Corrupción
Domingo 03 de Julio de 2016

Segundo semestre y cisnes negros

El gobierno nacional abusó de las expectativas y no pudo cumplir con las metas económicas previstas para sus primeros seis meses de gobierno. La división peronista le otorga dividendos a Macri.

El segundo semestre golpeó la puerta y encontró el mismo escenario que en los primeros seis meses: recesión económica, inflación altísima y bolsillos flacos por los tarifazos en cadena de los servicios públicos. Lo que ven es lo que hay.

La mejor noticia —casi la única— por la que pueden brindar en la Casa Rosada es el estado de la oposición, básicamente el peronismo, un cuadrante que hoy por hoy no sabe cómo direccionar las mirillas en un mismo punto, en pleno estrés postraumático por la derrota de diciembre que lo dejó afuera del poder, y con la caída del kirchnerismo, la franquicia que el otrora movimiento nacional organizado le cedió durante una década al matrimonio que llegó del sur.

El primer semestre, que se terminó el viernes pasado, arrojó un esquema inverso al que se preveía antes de que Mauricio Macri asuma el gobierno. Pese a la minoría legislativa de Cambiemos (un tercio de la Cámara baja y un quinto en Senadores), el gobierno ha podido lograr mayorías amplias a la hora de las últimas votaciones.

El Senado votó el paquete que incluyó el blanqueo y el pliego de Horacio Rosatti como juez de la Corte Suprema. Diputados aprobó por 147 a 49 el allanamiento a Julio De Vido. Lo propio sucedió con la ley del arrepentido y tantas otras iniciativas que se convirtieron en ley. Hasta aquí Macri consiguió mantener al peronismo en un territorio controlado, algo que pocos hubieran pensado tras la finísima diferencia con Daniel Scioli en el ballottage.

Pelotazo en contra. A esta altura de los acontecimientos, para explicar por qué el oficialismo surfea la ola legislativa hay que centrar el análisis en la aparición de los cisnes negros del peronismo: Lázaro Báez y José López. La teoría de Nassim Nicholas Taleb se encuadra perfectamente en el derrape del kirchnerismo tras el conteo de billetes en una cueva de Puerto Madero y del revoleo de casi 9 millones de dólares hacia el interior de un convento. Los cisnes negros revelan la trascendencia que tienen los eventos sin dirección e inesperados.

Si para el peronismo salir del poder ya es de por sí es un acontecimiento contra natura, los escandalosos episodios de corrupción lo ponen a la defensiva y le demoran cualquier intento de regreso rápido a los primeros planos. Hasta después del 2017, como mínimo, no habrá un liderazgo unívoco en el peronismo, si es que eso se produce.

Hoy el mapa se divide en cuatro subzonas: Sergio Massa, los gobernadores, la cúpula formal del PJ y el kirchnerismo. Las dos únicas cabezas de serie son Massa y Cristina Fernández. El líder del Frente Renovador permanece con valor alto en las encuestas. La ex presidenta, por contrapartida, tiene una imagen negativa alta en todo el país pero conserva un núcleo de adhesión importante entre los fieles, que no son pocos para el puzzle peronista.

Los no kirchneristas tampoco están para tirar manteca al techo y, por eso, varios gobernadores le pidieron a la conducción partidaria no apresurar la ruptura final. En ese punto se entiende la suspensión del encuentro del consejo nacional del PJ, que la semana pasada tenía previsto tirar al cesto el nombre de Frente para la Victoria (FpV) en el Congreso.

"No hay que apresurar las decisiones. Ya se fueron los legisladores misioneros, antes se fue (Diego) Bossio, hace poco se retiraron los del Movimiento Evita. Esto va a ser por postas", amplió un senador nacional que admite la posibilidad de que en las elecciones de medio mandato no se consolide ningún liderazgo individual. Los que gobiernan deberán conservar su territorio pero, en el caso de Massa, un triunfo en la siempre estratégica provincia de Buenos Aires lo volverá a poner en la primera línea de la grilla de cara a 2019.

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El factor Cristina. Atentos a esa realidad, en los laboratorios del oficialismo se debate sobre costos y beneficios políticos de que Cristina vaya presa. No son pocos los macristas que preferirían mantenerla vigente porque pese a la alta imagen negativa general (58 por ciento en Rosario, según la última encuesta de Mautone & Asociados) la ex presidenta tiene un núcleo de militantes y adherentes que resultaría funcional para repartir los dividendos opositores. En esa línea de razonamiento, algunos desean el regreso a la política activa de Florencio Randazzo en la provincia de Buenos Aires. Divide y reinarás.

El caso del peronismo santafesino es muy particular. Sin ningún ruido blindó su interna con todos los sectores adentro, salvo el caso de Luis Rubeo, quien la semana pasada denunció a Omar Perotti, Agustín Rossi y Marcos Cleri de rosquear la lista de unidad que, finalmente, se quedó con la conducción.

Peronismo santafesino. El FpV santafesino hizo una muy buena elección a gobernador con Perotti, pero el rafaelino es senador por 6 años y no estará como candidato a diputado nacional. Entre las nuevas autoridades del PJ conviven perottistas, rossistas, el Movimiento Evita, La Cámpora, los senadores, UPCN (y siguen las firmas). A casi un año del próximo turno electoral no aparece ningún candidato natural, aunque Agustín Rossi avisó hace algún tiempo que competirá por una banca a legislador.

Fiel a su estilo, Perotti mira las cartas desde lejos. Sabe que desde el macrismo lo observan con interés y le gustaría cooptarlo para la causa oficialista nacional. El senador se hace el desentendido, pero deja trascender que el camino que le queda al PJ local para 2019 es ampliar las fronteras. "¿Por qué no ir hacia un modelo parecido a Unión con Córdoba, si a De la Sota y a Schiaretti les resulta tan exitoso?", se escuchó cerca del legislador.

Perotti sigue de cerca el derrotero diario de la administración del Frente Progresista y está de acuerdo con la decisión de los senadores de haber acotado el límite de endeudamiento que pedía Miguel Lifschitz. Sostiene en la intimidad que no es momento para "salir con todo en tiempos de capitales calientes". En PJ santafesino sostienen que "Lifschitz quería mil millones para asegurarse poder seguir diciéndole a Macri lo que se le canta".

Esas razones políticas fueron las que hicieron que los senadores reduzcan a 500 millones de dólares la petición del Ejecutivo santafesino. Al fin, son "los senadores" el único grupo de poder que quedó en pie en el justicialismo santafesino tras tres derrotas consecutivas en elecciones a gobernador.

Las chances del peronismo (y de la oposición toda) aquí, allá y en todas partes dependerá del futuro de la política económica del gobierno de Macri que, hasta este mojón de ingreso al segundo semestre, ha resultado un fiasco.

Pese a que recién se cumplirán siete meses de gobierno, la "lluvia de dólares", "la revolución de la alegría" y la "pobreza cero" —entre tantas otras promesas— se postergaron hasta nuevo aviso.

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