Economía
Domingo 14 de Agosto de 2016

Schorr: la vuelta de la bicicleta

El investigador dijo que la apertura del mercado busca forzar un cambio en la estructura productiva. Ve un panorama negro.

Perdido ya el primer semestre, empiezan a aparecer los pronósticos económicos para el año próximo. Lo que no admite discusión, mirando en retrospectiva, es que la fuerte caída de la producción industrial y del consumo, fueron la cara oscura de la luna en estos primeros siete meses de 2016, al tiempo que se incrementaron las ganancias de los actores más concentrados de la actividad agropecuaria y el sector financiero.

Salvo en nichos muy específicos como la agroindustria, en las fábricas de toda la Argentina bajó la cantidad de horas trabajadas. Por eso, la expectativa entre industriales y obreros pasa por saber qué pasará con la producción fabril en la próxima etapa.

En este escenario, Martín Schorr, doctor en Ciencias Sociales por la UBA, e investigador del Idaes-Ubsam y el Conicet, aportó su mirada sobre la coyuntura. Tras haber cuestionado científicamente el neoliberalismo de los 90, y haber escrito sobre los límites que dejaba el modelo de desarrollo industrial de la última década, hoy Schorr señala que "con un mercado mundial en baja, con Brasil y China exportando sus crisis y el desmantelamiento de ciertos resortes de la actividad industrial local, la perspectiva para los próximos meses es complicada". Sin embargo, advierte que "las pymes y los trabajadores, posiblemente se hagan oír, porque existe un umbral distinto que el que había a comienzos del menemismo, cuando se aplicó una política de apertura comercial y endeudamiento externo".

—¿Cuál es la perspectiva para la industria en el segundo semestre?

—Complicadísima. Por un lado, el desplazamiento que se da en todos los rubros, de producción nacional a importaciones, combinada con una caída del mercado interno -que nada indica que se vaya a solucionar en el corto plazo- que es crítica para las pymes. Y para los sectores más concentrados de la industria, para empresas grandes metalúrgicas, automotrices o incluso de alimentos, el mercado mundial en baja no es buena noticia. Brasil y China están aplicando la estrategia de exportar sus 'crisis', manteniendo así los nivel de actividad en sus países. En este contexto, la apuesta económica del gobierno nacional es un esquema de reprimarización, apertura comercial y retomar el ciclo de endeudamiento. Los primeros efectos han sido el desmantelamiento de ciertos resortes de la actividad industrial y el restablecimiento de la renta financiera, lo que no implica que sólo ganen los bancos, sino que toda actividad productiva con excedente, va hacia lo que se llamó históricamente la bicicleta.

—El gobierno defendió la apertura de importaciones como política antiinflacionaria. Sin embargo, la industria y el empleo se vieron afectados y los precios siguieron subiendo. ¿Por qué?

—Creo que la apertura no está vinculada con el tema precios, sino con la estructura productiva. Con un modelo que prioriza sobre todo la exportación de materias primas. Pero hay que tener en cuenta que las ventajas comparativas que le permiten a la Argentina exportar granos no van a traer dólares como para tirar 'manteca al techo' como en la primera época del kirchnerismo, porque los términos del intercambio global hoy no son los mismos. Y en cuanto al comportamiento de la inflación, como la suba de tarifas y la devaluación impactaron en el poder adquisitivo, el mercado está deprimido. Entonces hoy, si no hacen promociones y rebajas, no compra nadie. Fue la caída de la demanda lo que atemperó la suba de precios, no el ingreso de productos importados a menor costo. Porque de hecho, los empresarios no trasladan esa diferencia al producto final, sino que buscan más rentabilidad, es su lógica.

—Durante la última década publicó varios trabajos en los que manifestó que se había crecido, pero la industria era débil ¿Qué piensa hoy?

—Por empezar, prefiero poner el acento en cuestionar lo que está pasando en el presente. Pero convocado a analizar lo que pasó, la crítica que yo hice durante el kirchnerismo fue que la reindustrialización no desarrolló una política de sustitución de importaciones más integral. Sí se recrearon espacios de acumulación alrededor de una burguesía nacional, pero ésta nunca acudió a esa cita histórica, por diferentes motivos. El empresario es burgués y eso no es una ideologización, es objetivo, su pretensión es ganar dinero. El rol de la política pública es integrar ese interés con el del Estado. Acá se hizo, pero con particularidades que terminaron funcionando mal. Mi impresión es que una idea que atravesó la etapa kirchnerista fue el hecho de que al ser burguesía nacional, por sí aportaba al desarrollo del país, cuando en realidad si no la orientás con una política de largo plazo, no trabaja más que por su propio crecimiento. Creó empleo, amplió el mercado interno, se recuperaron capitales nacionales, pero faltó una perspectiva que la consolide en el tiempo.

Volviendo al segundo semestre ¿Qué puede pasar de acá en más?

A nivel social, tenemos un escenario distinto del de los 90. Entonces se venía de la hiperinflación y la sociedad aceptaba cualquier cosa. Hoy, aún con todas las dificultades y cosas que no se hicieron correctamente, los trabajadores tienen otro umbral, con derechos adquiridos que no se resignarán tan fácil como seguro lo pretenden los sectores del establishment. Y en cuando a los industriales, si el mercado interno sigue planchado el mundo pyme, que aunque no tenga mucho voto en la UIA, tiene enorme peso y representatividad territorial, se va a hacer oír más fuerte.


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