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Sábado 10 de Octubre de 2015

Secundaria y formación para el trabajo

Desafíos sobre una de las preparaciones históricas de la escuela obligatoria destinada a los adolescentes.

La formación para el trabajo ha sido, junto con la formación para la ciudadanía y para los estudios superiores, una de las funciones históricamente atribuidas a la educación secundaria. Tempranamente, se respondió a la función de formación para el trabajo a través de la diferenciación entre una escuela secundaria general y una escuela técnica. La primera, privilegiaba la formación para el ingreso a la universidad, y la segunda, para el mundo del trabajo. Así la formación específica para el trabajo en la escuela secundaria ha estado vinculada a la creación de modalidades alternativas a la escuela secundaria general, para incluir a sectores sociales aún no incluidos en cada período histórico. La diferenciación no solo abarcó la educación técnica, sino también —y de diferente forma— a la formación profesional y a la educación de adultos.

Otra manera de responder fue preguntándose qué produce la escuela secundaria general (ESG) que la vincula al mundo del trabajo: disciplinamiento, socialización o conocimientos específicos. Desde el inicio de la organización y masificación de la escuela secundaria, se ha discutido largamente el papel de la escuela en la transmisión de concepciones sobre el trabajo aunque no se proponga curricularmente formar para la inserción laboral y/o para un empleo específico.

Argumentos. ¿Están vigentes aún estas categorías para comprender estos vínculos complejos? Ante las grandes transformaciones en el mundo del trabajo, en las formas de organización y los sentidos subjetivos del trabajo en particular en los jóvenes: ¿en qué ha quedado esta discusión? Son pocos los que todavía plantean que la escuela secundaria "debe" adecuarse a las demandas del mercado de trabajo. Con la instalación de la obligatoriedad y de la educación como derecho, se reconoce que la educación secundaria tiene funciones sociales mucho más amplias y que no debe reducirse a ser la proveedora puntual de los recursos humanos que se "requieren" en el mercado, menos aún si esos requerimientos aparecen como inespecíficos, omitiendo complejidades, desigualdades y heterogeneidades.

Partiendo de este fuerte posicionamiento, una serie de argumentos fundamentan una reformulación sobre la formación para el trabajo en la ESG:

1.Las discusiones sobre la formación para el trabajo (FpT) pueden ubicarse dentro de un contexto más amplio de reflexión sobre el sentido "perdido" de la escuela secundaria. Como sostiene Tedesco (2012), asistimos a un agotamiento de los modelos para orientar el sentido de la acción educativa, que puede ser examinado como crisis de hegemonía ante este nuevo capitalismo globalizado. La adhesión a una sociedad justa, que se construya sobre la base de la solidaridad y la responsabilidad ciudadana, asociada a nuevos desafíos cognitivos y emocionales, es el punto de partida para repensar también la FpT en la escuela secundaria.

2.En ocasiones, al cuestionar que la escuela secundaria se deba ocupar de formar para el trabajo, se sostienen argumentos sobre la diferenciación y la doble vía, desacreditándolos como opuestos a la democratización educativa. Sin embargo, la escuela transmite concepciones sobre el trabajo aunque no se proponga curricularmente enseñar sobre el mundo del trabajo. Los niños y jóvenes están insertos en una institucionalidad donde los adultos (docentes, no docentes) trabajan: hay una determinada organización, una división de tareas, jerarquías, un determinado lugar para la voz de los jóvenes. Aunque no se lo explicite, esa organización forma parte de lo que la escuela trasmite acerca del mundo del trabajo y de la sociedad, como señalaron hace ya décadas los sociólogos de la reproducción. Por otra parte, los jóvenes vivencian el mundo laboral a través de los vínculos que los rodean y, en no pocos casos, a través de su propia experiencia de trabajo precoz en el ámbito doméstico y extra-doméstico. Parafraseando el título de un programa del Canal Encuentro, es "mejor hablar de ciertas cosas".

3.Después de su pasaje por la escuela secundaria, y aún los que continúan estudiando, los jóvenes suelen enfrentar el mercado laboral, desarrollar sus trayectorias laborales sobre esa base de esa formación. Incluso muchos jóvenes solo podrán seguir estudios superiores si, al mismo tiempo, trabajan. Sus trayectorias laborales serán inciertas y no lineales; pasarán del mundo del trabajo al de la educación o capacitación, o viceversa; pasarán períodos de desempleo y de inactividad; combinarán estudio y trabajo. Todo ello dependerá de los contextos sociolaborales y de los ciclos económicos pero, también, de los saberes y títulos, de las propias estrategias, vocaciones y expectativas. El reconocimiento de sus propias situaciones y perspectivas en tanto futuros trabajadores y la revalorización de la experiencia de vida (e incluso, eventualmente, de trabajo) puede fortalecerlos como actores sociales y políticos de su propia inserción. Por estos motivos, reflexionar sobre cómo moverse en un mundo laboral incierto y cambiante, que ofrece a los jóvenes muchas veces empleos precarios, es una oportunidad para acercarlos a la reflexión crítica y al desarrollo de recursos que serán importantes para sus caminos posteriores.

4.Incluir a todos los adolescentes en la escuela secundaria requiere diversificar formatos, contenidos y estrategias pedagógicas, motivándolos y confiriendo nuevos sentidos a la experiencia escolar. Dentro de esta diversificación, suele considerarse mucha evidencia empírica de investigación en Argentina y otros países, que muestra que la introducción de proyectos pedagógicos vinculados a los saberes del trabajo generan mayor motivación e interés en los jóvenes: los procesos de aprendizaje que parten de saberes prácticos para desde allí plantear saberes teóricos o lo que se conoce como el valor pedagógico de la formación orientada y del aprendizaje situado. Teniendo en cuenta el riesgo de no constituir circuitos de "segunda", la diversificación de modelos parece ser la vía para tener en cuenta la diversidad de contextos, intereses y condiciones de los jóvenes. Por el contrario, los estudios comparados sobre los sistemas educativos muestran que la uniformidad institucional o del currículo único no parecen ser los factores centrales que se asocian a la equidad de oportunidades en el nivel secundario (que en todo caso tienen que ver con lógicas más amplias de estructuración del sistema educativo y del mercado laboral y con distribución social).

5.Discutir el lugar de la formación para el trabajo se vincula también con la pertinencia y la contribución del nivel secundario al desarrollo inclusivo. Una dimensión clave en la relación entre educación secundaria y formación para el trabajo es la generación de un círculo virtuoso entre el desarrollo productivo del país, la promoción de un mercado de trabajo integrador y la educación en todos sus niveles. Este círculo virtuoso, que abarca además políticas generales y sectoriales diversas, tendría implicancias tanto individuales, sobre las trayectorias de los jóvenes, como colectivas, sobre el bienestar del conjunto de la población. No nos referimos solamente a formación técnica, sino también la serie de conocimientos complejos, habilidades, experticias, etc., que se requieren tanto en el sistema productivo como en la vida cotidiana y ciudadana. No se trata de formar para un determinado empleo, ni de examinar si la educación se ajusta a un empleo en particular. Se trata de formar una visión amplia, reflexiva y crítica sobre el mundo del trabajo, y de experimentar y reflexionar sobre los procesos de construcción de saberes que articulen teoría, tecnología, práctica y relevancia personal y social.

Claudia Jacinto / Socióloga (Investigadora principal del Conicet en el CIS-IDES. Artículo publicado en la revista El Monitor de la Educación (elmonitor.educ.ar) y reproducido con autorización de la autora).

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