Educación
Sábado 10 de Septiembre de 2016

"Se piden más gendarmes, pero no más educación"

El profesor Carlos Cárdenas afirma que la escuela no puede hacer frente sola a la violencia.

"Se piden gendarmes pero no más educación". Quien habla es el profesor y licenciado en historia Carlos Cárdenas, docente en diferentes escuelas secundarias, en particular de barrios vulnerables y afectados por la violencia que acarrea el narcotráfico en Rosario. Sus compañeros de tarea lo nominaron para ser reconocido como educador santafesino, un diploma que la provincia de Santa Fe le otorgó el martes pasado junto a otros 65 docentes.

Cárdenas da clases de historia en la Secundaria 432 de Oroño al 1100. Pero su recorrido de educador está en las escuelas de la zona sur de Rosario: trabajó en la Secundaria 551 de Ayolas y Grandoli, es director de la Eempa Nº 1.306 de Ayolas al 500 y enseña en la Técnica 393 de Alice y Lamadrid. Hay un dato en su trayectoria que a él le gusta remarcar: "A mí nadie me la cuenta, siempre viví en la zona sur, sigo viviendo. Yo pasé mi adolescencia en Necochea y Centeno. Esto que pasa ahora en los barrios es producto de mirar para otro lado durante mucho tiempo, de un abandono del Estado".

Esa no atención a las necesidades básicas de los sectores populares le abrió la puerta a la violencia, en especial a la que llega de las bandas narco. Y eso también alcanza a las escuelas, al trabajo docente: "Sentimos que estamos solos, la intervención llega solamente cuando las cosas tocan un punto extremo y más bien por una razón periodística, publicitaria. Si se tirotean en el barrio, ves a la policía en la puerta de la escuela, después ya no. No hay un plan integral. Eso produce mucha angustia".

Opina que el reclamo legítimo de mayor seguridad no incluye al de más educación y eso lo enoja. "No vivo en el limbo, yo también sufro la inseguridad, soy un ciudadano más, un docente que tomo el colectivo a las once de la noche. Pero no veo que con el mismo énfasis que se pide mano dura se reclame más educación, que es lo que a la largo plazo ofrece mayor seguridad".

En la Eempa

Actualmente es director de la Eempa 1.306 Roberto Fontanarrosa (Ayolas al 590). Una modalidad que pide mirar con atención por el crecimiento enorme que se da año a año en la matrícula, donde los jóvenes que van desde los 18 a los 24 años son mayoría. Pone como ejemplo cercano tener dos 5º años con más de 50 alumnos cada uno.

"Uno se va haciendo día a día en este trabajo", dice quien se define como "hijo de la escuela pública". Fue a la primaria Juan Galo Lavalle, a la de Jornada Completa 114 y el secundario lo cursó en el Liceo Avellaneda. Se graduó en historia en la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario (UNR). El primer colegio que eligió para dar clases es el de Ayolas y Grandoli, cuando funcionaba la EGB en la Primaria Nº 6.430 Isabel la Católica. Más tarde se creó en el mismo edificio la Secundaria Nº 551 Sonia Beatriz González. Nombre que recuerda a una militante obrera desparecida en 1976. A quien Carlos conoció cuando él tenía 14 años y ella 18. "Eramos del barrio, jugábamos al fútbol con el hermano", cita de esa memoria. El vio cuando los militares arrastraron a Sonia de su domicilio.

Ya de profesor, les contó esa historia de vida a sus estudiantes, también para mostrarles que el terrorismo de Estado golpeó fuerte en los sectores populares, en quienes luchaban. Esa clase tuvo su mejor recompensa: los alumnos se conmovieron con ese retrato de compromiso y decidieron que la nueva secundaria lleve su nombre.

Carlos dice que cuando, a fines de la década del 90, llegó a la escuela de Tablada a dar clases no se imaginaba encontrar la educación tan mal, tan deteriorada por las políticas del menemismo. "Me sorprendí, pero también la universidad me preparó muy bien. Tuve profesores muy buenos, que me ofrecieron formación para entablar un diálogo educativo con esa realidad", manifiesta.

Otros horizontes

Una y otra vez comparte la convicción de que la educación es la que genera otras posibilidades, movilidad social, pensar en otros horizontes para la vida de cada uno. Pone a su familia como un testimonio de esa afirmación: su papá era empleado municipal y hombreaba bolsas en el puerto; su mamá no terminó el 6º grado pero se preocupó para que cada uno de sus doce hermanos terminen la secundaria. "Tengo un hermano profesor de educación física, otro policía, otra hermana enfermera y hasta una hermana misionera...", nombra uno a una.

En la docencia —sostiene Carlos— se pone el cuerpo todo los días en lo propio del trabajo y tomar las adversidades que ingresan al aula con cada chico, con cada joven. Historias de violencias, de abusos, donde no se puede mirar para otro costado.

"«¿Pero estos chicos por qué vienen a la escuela si no hay nadie detrás que los obligue?» Me preguntaba al principio —continúa— y después te das cuenta que para ellos la escuela tiene un significado enorme: los llamamos por el nombre, se identifican, se sienten reconocidos, son alguien".

En el Irar

Convocado por el Ministerio de Educación, estuvo al frente del secundario que funciona en el Irar (Instituto de Recuperación del Adolescente Rosario). Trabajó seis meses y renunció. "Fue una experiencia muy buena como docente. Hay un grupo de profesores maravilloso, con quienes armamos los tres primeros años. Pero en el Irar hay toda una estructura ajena a los chicos alojados allí que no colabora en nada con la educación. No me fui de ahí por los pibes sino por todo el resto, como los guardiacárceles, que no ayudan en nada, con quienes no se puede sostener la enseñanza".

También allí reforzó esa idea de que la escuela y los docentes solos no alcanzan para ofrecer mejores destinos. El compromiso social y del Estado es clave. Lo resume con un relato esclarecedor: "Nosotros jamás preguntamos nada, por qué están ahí (en el Irar). Son todos alumnos nuestros. Sin embargo, te terminan contando sus vidas. Un día hablando con un chico de 17 años que estaba a punto de salir y tiene un hijo pequeño, le decía que pensara en el futuro que quería darle a su hijo. Hasta me pidió que le enseñe a preparar un currículum para conseguir trabajo. Sale en mayo y en junio vuelve a caer. Cuando lo veo y le pregunto qué paso, me dice: «Usted tiene razón, pero sabe qué... yo repartí los currículums, esperé en mi casa, intenté todo y a los diez días se me aparece el narco (del barrio) y me puso cinco mil pesos sobre la mesa para que le cuide los búnkers que maneja. Y yo los agarré». Esa historia muestra que la sociedad tampoco ofrece alternativas".

En su mirada, el Estado debiera asegurarles un trabajo a los chicos que salen del Irar, porque se los devuelve al mismo lugar, con los mismos riesgos conocidos. "Darme cuenta de eso me impactó y me dio mucha impotencia. Nunca avalé lo que este chico me contaba, pero puedo entender por qué la educación choca con la realidad, no alcanza sola".

Preocupaciones actuales

Carlos Cárdenas dice que ama lo que hace pero cree que hablar de "vocación docente" es siempre un problema: se pone en duda el derecho a un salario digno y el trabajo no tiene nunca horarios. "Una vez mi hijo me reprochó que le dedicaba más tiempo a mis alumnos que a él. Y tenía razón. Pero eso es algo que se hace de manera inconciente".

La charla transcurre sobre una interpelación a los reclamos de mayor seguridad: "¿Apostamos a la represión o apostamos a la educación?". También por la preocupación de saber que cada vez más chicos piden asistir a los comedores escolares, y no queda al margen la referencia al abandono de políticas inclusivas por parte del gobierno nacional, como el plan de lectura:"Me duele, porque gracias al gobierno anterior (nacional) pinté mi escuela, compramos muebles y mis alumnos tienen libros. Hoy ya no llegan. Eso marca el sentido que se le quiere dar a la educación y te da la pauta de lo que se viene".

Carlos se abraza al reconocimiento que le llegó de parte del Estado provincial, a instancia de sus compañeros de enseñanza. Repara que es una manera de poner a la educación en un primer plano. Y para el final regala esta apreciación: "Cuando estás mal, te sentís solo en este trabajo y te dan ganas de patear todo, siempre son los alumnos quienes te salvan".


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