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Martes 22 de Noviembre de 2016

Santa Fe apunta a reforestar con un anteproyecto de "ley del árbol"

La norma se basa en un informe según el cual, desde 1935, se perdieron 4,5 millones de hectáreas de bosques provinciales.

En las primeras décadas del siglo XX, cuando Santa Fe estaba lejos de ser territorio de monocultivo de soja, la provincia contaba con casi seis millones de hectáreas de bosques nativos, según se reseña en el Inventario Forestal Nacional de 1935.

Setenta años después sólo quedaban en pie la cuarta parte de esa superficie original (alrededor de 1,5 millón de hectáreas), según el relevamiento realizado en 2008 a raíz de la adhesión a la ley nacional de presupuestos mínimos de bosque nativo.

Sobre la base de ese crudo diagnóstico del estado de la vegetación nativa provincial, el Ministerio de Medio Ambiente de Santa Fe preparó y presentó, durante las primeras semanas de noviembre en cada uno de los nodos, un anteproyecto de ley denominado "ley del árbol", que apunta a poder mitigar los efectos locales del cambio climático gracias a un fuerte proceso de reforestación.

En primer lugar, la ley declara al árbol de interés público y promueve la implantación de nuevos ejemplares en espacios públicos y privados, además de establecer y ampliar los corredores biológicos, crear un registro de árboles distinguidos y llevar a cabo un censo a nivel provincial de todo el material arbóreo.

También establece mínimos porcentajes a forestar por parte de los privados, entendiendo que los desafíos que implica el calentamiento global deben ser asumidos por todos.

Teniendo en cuenta que la aplicación de esta norma significará una mayor demanda de árboles, se prevé una política más activa con los viveros públicos y privados a través de la creación de una red de viveros provinciales que puedan garantizar la oferta de especies requeridas.

Nueva mirada."La agricultura y la ganadería también dependen de sistemas boscosos como los que teníamos en Santa Fe. Hasta hace poco, la agricultura pensaba que podía utilizar todos los recursos y no pasaba nada, pero la realidad muestra que no es así y que hay una interdependencia fundamental entre la agricultura y la presencia de esos bosques nativos", señaló Claudia Alzugaray, docente de la facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Rosario (UNR).

Este proyecto de ley busca recomponer la flora regional a través de la creación de reservorios forestales de manera gradual y sostenida en todo el territorio provincial, tanto en el ámbito público como privado.

"Avanzamos hacia un cambio de paradigma acerca de cómo el Estado provincial enfrenta la crisis ambiental; queremos un estado activo para prevenir y mitigar los efectos nocivos del cambio climático y apostamos a un buen vivir que haga posible la protección de la naturaleza y la convivencia entre los seres humanos", señalaron desde esa cartera.

Espacios forestados y aportes. Según Jacinto Speranza, ministro de Medio Ambiente santafesino, esta iniciativa tiene como objetivo "que cada municipio y cada campo privado pueda tener su espacio forestado. Para eso hemos convocado a intendentes y presidentes de comuna para que puedan realizar aportes".

Por su parte el secretario de Medio Ambiente, César Mackler, especificó que el anteproyecto "contempla la creación de un fondo santafesino de arbolado para poder asistir y dar cumplimiento a los objetivos de la ley, con incentivos de desgravaciones impositivas para quienes aporten a la forestación y hayan generado una masa arbórea superior a la establecida en la normativa".

Grandes aliados

La pérdida de bosques nativos implica una serie de efectos adversos para los seres humanos y su entorno que van desde una menor presencia de especies de aves e insectos en la zona, hasta serias pérdidas de captación de dióxido de carbono, de calidad del suelo para las cosechas y de sombra del ganado. Los bosques, además de aportar belleza al paisaje, funcionan como purificadores del aire y moderadores de temperaturas, dan sombra y oxígeno aún en ambientes hostiles como las ciudades. Son albergues para la fauna, absorben ruidos, constituyen barreras para vientos y funcionan como sitios amables para pájaros e insectos, y son vitales para que la producción funcione sustentablemente.

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