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Domingo 26 de Abril de 2015

Se me parte la cabeza

Según una investigación reciente al 83,3% de los argentinos le dolió la cabeza en el último año. Los estigmas que soportan los pacientes con jaqueca. Por qué es importante que exista una ley que los ampare

“No es normal que a uno le duela la cabeza”, afirma María de Lourdes Figuerola, médica neuróloga. Sin embargo, según los datos de la primera campaña epidemiológica de cefaleas (que se difundieron esta semana), al 83,3% de los argentinos le dolió la cabeza en el último año.
  Figuerola está a cargo de una campaña impulsada por el servicio de neurología del Hospital de Clínicas de Buenos Aires que incluyó una encuesta a más de 2.000 individuos. En diálogo con Más, la especialista compartió datos reveladores sobre esta dolencia tan común pero no por ello menos importante debido a su impacto individual, familiar, laboral y de relaciones sociales.
    Entre los indicadores surgidos de la investigación se destaca que un 92 % de los encuestados afirmó haber experimentado dolor de cabeza en algún momento de su vida; un 94,8 % faltó entre 1 a 5 veces al trabajo por esta causa en los últimos 12 meses y un 71, 8% confesó que el dolor que experimenta al sufrir cefaleas afecta su calidad de vida.
  “A pesar de que un número muy alto de personas padece dolores de cabeza sólo un 38,5% realiza una consulta con un médico”, agregó la profesional.
    De los pocos que llegan al consultorio, el 57,8% consulta a un clínico, un 32,2% a un neurólogo y un 10% a otros especialistas.
  Esto demuestra que “manejar” el dolor de cabeza por cuenta propia es uno de los recursos más utilizados entre quienes conviven con este malestar. De hecho, el estudio epidemiológico profundizó este aspecto: “Encontramos que tomaron medicación por su cuenta pacientes que no consultaron al médico pero también el 27,9% de los que sí consultaron”, agregó la neuróloga.
  La naturalización del problema es peligrosa. Para Lorenzo Gardella, médico neurólogo que dirige el sector de cefaleas del Sanatorio Parque, hay tres causas por las cuales la gente relativiza los dolores de cabeza: “De esto no te morís, no te genera una discapacidad permanente y no es contagioso”.
  El "autotratamiento" tiene sus riesgos.  
     En la mayoría de los casos la persona no encuentra solución alguna, es más, hasta puede empeorar la situación ya que hay descriptos dolores de cabeza que se producen justamente por el consumo de analgésicos sin ningún tipo de control.
 “La automedicación o la falta de supervisión médica son frecuentes. Hay personas que soportan los dolores sin necesidad porque con una terapia apropiada podrían estar muy bien; otros recurren a fármacos que compran y consumen por su cuenta —particularmente la ergotamina (nombre comercial Migral)— que puede tener efectos secundarios indeseables como un aumento de la presión sanguínea o un impacto negativo en el sistema digestivo. Unos y otros empeoran su calidad de vida”, ejemplifica Gardella.

Clasificación
    
Los dolores de cabeza varían en intensidad, ubicación y frecuencia. La segunda etapa de la campaña que ya lanzó el Hospital de Clínicas tiene como objetivo avanzar en la compilación de datos que permitan diferenciar los diversos tipos de cefaleas a la hora de acudir a la consulta médica.
  Dolor de cabeza y cefalea son sinónimos. Dentro de las cefaleas están la tensional, la hormonal (en las mujeres) y la cefalea en racimos (a la que cada vez se le da más importancia por sus características peculiares y porque tiene además un tratamiento muy puntual). Otro grupo significativo es el de las migrañas.
   Cefalea tensional: se siente tensión o presión en ambos lados de la cabeza o en la parte posterior del cuello. Las personas que la sufren describen que sienten como una vincha o banda que ajusta alrededor de la cabeza. Este tipo de dolor está asociado al estrés, las contracturas musculares y las malas posiciones corporales. Suele afectar a personas que no hacen actividad física o la realizan en forma inadecuada.
 Cefalea hormonal o menstrual: es típica del período menstrual. Suele ser intensa y obligar a la persona a recostarse y tomar medicación para suavizar el malestar.
 Cefalea en racimos o cefalea de Horton: afecta particularmente a hombres. Se caracteriza por un dolor unilateral, de gran intensidad, que se acompaña de síntomas muy específicos como el lagrimeo de un ojo, agua en la nariz, inflamación del párpado y enrojecimiento de la zona alrededor del ojo. El dolor puede despertar a la persona durante la noche. Comienza con una intensidad elevada y se va muchas veces sin necesidad de medicación u otras medidas. Un novedoso tratamiento para este tipo de cefalea es aspirar durante algunos minutos oxígeno, práctica que debe ser supervisada pro un médico.
 Migrañas: ciertos cambios a nivel cerebrovascular ocasionan este tipo de dolor que además suele estar ligado a la herencia familiar. La intensidad de las migrañas es variable. El dolor fuerte puede durar desde horas a días. Se focaliza en un solo costado y puede expandirse a toda la cabeza. Hay personas con migraña que además tienen lo que se conoce como “aura”: sienten el dolor y a la vez observan manchas o líneas. Quienes sufren de migrañas suelen tener además hipersensibilidad a la luz, los sonidos, náuseas y vómitos.
  La neuróloga María de Lourdes Figuerola destaca que uno de los fines del estudio epidemiológico que están llevado a cabo —el primero en Latinoamérica en su tipo— es concientizar a la población general, a los médicos, obras sociales, empresas de medicina prepaga y a las entidades de salud pública sobre el impacto que tiene a nivel personal y social el dolor de cabeza. Además, están buscando que se lo considere como enfermedad, lo que se concretaría por medio de una ley que otorgue al paciente todos los beneficios correspondientes en la cobertura en cuanto a atención, medicación y tratamientos. “Hay un proyecto de ley presentado por la senadora Marta Borello que busca la inclusión de esta patología como enfermedad crónica. Esta ley permitiría que los pacientes tengan a su alcance la atención médica necesaria y la cobertura del 70% de los medicamentos. El proyecto cuenta ya con la aprobación del Senado y aguarda tratamiento en la Cámara de Diputados para convertirse en ley”, explicó la médica.
  “Cuando hacemos un diagnóstico de migraña no estamos hablando de un problema que tenga una solución específica y para siempre. Hablamos de un problema crónico de aparición episódica. Que alguien no tenga dolor de cabeza no quiere decir que no lo va a volver a tener”, enfatiza.
 “Decimos que es un problema crónico cuando se soporta el dolor más de 10 días por mes, o día por medio”, explica Figuerola.

Estigmas

   La campaña epdiemiológica sobre cefaleas también está orientada a que la población general tenga más conciencia sobre qué significa vivir con dolor de cabeza. “El paciente que lo sufre suele ser estigmatizado. A nivel familiar y en el ámbito laboral no es raro que se crea que quien tiene esta enfermedad se está mandando la parte, exagera o miente”, explica la neuróloga.
  Lorenzo Gardella agrega: “Que no te crean, que te digan que lo tuyo no es nada, que piensen que sos un vago porque no podés ir a trabajar como consecuencia del dolor de cabeza agrava el dolor de cabeza”.
  La imposibilidad de cuantificar la dolencia y el hecho de que no haya estudios específicos que lo diagnostiquen juega a favor de los que creen que el dolor de cabeza es una fantasía. “Tuve que faltar al trabajo un mes porque estaba probando un tratamiento distinto para mis dolores de cabeza crónicos y el médico de la empresa me dijo «¿y yo cómo sé que te duele?»”, cuenta Mariana, quien ya probó todo lo que existe para intentar pilotear el malestar que esos dolores le generan desde hace años.
  Gardella comenta que “es un ejemplo típico y los pacientes lo relatan todo el tiempo en el consultorio con mucha angustia. A veces la propia familia, el marido o los hijos le dicen a la mujer que la corte con el tema del dolor de cabeza, y eso profundiza ciertos cuadros anímicos. Si bien es cierto que la migraña o la cefalea no se pueden identificar con un estudio ni de sangre ni de imágenes, les aseguro que un médico especializado sabe perfectamente en una entrevista y examen clínico si la persona tiene o no tiene el dolor de cabeza al que hace referencia”.
  “Sí, hay criterios de diagnóstico muy bien definidos”, agrega Figuerola.
  La médica comenta que “es una cuestión de ignorancia que se minimice el problema, por eso la ley que necesitamos que se apruebe fomenta que se hagan campañas de concientización. Hay un desprecio hacia el paciente con migrañas, no se jerarquiza ni se ve el problema como una enfermedad que genera mucha discapacidad temporaria. Cuando alguien está en crisis no puede hacer nada de nada. En este aspecto estamos a años luz de otros países. Cuando se formó la Alianza Mundial contra el Dolor de Cabeza en 1999 de inmediato armamos en la Argentina el Cefaclub, que fue el primer grupo de autoayuda en Latinoamérica en un hospital público. Fue muy importante porque allí la gente comenzó a compartir la tristeza e impotencia que muchas veces su enfermedad les genera y en esa comunión hallaron alivio”.
  En Europa del norte, por ejemplo, hace ya veinte años que funcionan organizaciones de pacientes que trabajan en la concientización de los jefes, de los dueños de las empresas y de las familias.
  “En Italia, en algunas regiones autónomas como Lombardía tienen desde 2004 una ley de invalidez civil para personas que sufren dolores de cabeza. No los pueden echar por esta causa y no les dan tareas en lugares ruidosos con luz artificial o con atención al público”, menciona Figuerola.
  Definitivamente el dolor de cabeza puede ser invalidante. “Hay personas que lo sufren todo el tiempo, las 24 horas y durante los 365 días del año”, coinciden los médicos consultados.
  “Durante una crisis, en el momento agudo, pueden aparecer náuseas, vómitos, intolerancia a la luz y a los ruidos, la persona necesita acostarse, estar en silencio, no puede ni moverse, y les aseguro que no exageran”, enfatiza Gardella.
  ¿Hay tratamiento? Sí, responden los médicos. “No es sencillo pero es posible controlar por períodos cada vez más largo las crisis. En nuestro servicio más del 50 por ciento de los pacientes obtiene resultados contundentes. ¿Cómo? Tomando la medicación adecuada en el momento indicado y en las dosis correspondientes, siguiendo una serie de instrucciones y realizando la actividad física correcta para esa persona”, dice Gardella.
 Y comenta que los médicos especialistas recomiendan a menudo la medicina alternativa para ayudar a paliar los síntomas. “Además de la actividad física placentera que genera endorfinas y baja el dolor están funcionando muy bien para ciertos pacientes la acupuntura, la reflexología, y el trabajo con el kinesiólogo”.
  Consejo útil: acudir a la consulta médica en forma precoz, y para los que tienen un problema crónico: seguir el tratamiento indicado por un experto en cefaleas. “La mayoría de los pacientes que llegan a un especialista vienen desesperados, han probado absolutamente todo”, dicen los médicos. La buena noticia es que hay mejores fármacos y cada vez más recursos para lograr una buena calidad de vida.•

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