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Domingo 19 de Junio de 2016

Saltando sin red en años turbulentos

El sello local Blue Art editó por primera vez en CD el único álbum de Síntesis, el mítico trío rosarino de jazz rock liderado por Jorge Migoya. "Escuchábamos de todo, pero tocábamos Síntesis", cuenta el líder de la banda.

El jazz rock alcanzó su cenit a mediados de los años setenta. El estilo, un híbrido que sintetizaba la sofisticación armónica y la complejidad rítmica del jazz con el toque y la sonoridad del rock, privilegiaba la improvisación en largas composiciones que se alejaban de la estructura tradicional de la canción y otorgaban poca —casi nula— participación a la voz humana. Algunos especialistas ubican su punto de partida en In a Silent Way (1969), el disco en el que Miles Davis reformuló su concepto musical sumando a su paleta timbres eléctricos con la colaboración de Herbie Hancock, Chick Corea y John McLaughlin, y en su sucesor, el revolucionario Bitches Brew, de 1970.

En Argentina el primer músico salido de las filas del rock que cruzó la calle hacia el jazz fue, cuándo no, Litto Nebbia, con su álbum Nebbia's Band (1971). Luego se sumaron al mapa Madre Atómica y, casi como desprendimientos del rock sinfónico, Tantor, Alas y Ave Rock. También podrían agregarse a la lista, quizás un tanto forzadamente, algunos momentos de la discografía de Invisible —el trío de Spinetta, Pomo y Machi— que, sin ser una banda de jazz rock neto, trabajaba algunas de sus canciones sobre métricas irregulares y evidenciaba la por entonces incipiente fascinación de Spinetta con la música de John McLaughlin.

El gran momento del jazz rock en el país llegaría con A 18 minutos del sol (1977), de Spinetta, y la posterior consolidación de Spinetta Jade y Serú Girán. La visita a Buenos Aires de Weather Report y John McLaughlin en 1980 confirmó que la fiebre por la fusión estaba instalada. Eran los años en los que, como escribió Sergio Pujol, "Pedro Aznar quería tocar como Jaco Pastorius, Charly García como Chick Corea y Oscar Moro como Billy Cobham. Los guitarristas soñaban con Larry Coryell, Al DiMeola y el mejor de todos: John McLaughlin".

¿Por qué el jazz rock gozó de semejante suceso en Argentina? La primera respuesta tiene que ver con el auge del estilo a nivel mundial, más allá de que en Estados Unidos el furor por la fusión había tocado su pico un par de años atrás. La segunda, más relevante en el plano local, sugiere que, en una época en la que los artistas eran perseguidos por sus opiniones políticas, una música de corte instrumental traía menos problemas. Si los censores escribían sus listas negras considerando la supuesta peligrosidad de las letras de las canciones, la música instrumental ofrecía a los artistas una cuota de tranquilidad al mantener alejada a la policía cultural de la dictadura.

Algunos años antes, en 1973, en Rosario, el guitarrista Jorge Migoya había formado Síntesis junto con Juan Ricci (bajo) y Julio Cusmai (batería). El trío grabó su único álbum en los tormentosos 24 y 25 de marzo de 1976 en Buenos Aires. Un año después, Migoya se radicó en París y Síntesis se disolvió. Con el paso del tiempo, la placa adquirió carácter de mito.

Poco tiempo atrás, el sello local Blue Art la recuperó de ese limbo y lanzó la primera edición en CD, con la remasterización de las cintas originales. Horacio Vargas, fundador y director de Blue Art, cuenta los motivos detrás del rescate: "Decidí editarlo, primero, por una cuestión personal. Fue uno de los discos de rock progresivo que dejó huellas en la juventud de mi generación, a fines de los setenta. El deseo de editar el disco, que estaba descatalogado desde hacía muchísimos años, se agigantó cuando encontramos las cintas originales en España. Una vez que ubicamos las cintas, fue solo cuestión de tiempo. Remasterizamos las cintas y cerramos la edición con un bonus track y fotos inéditas. Me parece que es un disco que, a cuarenta años de su publicación, conserva un toque fresco, innovador. Sólo los buenos discos sobreviven al paso del tiempo".

En las notas que acompañan la flamante edición en CD, Migoya, que vive en París desde hace treinta y cinco años, afirma que escuchar la música de Síntesis en la actualidad lo transporta al nacimiento de un grupo de barrio. Ese barrio en el que vivían los integrantes del trío es el rectángulo que delimitan Ovidio Lagos, 27 de Febrero, Crespo y La Paz.

Migoya y Ricci pasaban tardes enteras escuchando discos en un Winco al que conectaban a un equipo de bajo para lograr un mejor sonido. ¿Qué escuchaban? Responde Migoya: "Aquelarre, Color Humano, Spinetta y sus bandas, pero también mucho rock inglés, y todo lo que había sonado en Woodstock, Ten Years After, Santana, Sly and the Family Stone, Tina Turner, Joe Cocker. Particularmente, tuve y tengo aún un gran respeto por Frank Zappa. Su música me abrió la cabeza porque él era, además, un músico totalmente enterado de la realidad política de su país. Años más tarde tuve dos oportunidades de verlo en París, y sus shows me han inspirado mucho sobre lo que es el trabajo del músico y la relación con el público".

Los ensayos de Síntesis se realizaban en la casa de Migoya, quien, para resumir su espíritu obsesivo y detallista, confiesa que, en aquel entonces, "estaba reloco. Pasaba horas y horas ensayando, yo era quien componía los temas y escribía todo, hasta los ritmos en el hit-hat, el bombo y, también, el bajo y la guitarra. Esa era la base de los temas, pero después cada uno aportaba su capacidad de improvisación y tratábamos entre los tres de crear un sonido de grupo".

Síntesis ofreció sus primeros recitales en una pequeña sala llamada Sala de Bolsillo, ubicada en San Lorenzo entre Sarmiento y San Martín. El trío también actuó en la Biblioteca Argentina y en el auditorio de la Facultad de Ingeniería. Según recuerda Migoya, el entusiasmo del público llevó al grupo a presentarse en salas cada vez más grandes, hasta llegar al Auditorio Fundación: "En esa época, todo estaba por hacerse. Sala de Bolsillo era un lugar pequeño, entraban unas sesenta personas y el público afluía con interés. De a poco comenzamos a tener una cierta notoriedad y tocamos en espacios más importantes. Eran los tiempos de Amader (Ateneo de Músicos Amigos de Rosario), que montaba conciertos en los que se compartían equipos, sonido y teatros. Pero Síntesis nunca tocó en Amader. Después apareció lo que luego sería la Trova rosarina. Al poco tiempo yo me fui a Francia, en el 78".

Que Síntesis fuera un grupo instrumental nunca estuvo en duda. Migoya cuenta que, en el seno del trío, el asunto nunca se discutió porque, además de que ninguno de los tres integrantes cantaba, él nunca tuvo interés por plantarse frente a un micrófono: "Yo me aprovechaba de Síntesis para poner en práctica mis estudios en la universidad. Y como ninguno de nosotros cantaba, el problema estaba solucionado. Nunca estuve muy interesado en cantar, para mí la música es un medio de expresión muy fuerte. En algún lado leí que la música asciende al cerebro de manera más profunda que una canción, ya que las palabras limitan en su propio contenido. Creo que hay algo de cierto en eso, la palabra te está diciendo adónde tenés que ir. La música... De cualquier manera, hace unos años, en 2011, hice un disco cantado, Aquí me pongo a cantar, también editado por Blue Art. Fue un divertimento que me gustó mucho hacer".

En el disco —además del trío de Migoya, Ricci y Cusmai— hay violín, flauta, saxos y clarinete. Considerando que las agrupaciones emblemáticas del jazz rock daban un lugar preponderante a los teclados —el favorito de la época era, sin lugar a discusiones, el Fender Rhodes—, llama la atención que las teclas brillen por su ausencia. Migoya explica que no se trató de una decisión estética: "No fue deliberado, sólo se dio así. Yo siempre estuve interesado en escribir para vientos o cuerdas, y un piano o teclado no era forzosamente necesario. Agrego un dato insólito: en aquel momento alguien me habló de un pibe que tocaba el piano y me sugirió conocerlo porque quizás podría sumarse al grupo. Tiempo más tarde, cuando me fui, me enteré de que ese pibe era Fito Páez".

A pesar de su renuencia a las clasificaciones y a enumerar influencias, Migoya sí tiende un puente entre la música de Síntesis y el trabajo que Rodolfo Alchourrón había realizado junto a su grupo Sanata y Clarificación, y que quedó plasmado en dos álbumes fundamentales en la historia del jazz argentino, Sanata y clarificación vol. 1 y vol. 2 (1972 y 1974). De hecho, los invitados que participaron de la grabación del álbum de Síntesis, aparecen de la mano de Alchourrón: "En esa época, sólo había un grupo en Buenos Aires que hacía música propiamente dicha, era el que lideraba Rodolfo Alchourrón. Justamente, fueron varios de sus integrantes quienes formaron parte de Síntesis en Buenos Aires. En esa misma época conocí personalmente a Alchourrón y quedé en contacto con él durante un tiempo. Todos los otros grupos del momento hacían canciones, nosotros no. Teníamos otros horizontes", recuerda Migoya.

Si bien el disco de Síntesis es clasificado como un álbum de jazz rock, el componente rockero —en cuanto a instrumentación, sonido y concepto rítmico— parece pesar más que el jazzero. Y hay, también, aunque un tanto escondidos, algunos arranques bluseros. De cualquier manera, Migoya prefiere eludir las definiciones: "Definir la música de Síntesis es siempre un poco difícil, hay quienes escuchan cosas de King Crimson, otros escuchan cosas bluseras y a eso podés añadir rock, jazz y todas otras tendencias. No sé. Yo nunca me preocupé por saber qué tipo de música hago. Yo hago música y dejo a los demás la tarea de definirla. Nunca tuve una banda como referente. Además, los tres integrantes de Síntesis escuchábamos cosas diferentes. Lo que nos unía era la música que hacíamos nosotros mismos. Yo siempre escuché, y sigo escuchando, mucha música clásica, desde Bach hasta Varèse, pasando por Mozart, Beethoven, Stockhausen, Stravinsky y Shostakóvich. Me acuerdo que también escuchábamos a Ron Carter, Herbie Hancock, Keith Jarrett... escuchábamos de todo, pero tocábamos Síntesis".

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