Clásico Copa Santa Fe
Lunes 25 de Julio de 2016

"Sabíamos que querían parar el partido", dijo el presidente de Newell's

Eduardo Bermúdez, confirmó que la barra les avisó que "iba a haber problemas". El inicio del complemento se demoró 20 minutos por disturbios y peleas.

Sería un error tan grande como el mismísimo Coloso hablar de la jornada de ayer sin hacer referencia a los disturbios que se produjeron en el entretiempo y que se extendieron al complemento, que obligaron a que el encuentro se reanude 20 minutos después de lo previsto y que tuviera que detenerse en juego otros cuatro minutos cuando la pelota ya rodaba nuevamente. "Nos habían advertido que iban a parar el partido", disparó el presidente rojinegro Eduardo Bermúdez algunas horas después de finalizado el encuentro. Por eso lo de ayer fue una clara señal de advertencia hacia la comisión directiva, que parece tener una granada en la mano a punto de estallar. También hubo una pulseada en la que los que quisieron protagonismo y finalmente lo tuvieron se impusieron al fuerte operativo de seguridad diagramado para la ocasión. Es que en la popular baja que da espaldas al hipódromo hubo corridas, trompadas, caos y mucho miedo. Y lo peor, hasta hubo un arma de fuego, pese a la desmentida del ministro de seguridad de la provincia, Maximiliano Pullaro. De esta forma, aquel mensaje de paz que la intendenta Fein y los presidentes Bermúdez y Raúl Broglia intentaron bajar durante la semana no tuvo efecto. O estuvo muy lejos de servir para emparchar un problema que parece ser mucho más profundo en la interna rojinegra que existe en la tribuna.

   Apenas finalizado el partido, una alta fuente le contó a Ovación que la dirigencia leprosa había sido víctima de la amenaza sobre que iba a haber problemas durante el partido. Varias horas después fue el propio Bermúdez quien lo confirmó en diálogo con este diario. El mandamás rojinegro señaló que por medio de algunos dirigentes "nos hicieron saber que iban a parar el partido", lo que motivó que se informara a los responsables del operativo de seguridad. El pedido por parte de la barra es la entrega de dinero. Ocurre que hoy hay varias facciones que pugnan por el poder en la tribuna rojinegra. Allegados a la dirigencia hablan de "tres grupos", pero otras voces advierten que serían más.

   En lo que tiene que ver con quienes ayer protagonizaron los disturbios, según el Ministerio de Seguridad fueron filmados y luego de ser identificados serán denunciados. Como se supo en la semana, ayer 38 barras no pudieron entrar por restricción judicial.

Minutos antes de que los equipos ingresaran para disputar el segundo tiempo, la popular del hipódromo comenzó a dar señales de mala convivencia. Aparentemente dos grupos antagónicos de la barra se tomaron a golpes de puño por el liderazgo de la popular, lo que desembocó en un desbande importante, que no tuvo efectos mayores porque la tribuna no estaba colmada, lo que le dio posibilidad al resto de los hinchas de buscar espacios en los codos.

   El plantel leproso a esa altura ya estaba dentro del campo de juego. Mientras que el canalla no, porque la policía le dio estricta orden que se mantuviera en el vestuario hasta que la situación fuera totalmente controlada. Pasaron alrededor de 20 minutos para que eso sucediera. En el medio, un grupo se parapetó rápidamente en el corazón de la popular baja, mientras el resto del estadio repudiaba. "Vayanse todos la p... que los parió", se escuchó del resto del estadio. A esa altura ya se había abierto la puerta de la platea, para que los hinchas civilizados pudieran sentirse más seguros.

   Una de las primeras acciones del grupo que quedó al mando de la popular fue descolgar la bandera del Cuatrerito, el ex jefe de la barra asesinado el pasado 7 de junio en la puerta principal del estadio. A los pocos minutos de iniciado el segundo tiempo la volvieron a colgar. A los 23' pareció aparecer una orden en la tribuna para llamar la atención. Un puñado de hinchas corrieron al tejido y se treparon hasta lo más alto. Fue una clara advertencia. Silvio Trucco primero informó de la situación a los encargados de la seguridad, hasta que no le quedó otra que detener el partido. Otra vez el repudio generalizado, que a esa altura no podía entender lo que ocurría detrás del arco defendido por Ezequiel Unsain.

   "A veces unos pocos pueden generar más disturbios que muchos", le dijo Pullaro a Ovación en la previa del partido, mientras esperaba la llegada de ambos micros al estadio. Los hechos le dieron la razón.

   El partido se pudo terminar y eso hizo que el foco no cayera todo en la cuestión de la seguridad y los incidentes. Pero fue una mancha importante la que sufrió un clásico disputado con equipos de reserva. Resta un mes para el inicio del torneo, pero para la comisión directiva de Newell's parece haber un problema enorme en puerta.


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