el espacio público.

Hay algo que une a escritores tan distintos como Hugo Padeletti y Copi. A Beatriz Vallejos y Arturo Carrera. A Marosa Di Giorgio y Fernanda Laguna. Ellos, y muchos otros, recurrieron también a las artes plásticas como medio de trabajo y experimentación. Con mayor o menor consecuencia, pero con un sentido básico compartido: el de la imagen como un ámbito de creación secreta. La disfunción de los escritores/1. Leo Gambartes, la muestra que presenta el Museo Juan B. Castagnino, exhibe así una notable muestra de ese universo poca veces explorado.

Organizado por el Club del Dibujo y el Club Editorial Río Paraná, La disfunción de los escritores se propone como un "ensayo moderno sobre cierta entrañable relación entre el dibujo y la escritura" y reúne obras de Juan L. Ortiz, Leónidas Gambartes, Mario Levrero, Roberto Jacoby, Hugo Diz, Fernando Callero, Damián Ríos, Francisco Garamona, Sergio Bizzio, Dick el Demasiado, Julio Rodríguez Labrador —un paciente del Hospital Borda que en los años 90 enviaba poemas y dibujos a Diario de Poesía—, Beatriz Vignoli, Darío Homs y muchos más.

"Lo que nos movió a esta reunión inicial de obras fue la búsqueda de piezas plásticas hechas por escritores. Buscábamos esa cosa disfuncional en un oficio mayor como el de la escritura, en el sentido de lo que no corresponde de entrada a lo que se pretende hacer. Veíamos que los dibujos o pinturas hechos por escritores aparecían como oasis o como momentos de creatividad diferente en su hacer cotidiano", dice Ana Wandzik, curadora de la muestra con Claudia Del Río y Maximiliano Masuelli.

La disfunción... reúne obras únicas y selecciones de conjuntos mayores: están el único dibujo que hizo Damián Ríos, el único collage de Francisco Garamona, las pinturas que Cecilia Pavón hizo expresamente para la muestra; y están, también, los dibujos que hizo Copi para su libro Tango charter, una selección de dibujos de Padeletti, algunas obras de la extensa producción de Emilia Bertolé. También hay dibujos entresacados de manuscritos, como la taza que compone Marosa Di Giorgio en el manuscrito de un poema. "Son obras de pequeños formatos, no hay ninguna explosión en términos de mercado", dice Maximiliano Masuelli.

En algunos casos, la obra plástica de los escritores seleccionados es conocida. En otros, se trata de rescates de producciones raras e inhallables, como las tiras de El llanero solitario, que Mario Levrero publicó en Tinta, "la revista de los dibujantes solitarios", que editó Sergio Kern en Rosario entre 1977 y 1979; o las pinturas de Celia Fontán, un secreto del que los curadores se enteraron a través de una vieja carta en que Beatriz Vallejos hablaba de "mi amiga Celia Fontán, que es muy buena pintora".

El montaje sugiere algunas filiaciones: el dibujo de Damián Ríos puede verse junto con un paisaje de Juan L. Ortiz. También hay posibles parentescos: Copi y Levrero, lo que se dice dos potencias. Los contrastes no están disimulados, al contrario: las artesanías de Kiwi están puestas junto a las cajas astrales de Alejandro López, que también presenta acuarelas. "Es el guión de la novela El asesino de Lady Di. En este caso la imagen puede verse más en relación con la escritura, incluso hay un boceto de la tapa del libro. Las cajas funcionan más aparte, como un universo plástico propio", dice Ana Wandzik.

Maximiliano Masuelli destaca que La disfunción... "no cierra ningún recorrido, sino que lo abre" y por eso está pensada como la primera edición de una muestra que puede tener más versiones. "La selección viene de una lista que empezó Claudia Del Río hace unos años y que socializó con nosotros. Fue una especie de investigación compartida entre el Club del Dibujo y el Club Río Paraná. El boca a boca y el mano a mano fueron nuestra metodología", agrega Wandzik.

Otro insumo básico de la investigación surgió de la biblioteca del Club Río Paraná. De ahí salió la pista que condujo a rastrear obras desconocidas de Leónidas Gambartes, cartones, dibujos y ex libris que pueden verse como parte de la muestra. "Es una selección de piezas anteriores a su etapa de consagración, hechas entre 1935 y 1945 —explica Wandzik—. Reúne bastante material que hizo en colaboración con proyectos editoriales como la revista Paraná o el Boletín de Cultura Intelectual, que editaba R. E. Montes i Bradley y dibujos que tiene la característica de las ilustraciones que hizo para libros, como la Alborada del canto de Beatriz Vallejos, Pico verde de Fausto Hernández, El brujo de paja de Fryda de Mantovani y una serie de los boletines donde Gambartes dibujaba los encabezamientos. También cartones, témperas, obras no terminadas, bocetos, pruebas caligráficas. Algo que suponemos que tiene que ver con el universo editorial y por ende con el de la escritura".

Y hay más: dibujos de Guillermo Bacchini, pinturas de Sergio Bizzio y de Roberto Aguirre Molina, frottages de Arturo Carrera, un castillo de papel de Fernanda Laguna. Y lacas de Beatriz Vallejos, entre ellas La hamaca, un poemario "que escribió cuando, según nos cuenta su hija, decidió no publicar más en formato libro". Una obra atesorada largo tiempo en la intimidad, quizá una cifra de La disfunción de los escritores.

                                                                                                                                                                                                                                                                                         Hasta el 1º de julio en Pellegrini y Oroño.

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