La ciudad
Lunes 05 de Septiembre de 2016

Se radican dos denuncias al día por la venta de comida en mal estado

Las multas económicas van de los mil hasta el millón de pesos. También la clausura del local y el decomiso de mercadería

Sea por la proliferación de programas relacionados con la cocina o por la preocupación de seguir una alimentación saludable, cada vez circula más información sobre salud alimentaria. Recorrer las góndolas de un súper y mirar la fecha de vencimiento de los productos, leer el etiquetado de la mercadería o espiar la cocina de un restaurante son recaudos cada vez más frecuentes. Tanto, como avisar a las autoridades cuando se ven cucarachas en un bar o se siente mal olor en una carnicería.

El Instituto del Alimento de la Municipalidad de Rosario recibe dos denuncias por día que dan cuenta de distintas falencias en lugares donde se elaboran o se comercializan alimentos. Y si bien se trata de un universo extenso, ya que incluye desde industrias hasta puestos de choripanes, las grandes cadenas de supermercados y los patios de comida se ubican a la cabecera.

El instituto tiene a su cargo el control de la calidad de los alimentos que se consumen en la ciudad para prevenir enfermedades de transmisión alimentaria. Una tarea nada sencilla si se tiene en cuenta la extensión y la dinámica de la oferta gastronómica local. Pero más que importante si se considera que una falla en la cadena de producción, distribución y consumo de alimentos puede provocar, en el mejor de los casos, malestares estomacales. En el peor, intoxicaciones masivas.

De acuerdo a datos de la Dirección de Habilitación del municipio, en Rosario funcionan 730 fábricas de elaboración de alimentos y 6.620 lugares donde se venden alimentos, entre supermercados, rotiserías, bares, restaurantes y maxiquioscos.

El año pasado, entre marzo y diciembre, el instituto inspeccionó 1.700 lugares donde se producen alimentos, otros 1.500 bares y restaurantes y un número similar de vehículos habilitados para trasladar alimentos.

"El sector de la alimentación tiene una importancia estratégica para la ciudad. La oferta gastronómica de Rosario es amplia y tiene un buen nivel, sobre todo a partir de la existencia de un buen nivel de profesionales, chefs que trabajan para otorgar un plus a lo elaborado y que están muy bien catalogados", señala la directora del instituto, Susana Dueñas.

En alerta. Por eso, la clausura preventiva de un reconocido pub en pleno Paseo del Siglo, un mes atrás, a partir de una denuncia sobre la presencia de ratones y falta de higiene en la cocina no pasó desapercibida.

En rigor, a los teléfonos del instituto o a su edificio de calle Lima al 800 llegan dos denuncias diarias que advierten sobre distintas falencias en lugares donde se elaboran o venden alimentos. Repasar los registros de estas denuncias no es apto para personas de arcada fácil: mercaderías vencidas, falta de higiene, ausencia de cadena de frío, presencia de vectores o alimentos contaminados son las más frecuentes.

Dueñas destaca que cada una de estas advertencias dispara auditorías en bares, restaurantes, rotiserías, salones de fiesta, servicios de catering o supermercados.

Justamente, las grandes cadenas de supermercados o los patios de comida son los que aparecen más frecuentemente involucrados. Son también los espacios que tienen una asistencia de público más masiva.

Multas y clausuras. Las inspecciones que se originan en denuncias de los consumidores o de los comensales terminan, "la mayoría de las veces", destaca Dueñas, con alguna sanción. "Si bien hay muchas que se originan en problemas laborales EM_DASHapuntaEM_DASH, los autores suelen encontrar problemas de higiene, alimentos vencidos o con rótulos antirreglamentarios.

Las multas económicas van de los mil hasta el millón de pesos, de acuerdo a la falla detectada, y pueden incluir también la clausura del local y el decomiso de mercaderías.

Sin embargo, lo más importante "es haber detectado un problema y poder trabajar junto a los responsables de ese comercio para encontrar una solución", señala la funcionaria.

Y destaca que si bien la función del Estado es la de fiscalizar el funcionamiento de estos emprendimientos, también sus dueños tienen una gran responsabilidad "ya que deben trabajar con conciencia porque, en cierta forma, tienen en sus manos la salud de la población".

Por eso, sin renegar de la tarea de los agentes públicos, se apunta a un paradigma de responsabilidades compartidas. "Desde el instituto acompañamos con el asesoramiento, la ayuda en la resolución del problema cuando es detectado, pero también debe haber un ida y vuelta. No puede caer todo en el Estado, porque en una ciudad con un millón de habitantes resulta difícil atender toda la demanda que se genera", señala Dueñas.

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