Selección argentina
Martes 15 de Noviembre de 2016

Selección: Ayer casi el oro, hoy casi el barro

La base de jugadores de la selección se acostumbró a jugar partidos decisivos por la gloria, pero sin coronación. Hoy el escenario es diametralmente opuesto.

En San Juan hace calor. El sol quema. El viento Zonda levanta la tierra reseca y la mezcla con el aire de la atmósfera. La capital cuyana espera con ansiedad, pero sin histerias, la presentación de la selección argentina que esta noche buscará ante Colombia encarrilar de una vez por todas este largo y empinado camino a Rusia. Ayer arribó la delegación del Patón Bauza junto a Lionel Messi y compañía. En la intimidad del campamento albiceleste todos saben que no será un partido más, porque esta vez no se juega para ganar un título, como lo hicieron la base de estos jugadores en los últimos años, sino que ahora se trata de salvar el pellejo y reposicionar la pobre imagen de la selección. Hoy Argentina juega lisa y llanamente para evitar el papelón y de una vez por todas apuntarle la brújula de lleno al Mundial de Rusia.

Si hoy no hay victoria ante los cafeteros varios pueden pagar los platos rotos, desde el Patón, el menos culpable de todos porque recién arranca, hasta varios futbolistas de élite que en poco tiempo perdieron el feeling merecido que tenían con la gente. Será una noche en la que una actuación fallida hará tronar el escarmiento y seguramente rodarán cabezas, aunque lo mejor siempre es bancar los planes a largo plazo y respetar la trayectoria de jugadores y técnicos. Ocurre que en el capitalismo salvaje que impera en el fútbol un proyecto a largo plazo no soporta una ráfaga de resultados adversos. Algo que se potencia con el mote de perdedores de finales que condena a este grupo. En este entuerto está metido el Patón.

También es cierto que el mismo entrenador tiene la llave para abrirle la puerta a un rendimiento más confiable del equipo y por sobre todas las cosas para levantarle la autoestima a un plantel que ante el primer escollo cae de rodillas, a pesar de la jerarquía individual indiscutida que ostentan los jugadores en el mundo de la redonda.

Ahora la historia cambió de cabo a rabo. Porque en los últimos tiempos la mayoría de los jugadores de la selección argentina se acostumbró a jugar partidos decisivos para ganar campeonatos. Con más aciertos que defectos la base de estos futbolistas que hoy son catalogados como "feos, sucios y malos" hasta hace poco se aquerenciaron en instancias decisivas y se codearon con la consagración, aunque el trofeo siempre quedó en manos ajenas. Y ese lastre también los martiriza. Pero hoy la cuestión es diametralmente opuesta.

En las últimas tres competencias de trascendencia, léase el Mundial de Brasil 2014 (con Alejandro Sabella como DT) y las dos Copa América (con el Tata Martino en el banco), la foto del campeón estuvo a un tris de imprimirse para la posteridad. Pero el "casi" en el fútbol no sirve de consuelo y el segundo escalón del podio es irrelevante para el exitismo generalizado. Igual jugar finales significa que el recorrido hacia el objetivo estuvo bien trazado.

Hoy la historia está patas para arriba. Porque la ruta a Rusia está empantanada. El equipo no encuentra un funcionamiento confiable en ninguna de sus líneas y encima Messi da la sensación de ser un ancho de espadas en un mazo que parece tener todos cuatro de copas, aunque está claro que no sea así ni mucho menos. Los jugadores argentinos están entre los mejores del mundo sin dudas.

Por eso hoy Leo debe entregar el plus de magia que lo convierte en el número uno y sus compañeros levantar la puntería, apelar al amor propio y reconquistar la cuota de fútbol y coraje que supieron entregarle a la selección hasta no hace mucho.

Colombia es una excelente medida para ponerse de pie. Porque habrá que ser aplicado e inteligente para vencerlo al pie de la imponente cordillera de los Andes. Pero más allá del poderío de la selección cafetera, hoy Argentina se mide con Argentina. Se mirará al espejo y verá a qué distancia real está del Mundial. Si acorta la distancia o Rusia 2018 le queda cada vez más lejos.

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