Clásico
Domingo 30 de Octubre de 2016

"Sabemos que mi hijo hizo algo mal, pero no era para que lo dejen preso"

Nicolás C. hizo un tiro al aire en el patio de su casa para festejar el triunfo de Newell's en el clásico. Le dictaron 30 días de prisión.

La familia de Nicolás C. siempre fue hincha de Newell's Old Boys. Son todos "leprosos". El domingo pasado, después de que en el minuto 92 Maximiliano Rodríguez convirtiera el gol de la victoria en el clásico rosarino poniendo punto final a ocho años sin triunfos de su equipo en el Gigante de Arroyito, Nicolás no pudo con su pasión. Buscó un revolver calibre 38 que tenía en su cuarto, salió al jardín de su casa y disparó un tiro al aire. Pero esa tardecita un patrullero atinó a pasar por la puerta de la casa, los agentes escucharon la detonación y detuvieron al joven

El martes, en una audiencia imputativa, Nicolás fue acusado de "portación ilegal de arma de guerra". Y pese a que admitió su culpa y su "irresponsabilidad" ante el juez Hernán Postma, y que su propia madre fuera quien les franqueó el ingreso a la casa a los policías y les entregó el arma, el magistrado le dictó 30 días de prisión preventiva. Una decisión que sumó controversias ya que Nicolás no tenía antecedentes penales, vive con su familia y tiene un trabajo estable. Por eso la defensa considera que "podría haberse aplicado una medida menor".

En la audiencia la fiscal Andrea Vega fue quien solicitó la prisión preventiva mientras que la defensora pública María Eugenia Carbone cuestionó la calificación legal y solicitó la libertad o bien una morigeración con prisión domiciliaria y salidas laborales.

Sorprendidos. La familia de Nicolás la componen su padre Marcelo, su madre Silvina y dos hermanos, Oriana y Lucas. El padre es taxista y la madre maestra primaria a tiempo completo. Su infancia fue la de un chico de barrio y nació en la misma casa de Cazadores al 2400 del barrio Las Delicias en la que fue detenido.

Ante La Capital Silvina contó que "el domingo cada uno veía el partido en lugares distintos de la casa. Mis tres hijos en el comedor y yo en el cuarto. Rezábamos y gritábamos «que Newell's haga el gol, que lo haga». Cuando lo hizo todos gritamos y festejamos y Nico salio de la pieza corriendo. Yo no escuché nada y cinco minutos después vino a mi cuarto Lucas y me dijo que la policía estaba tocando la puerta". La sorpresa de Silvina fue brutal. Cuando abrió se encontró con tres agentes apuntándole con pistolas.

Lo primero que escuchó la mujer, que ronda los 40 y pico, fueron gritos "¿Quien disparó?, ¡entreguen el arma!". Ella los miró y sólo dijo. "Tranquilos, fue mi hijo". Nico, como excusa, me dijo: "Hace 8 años que no ganábamos", salió de la pieza y entregó el revólver calibre 38. Un policía tomó el arma y la tiró sobre un costado del jardín, lo esposaron y lo apretaron sobre el capó del móvil. "Pará, yo no robé, sólo festejo", les dijo Nicolás.

La casa de calle Cazadores es pequeña y el jardín está enrejado. Frente a la vivienda hay un galpón en el que los domingos no se trabaja. Es un lugar inseguro, como todo barrio, y está a una cuadra de Arijón.

En ese sentido Silvina recordó que le "desvalijaron la casa dos veces" y que no sabe "cómo el arma 38 llegó aquí. Nico es un chico que trabaja hace diez meses en una distribuidora alimenticia entre 10 y 12 horas por día, trabaja mucho y a veces ni lo veo", contó la madre.

Angustia y dolor. Marcelo y Silvina están divorciados y él hasta el jueves no había podido ver a su hijo. El hombre, que ya superó los 50, no puede con su angustia. "Sabemos que hizo mal, que se mandó una macana, pero no es para dejarlo preso. Mi hijo trabajó siempre y hace diez meses estaba en la distribuidora, y ahora lo van a echar."

Marcelo define a su hijo como "un gran pibe, incapaz de hacer nada raro. Somos decentes, no tenemos nada que ocultar, por eso Silvina abrió la puerta. Trabajamos y nos esforzamos mucho. La condena es demasiado, lo hubieran mandado a hacer trabajos comunitarios", dice.

Silvina no pudo con su fe de madre. "Ni de chico le compré revólveres de plástico. En casa somos cero violencia. Yo le dije varias veces que no quería armas en casa".

Nicolás fue alojado en la seccional 21ª. "La policía que se lo llevó me dijo que si no tenía antecedentes generalmente volvían a la casa, pero eso no pasó", recordó Silvina. Nicolás fue trasladado el lunes a Tribunales y al demorarse la audiencia imputativa lo metieron en "La leonera", calabozos del sótano del Palacio de Justicia.

La confesión y el debate. El martes, aún vestido con la camiseta de Newell's con la que fue apresado, Nico se encontró frente al juez. "Yo disparé al aire para festejar que habíamos ganado el clásico. Es una locura que a gente que roba la dejen en libertad y a mí, que use el arma para festejar, me dejen preso", declaró ante el juez. La fiscal Andrea Vega lo acusó de portación de arma de guerra y pidió la prisión preventiva. La defensora María Eugenia Carbone solicitó que quede al cuidado de sus padres en prisión domiciliaria y con salidas laborales, planteó una probation y en caso de ser condenado que sea una pena condicional.

Tras un debate familiar, la defensa la tomó la penalista Susana Zulkarneinuff. "Lo importante es que salga del penal. La intención no fue lastimar ni agredir a nadie. No justificamos la acción ni que usó un arma, pero si bien encaja en la figura por la que se lo acusa podría haberse tomado otra acción prevista en el Código Penal. Es joven, trabajador y sin antecedentes".

Para la defensora, el juez Postma fue "duro e inflexible. No tomó los atenuantes que la propia ley impone, como que la investigación determinó que no había damnificados. Debería haber evaluado mejor las morigeraciones". Y en cuanto al debate que se generó con la detención de Nico, sostuvo: "No creo que sea un fallo ejemplificador. Evidentemente son las convicciones del juez, que tal vez tenga resabios del viejo sistema", dijo diplomáticamente.

En términos judiciales la abogada fue un paso más. "Apelaremos la medida ante la Cámara para pedir que se morigere la situación, que se le dé salida laboral con prisión domiciliaria hasta el juicio. Y ya conversamos con la fiscal para encontrar una posibilidad de juicio abreviado. No estamos de acuerdo con el uso de armas, pero la gente está asustada y se arma por eso", dijo.

Cuando la madre de Nicolás charló con él en el penal de la 21ª lo encontró llorando y angustiado. "Está en una celda con 30 personas. Es un pabellón evangelista. Me dijo «Mamá, no quiero perder el trabajo, me mandé una cagada y la estoy pagando. Esto es muy duro, te cambia la cabeza», y yo pienso. ¿La justicia tiene la misma vara para todos? ¿Puede ser que por una cosa así mi hijo esté preso?".

Comentarios