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Domingo 03 de Noviembre de 2013

Salud y futuro para todos y todas

Hay una parte de la política argentina que ejerce el poder como si fuera descendiente del rey Luis XIV: el Estado, el poder, soy yo, parece que repiten convencidos como hacía el monarca.

Hay una parte de la política argentina que ejerce el poder como si fuera descendiente del rey Luis XIV: el Estado, el poder, soy yo, parece que repiten convencidos como hacía el monarca. Si no, es imposible entender la resistencia de muchos en dar a conocer el estado de salud de un presidente de manera concreta y científica o la convicción de otros de considerarse como tribunal de última apelación y más ante una sentencia de la Corte Nacional de Justicia que no coincide con sus opiniones. Y ésos son apenas dos ejemplos de los últimos días.

A 30 años de haber recuperado la democracia habrá que anotar como una severa imperfección del sistema lo poco que ha calado en los protagonistas políticos el recordar que son servidores públicos y no los dueños del poder, que son mandatarios y no mandantes del pueblo.

La evolución del estado de salud de la presidente Kirchner ha sido informada de manera escasa y penosa. Por lo primero, nadie creyó que debía ponerse colorado si entregaba un escrito en el que se confirmaba que la paciente ingería puré de calabazas o veía películas con su familia. Además, jamás se escuchó la voz de algunos de los profesionales que la asistieron, ni de la unidad médica presidencial ni, mucho menos, se accedió a algún parámetro de diagnóstico específico que probase lo poco que se decía. Vale la pena aclarar por las dudas que aquí no se trata de invadir el legítimo derecho a la intimidad que tiene la ciudadana Cristina Fernández. Ese derecho, sin embargo, se contrapesa con la obligación del funcionario titular del máximo cargo público de dar cuenta de su estado físico a la hora de gobernar y, sin dudas, cuenta más que el primero de los aspectos por ser de interés nacional.

Nuestra república es híper presidencialista y el 54 por ciento de los votos avaló expresamente a quien hoy conduce el poder ejecutivo. Saber del estado de salud de su líder es apenas una consecuencia de ese “cristinocentrismo” tan presente siempre desde atriles o en auto referencias personales. Tampoco se pide demasiado. ¿No alcanza el buen ejemplo republicano de San Juan en donde todos los días profesionales de la salud comentan la evolución y se someten a las preguntas de los periodistas? Allí se evitan las especulaciones que se producen en la Capital Federal. Algunas, las menos por fortuna, malsanas y despreciables por lo necrófilas. Otras, de puro análisis político. Por pensar en borrador: ¿Cuenta con credibilidad el vicepresidente en ejercicio para tomar medidas contra la inflación o para desdoblar el mercado cambiario? Porque la legitimidad de origen institucional que le da derecho a firmar en nombre de la Presidente es indiscutida pero no le alcanza para heredar la confianza popular de su compañera de fórmula.

El secretario de medios que entrega un escueto comunicado escrito esperando el aplauso de algún fanático cuando se lee que la presidente se recupera no cumple con la obligación de un gobierno republicano que debe dar cuenta de los actos y la marcha de un gobierno.

Apelación extraordinaria. Del otro lado, el fallo de la Suprema Corte en materia de ley de comunicación, desnudó otro modo de irrespeto por las formas constitucionales. La norma de medios (que este cronista criticó y mucho durante su proceso de sanción) fue consagrada por mayorías en el Congreso y ratificada totalmente por la el máximo tribunal. No cabe preguntarse como hacen algunos si puede aplicarse. Debe aplicarse, si no se quiere desobedecer a las reglas del juego de la república.
No es admisible que la siempre cautivante por su inteligencia Elisa Carrió invoque a Santo Tomás o a Ghandi para “pasar a la resistencia” porque simplemente no gusta de lo sancionado. Y no está sola en esa cruzada ¿Hay un pacto espurio entre el Ricardo Lorenzetti, Cármen Argibay y el resto de los jueces con la presidente?, se preguntan para no cumplir con la ley ¿Cuál Lorenzetti y Argibay? ¿Los mismos elogiados hasta el paroxismo por la diputada cuando evitaron la re reelección del gobernador Zamora o anuló la facciosa reforma judicial? Es cierto que a la inversa Cristina Kirchner demonizó desde su atril a los jueces supremos cuando frenaron sus proyectos y ahora sus seguidores proponen estampitas para los jueces de la Corte. En este caso, y sólo aquí, las dos mujeres parecen usar para ver la realidad política el mismo cristal que un rey francés ya citado.

Tampoco es procedente ahora invocar la poca transparencia de la autoridad de comunicaciones AFSCA como pretende el socialismo, Pino Solanas y otros para desmarcarse en el conflicto del gobierno o Clarín. ¿Recién en estos días se enteraron que el kirchnerismo no es amante de la ecuanimidad y no cuando levantaron la mano apoyando esta ley, la de estatizaciones de las AFJP, Aerolíneas o YPF? Eso es lentitud de reflejos más próximo a la incompetencia o pretensión de lavado de manos para no quedar expuestos negro sobre blanco.

2015 para todos. Los comicios de hace apenas una semana detonaron las campañas para las renovaciones de ejecutivos que operarán en 24 meses. Y no sólo se habla de los presidenciables. Carlos Reutemann hace mucho más que aparecer en algunas fotos estratégicas con Sergio Massa. Dejó caer el nombre de Horacio Rosatti en una mesa con dirigentes del Frente Renovador para pensarlo como candidato a gobernador de Santa Fe. Mario Barletta debería estar muy atento a sus correligionarios porque también desde Santa Fe hay pasaporte listo de unos cuantos para migrar a las filas del intendente de Tigre. No sería descabellado pensar en un radical que fue por fuera del Frente como candidato massista a alcalde de Rosario. Miguel del Sel deberá demostrar que no fue un postulante testimonial. Está claro que asumirá como diputado pero debería dejar de decir que prefiere los cargos ejecutivos ya que una cuarta parte de los santafesinos lo votó como legislador. Ése es el trabajo que debe demostrar saber hacer. Por fin Hermes Binner, validado de manera indiscutible y contundente en las urnas, tiene el compromiso de fortalecer el Frente Progresista en la superpoblada provincia de Buenos Aires. Eso sólo lo hace el que aspira a ser Presidente y sabe que con el 10 por ciento cosechado en ese territorio el 27 de octubre no tiene ni para arrancar. No quiere volver a ser gobernador. Ya lo dijo. Para ese cargo, su favorito parece ser un ex periodista que hoy juega en el gabinete de Antonio Bonfatti. Miguel Lifschitz lo sabe y no reboza de alegría, precisamente.

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