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Domingo 06 de Noviembre de 2016

"Santa Fe tiene casi la mitad de las especies de aves del país"

El ornitólogo Martín de la Peña defiende el capital natural de la provincia, una enorme biodiversidad de flora y fauna, y alerta por el creciente nivel de destrucción del ambiente local.


A veces, desde cerca no se ve. Algo de eso pasa con la naturaleza de Santa Fe, una provincia que (por suerte) no es sólo "productiva" en los términos económicos clásicos y que tiene mucho para ofrecer a sus habitantes, los que muchas veces desconocen aquello que los rodea y que a la hora de buscar destinos para pasear o maravillarse al aire libre enfilan hacia montañas, mares o desiertos.

Y si bien no hay grandes cumbres ni olas marinas en esta zona, la provincia posee paisajes envidiables que albergan una enorme biodiversidad de flora y de fauna, expresada por ejemplo en la cantidad de aves que pueblan sus zonas de islas, montes, bosque y humedales.

Desde hace años, el médico veterinario Martín de la Peña —especialista en aves y reconocido a nivel internacional por su trabajo— milita la causa de la defensa de la naturaleza santafesina a fuerza de visitas a escuelas, pueblos, proyecciones de documentales y escritura de libros, siempre retratando su gran pasión: los pájaros de esta zona del país.

De la Peña nació en San Justo pero reside en Esperanza, donde la reserva natural de la Facultad de Agricultura de la Universidad Nacional del Litoral lleva su nombre en homenaje a su compromiso, trabajo y dedicación.

A fines del año pasado presentó su libro Aves argentinas, la guía nacional más actualizada sobre el tema, con datos sobre mil especies de aves y verdadera biblia para los amantes de estos animales.

Hace pocos días, Más pudo conversar con él en otro lugar privilegiado de la región: Añapiré, un sistema de lagunas ubicado 50 kilómetros al norte de la capital provincial donde cada invierno llegan miles de flamencos rosados desde los Andes buscando comida y refugio.

—¿Cuál fue su recorrido profesional respecto al estudio de las aves?

—Durante muchísimos años me dediqué a mi profesión, al estudio de las aves silvestres y a la conservación de la naturaleza. Siempre hice hincapié en la educación. Con ese objetivo armé películas y videos y recorrí muchos pueblos y escuelas tratando de inculcar el amor a la naturaleza, pensando desde siempre que no podemos cuidar lo que no conocemos. Con ese criterio anduve por toda la provincia dando charlas y enseñando a los más chicos, y sintiéndome conforme con que me quedara un alumno que siga defendiendo a la naturaleza.

—¿Le parece que ha crecido el grado de conciencia ambiental?

—Creo que hay más conciencia ahora, hay gente que se interesa más, sobre todo mucha gente joven a la que le gustan los pájaros, y los chicos también se interesan y saben mucho. Pero también veo que la educación es muy lenta comparada con la destrucción que hace el hombre, veo que es más rápida la destrucción. Si no nos apuramos nos vamos a quedar sin monte, sin pastizales y sin lagunas, porque la destrucción va muy rápido. Tengo una anécdota: en Esperanza hay una reserva natural que está en la escuela granja donde yo siempre iba a mirar pájaros, en esa reserva de la cual soy el creador un día entré y estuve dos horas recorriéndola. Cuando salí no estaba más el algarrobo que estaba en la entrada, o sea que pasó alguien con una motosierra y en menos de dos horas se llevó un algarrobo que a lo mejor tenía cien años. Entonces lamentablemente a esa velocidad avanza la destrucción.

—¿Es cierto que Juan de Garay pasó por este sitio, Añapiré, lugar de los flamencos rosados?

—Cuentan que por acá pasó cuando fue desde Cayastá hasta Santa Fe. Es un lugar que conozco desde hace 50 años... yo tenía amigos que tenían campos acá cerca y como yo venía a ver pájaros entonces recorrí mucho este lugar. Tengo que decir que en aquella época había más variedades de pájaros y ahora ya no tanto, fueron disminuyendo por varios motivos como la caza, la destrucción del ambiente y la recolección de huevos, todo eso influye. Hoy veo menos patos y menos cisnes de cuello negro, por ejemplo.

—¿Cree que en Santa Fe tenemos conciencia del valor de nuestra propia naturaleza?

—Creo que no se conoce lo que tenemos acá. El santafesino medio no conoce mucho y y eso que tenemos una cantidad importantísima de lugares especiales. Por ejemplo, la provincia tiene 400 especies de aves... ¡Eso es muchísimo! Es casi la mitad de la cantidad de especies de aves que hay en la Argentina. Pero de esas 400 a lo mejor la gente conoce diez o quince y del resto no tiene ni idea. Si van al campo, al monte y a las lagunas y prestan atención van a empezar a ver la variedad que tenemos. Hay muchas aves diferentes en la provincia; tenemos por ejemplo el ambiente de islas, que no está en otro lugar y que es algo privilegiado y único que tiene su propia fauna. Además de montes muy lindos y altos en el norte, tipo chaqueño, con partes medio selváticas que son muy interesantes. Y después tenemos muchísimas lagunas y esteros. Santa Fe tiene cualquier cantidad de lagunas y esteros con aves acuáticas de todo tipo en todos lados, pero la gente en general no conoce todo eso.

—¿El Estado se ocupa de cuidar esa biodiversidad?

—Me parece que el Estado podría hacer muchísimo más de lo que hace, por ejemplo cuidar bien las reservas, buscar posibles áreas de conservación y para la observación y reglamentar el funcionamiento de esas áreas. También hacer más educación a nivel de los ministerios para que los chicos sepan cuidar los lugares. Porque esos chicos que ahora tienen 8 o 10 años son los que van a seguir viviendo acá, y en 15 o 30 años ¿con qué se van a encontrar? ¿Con la mitad de las cosas que nosotros tenemos ahora? Entonces creo que ahí hay que insistir más, enseñarles más a los maestros, darles cursos para que enseñen en las escuelas. Sé que en muchos pueblos y lugares hay costumbres como la caza que están muy arraigadas, sea con trampera o rifle, pero eso, que es algo ya cultural, hay que tratar de revertirlo con más y mejor educación.

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