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Domingo, 18 de mayo de 2008  01:00 | Señales

En el riesgo de la búsqueda

Fue uno de los protagonistas de la vanguardia en Rosario. Una faceta poco conocida de su trabajo, ahora objeto de exposición

Por Osvaldo Aguirre / La Capital
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Un artista redescubierto en su intimidad, con sus obras a la vista y con las ideas que orientaron su producción. Esa es la primera impresión que se tiene apenas uno recorre Osvaldo Boglione y su obra, la muestra que se expone en las galerías del Centro Cultural Parque de España.

Osvaldo Boglione falleció en Rosario en 1996. En los últimos años, el aspecto más visible de su actividad estuvo dado a través de la dirección de la Escuela Municipal de Artes Plásticas Manuel Musto. Pero desde principios de la década del 60 había sido un activo productor y gestor de movimientos artísticos.

"Esta muestra viene de hace dos años —cuenta Marcela Römer, la curadora—. Cuando me convocan, en la Escuela Musto me dicen que quieren que Osvaldo Boglione aparezca como artista".

El punto de partida fue el archivo del propio Boglione. Natalia Cloti y Paloma Ferrero, bibliotecarias de la Musto, se encargaron de clasificar las obras que lo integran. Así quedó a la luz un conjunto de casi 900 piezas, elaboradas a partir de 1957, de las cuales más de la mitad son grabados. Casi cuarenta años de trabajo y búsqueda persistentes.

"Cuando se pensaba en la muestra —dice Römer— me pareció que tenía que haber un recorrido histórico pero que no tenía que ser como esas muestras lineales y aburridas, sino que hubiese también un mix entre el recorrido histórico y el estético. Por eso la dividí por zonas". El primer túnel del Parque España presenta entonces una selección de grabados, "el segundo es como un diálogo entre el objeto y el dibujo" y el tercero está dedicado a documentar el paso de Boglione en la vanguardia de fines de los 60, incluida la reconstrucción de una cortina de globos presentada en 1967 en la Galería Carrillo.

La investigación de Römer, por su parte, incluyó las consultas con otros archivos. "Sabía que Xil Buffone trabajaba con el archivo de Juan Pablo Renzi y con María Teresa Gramuglio —dice—. Le pregunté por preguntar si allí había algo de Boglione, y descubrimos un texto maravilloso escrito por Renzi, y al pie una nota manuscrita de Rodolfo Elizalde. Después le preguntamos a Graciela Carnevale si en su archivo había fotos relacionadas con Osvaldo y aparecieron dos imágenes de encuentros previos a Tucumán Arde".

Las fotos no sólo tienen valor documental. "Es bueno que quede aclarado porque hay malentendidos —destaca la curadora—: Osvaldo estuvo en dos reuniones de Tucumán Arde pero no participó en la obra final. Me preguntaron si hubo una disidencia, pero no lo sé. Aparentemente, no. En ese momento de la vanguardia, Rubén Naranjo y él hacen un contrapunto ideológico de tensión con respecto al resto. Eso estaba velado. Tal vez con esta muestra o con una muestra más amplia de Naranjo —que se le debe— salgan a la luz esos contrapuntos. Si no, se lee la vanguardia rosarina como un bloque, y no lo fue".

El texto de Renzi, escrito hacia 1966, supone una puesta en situación de la obra: "Osvaldo Boglione participa de los movimientos experimentales (...) Como miembro del Grupo Taller, marcó los primeros pasos del informalismo y los problemas de materia en la ciudad. Las maderas y objetos de Boglione atestigan este hecho inicial, y señalan su creciente necesidad de continuar en el riesgo de la búsqueda".

Esa actitud puede reconocerse como un vector en el conjunto de su producción, con eje en el grabado. "En toda su obra, hasta en la objetual, se ve esta cosa de la textura matérica del grabado. En el archivo se encuentran cosas como una tirada de veinte copias de un grabado, de las cuales una puede ser mala. Entonces ves que su técnica era muy buena, que fue un grabador fuerte. En el túnel de la vanguardia se ven algunos afiches de los 60 hechos en grabado, en tacos de goma, con toda esa cosa matérica del grabado, sobre una arpillera. Había medios mecánicos, por supuesto, pero elegían ese modo artesanal, más ligado a la técnica del grabado", señala Römer.

"En Boglione hay un gran compromiso ideológico y político frente al arte y a la vida —agrega la curadora—. Está su compromiso con la Biblioteca Vigil. Su compromiso en la Musto, un estudio que habría que hacer. Cuando él ingresa en el año 83 la Musto cambia mucho, y los modos de ese cambio tuvieron que ver con mecánicas de la vanguardia y de la Vigil".

Es un día de semana. Las galerías recién se abren y ya varias personas recorren la muestra. Un hombre con tonada cordobesa y aspecto de haberse perdido y a la vez estar interesado pregunta quién es el autor de las obras. Dos mujeres, también visitantes, le dan las referencias indispensables. Una pareja joven toma fotos de los afiches y programas que se exhiben en el último túnel.

"El objetivo primero, que era darle visiblidad a Boglione como artista está cumplido —dice Römer—. Yo tenía un segundo objetivo, que también se cumplió: que la gente se sorprendiera con lo que él hacía. La mayoría del público rosarino veía a Boglione como alguien que hizo algunos grabados. El día de la inauguración la gente comentaba «no puedo creer que Osvaldo hiciera esto». Redescubrimos a un artista en otras facetas, más allá de las conocidas".

Hasta el 1º de junio en el Centro Cultural Parque de España, Sarmiento y el río.

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