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Lunes 07 de Abril de 2008

Se hace lo que se puede

No jorobemos. Los informes científicos de esas universidades distantes, en lo geográfico y en lo que a costumbres se refiere, dan tanta risa como los test de la Para Tí o Cosmopolitan. Y ojo que yo me los leo a todos, a los informes y a las revistas. Pero realmente ¿se necesita que vengan estudiosos de Belfast a decirnos que el mañanero es bueno?...

No jorobemos. Los informes científicos de esas universidades distantes, en lo geográfico y en lo que a costumbres se refiere, dan tanta risa como los test de la Para Tí o Cosmpolitan. Y ojo que me los leo a todos, a los informes y a las revistas. Pero, realmente, ¿se necesita que vengan estudiosos de Belfast a decirnos que el mañanero es bueno?

Es más. Aunque estos científicos opinen lo contrario, me animaría a decirles que tanto los siesteros como el sexo a la noche (si digo nocheros me suena a grupo folclórico) están todos buenos por igual, aunque a esas horas -según dicen los sexólogos- se liberen menos endorfinas.

Lo que peor me cayó de este informe que publicó la prestigiosa revista New Scientist fue el carácter curativo que se le dio al encuentro sexual de las primeras horas del día. Patético, ese aspecto no calienta a nadie. ¿O usted alguna vez tuvo sexo al alba pensando que así podría bajar el riesgo cardíaco, mejoraría la circulación, tendría menos migrañas, disminuiría el riesgo de desarrollar diabetes o generaría anticuerpos contra los microbios?

Ni hablar del segmento en que el trabajo señala que hay que echar mano al mañanero tres veces por semana. ¿Qué pavada es esa? Hay que ser, cuanto menos, un desocupado para cumplir con la dosis sugerida y tener una vida más sana.

¿Y el párrafo que señala que las mujeres que practican sexo oral a la mañana tienen menos predisposición a sufrir depresión? ¿Cómo llegaron a la conclusión en esta universidad de Irlanda del Norte? ¿Entrenaron a mujeres con esta estrategia y les recuperaron las ganas de vivir?

Otro estudio, no menos interesante, fue el que realizó la Universidad de Penn State. Podríamos hablar de él como el rescate del fast sex, o el conocido rapidito.

La investigación asegura que un acto sexual “adecuado” dura entre 3 y 7 minutos, y uno “deseable” entre 7 y 13. Que es “demasiado corto” si se realiza de entre uno y dos minutos, y es “demasiado largo” si el lapso va de los 10 a 30 minutos. ¿Qué les pasa a estos muchachos empecinados en cronometrar y clasificar la vida sexual como si se tratara de una carrera de cien metros llanos o un balance contable? Se me ocurre que nadie que mira tanto el reloj mientras tiene sexo la está pasando demasiado bien, ¿no? Pero, además, “adecuado” y “deseable”, ¿no suenan a términos mezquinos o similares a los que se usan para evaluar a los chicos de la primaria en la libreta?

Y por último, el informe sobre la infidelidad, el que más me entretuvo y para mí el mejor. Lo realizó el profesor de psicología de la Universidad de Washington, David P. Barash. El tipo comprobó que la fidelidad es pura fantasía. Para ello analizó a los cisnes, al diplozoon paradoxum (un diminuto parásito con forma de gusano) y a los aucaudoles reales (pájaros). Todos ellos pueden engañar, dice el señor este, que para mí no está en sus cabales.

Un colega de Barash, el doctor Michael Gumert, del Hiram College, estudió dos años a macacos (monos) de cola larga por el mismo tema. Y alguien más observó el adulterio de los babuinos (también monos), las comadrejas y los escarabajos.
Los investigadores concluyeron que todos los animales son infieles y practican el adulterio cuanto pueden, pero que ninguna especie lo aprueba y hasta reaccionan con violencia, como el ser humano, ante la traición.

Todo mi respeto a la ciencia y a los científicos que hicieron estos rigurosos trabajos, pero no debe ser tan difícil concluir que los cuernos no nos gustan ni medio a ninguno. Y que en cuestiones de amores y desamores, no hay ciencia que prime. Se hace lo que se puede.

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