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Domingo 05 de Mayo de 2013

Sábanas y lavado

La insólita pregunta la formuló en voz alta un notorio funcionario del Poder Ejecutivo a un diputado santafesino del Frente para la Victoria luego del acto de Cristina Kirchner en el que explicó que ella no compra sábanas en el exterior.

“¿No hay nadie en tu provincia que nos pueda hacer de testimonial?”. La insólita pregunta la formuló en voz alta un notorio funcionario del Poder Ejecutivo a un diputado santafesino del Frente para la Victoria luego del acto de Cristina Kirchner en el que explicó que ella no compra sábanas en el exterior. “En Chaco ya lo tenemos a Capitanich, en Entre Ríos a Urribarri y hasta hablan de otro Kirchner que no sería Alicia para la provincia de Buenos Aires”, ironizó sin dar más datos este hombre de gobierno respecto de la decisión de algunos gobernadores y dirigentes de ser cabeza de lista en octubre para luego no asumir el cargo.

“Nos vendría bien algún santafesino notable que ‘traccione’ votos y luego se baje”, graficó el mismo dirigente sin ponerse colorado. Algunos especulan con que si las encuestas no mejoran para el oficialismo local la propia presidenta buscaría una solución “creativa” para la lista de diputados. ¿Hay algún famoso tapado en Santa Fe dispuesto a ser el mascarón de proa para octubre? Dicen que sí. Y muy famoso.
Aquella tarde de jueves del discurso “de las sábanas” fue una jornada de sorpresas expresada en varios tonos, todos irónicos o rencorosos. Primero, la presidenta “zamarreó” en público con injusta igualdad a una cronista y a los dueños de un diario argentino en donde ella trabaja, por haber reproducido la noticia de la supuesta compra de joyas y ropa de cama en selectos comercios de Roma. Luego, chicaneó al propio Daniel Scioli aconsejándole que hable con su esposa sobre las bondades de la marca Bulgari y por fin dobló la apuesta contra jueces, pidiendo un poco de justicia en el país creyendo que una querella por injurias en su contra pesa más que la arremetida para “popularizar” el Consejo de la Magistratura. Esa es hoy la madre de todas las batallas que piensa darse con la sangre y el fuego que su fijación le indiquen. No importan en nada las advertencias de los organismos internacionales sobre cómo puede afectarse la división de poderes. Para eso está el manido argumento tantas veces repetido del primer mundo “derrumbado” que ahora quiere darnos lecciones de democracia.

Los monólogos de atril en cadena semipública de la presidenta de estos días mostraron el clima interno del gobierno. Hay indignación por las denuncias de corrupción lanzadas a la arena pública, preocupación ante las alarmas en la economía e incertidumbre por cómo se llega a octubre con las elecciones de medio término. Puertas adentro se empezaron a sondear los niveles de aprobación de posibles alianzas como la vista en la Córdoba de de la Sota, con Macri y Lavagna. “En lo único que hay unanimidad es que de esos 3 temas, expresamente, no se habla en público”. Sí se buscan culpables. La otrora súper estrella recién llegada al pensamiento K, Alejandra Gils Carbó, recibió las primeras críticas internas. Los más dogmáticos del gobierno no entienden cómo un subordinado de la Procuradora General puede haber resuelto imputar tan rápidamente a los protagonistas del “informe Lanata” (desde esta columna se había dicho que el requerimiento fiscal no pasaba del jueves 2 y así fue) y, sobre todo, al empresario Lázaro Báez, tan cercano geográfica y personalmente a la familia presidencial. Así se piensa. Resulta extraño que alguien, en este caso el fiscal Guillermo Marijuán, se apegue al sentido común y al Código Penal antes que a lo que reclama el “modelo” o su propia jefa. Será por eso que casi al unísono los voceros oficiales (y la propia primera mandataria) salieron a recordar el crecimiento económico de algunos que se enriquecieron en los demonizados años 90 fogoneando el argumento de ocultar un elefante en una calle desierta colmándola de paquidermos. No se salvaron ni aquellos empresarios que aún en los comienzos del gobierno de Néstor apoyaron desde los medios de comunicación la nueva gestión.

¿Y la economía? Hubo reuniones por el dólar a casi 10 pesos, es cierto. ¿Medidas? Más controles, cepo más duro, presunciones que invierten la prueba en contra de los contribuyentes que osen tener empleados domésticos y corsé diseñado por la mano de Guillermo Moreno para los precios. Axel Kicilof sigue en segundo plano y no obtiene la venia de la presidenta para desdoblar el mercado cambiario y modificar el timón de la gestión económica.

La hora del veto. Mauricio Macri tiene el raro privilegio de ser el jefe de gobierno con más vetos en la historia sobre las decisiones de la Legislatura porteña. Algunos creen ver un peligroso y análogo antecedente en la impugnación introducida por la intendente Mónica Fein de la sesión que trató la indemnización a los inundados. Parecidos de base existen: los responsables de Rosario y la Capital son minoría en los órganos deliberativos y, hasta ahora, los dos han mostrado poca cintura para amalgamar consensos con la oposición. Quizá la mandataria socialista debería reparar en el ejemplo del hombre del PRO y ver que el aislamiento en la tarea ejecutiva sólo contribuye a mayor tensión política, en desmedro de solucionar servicios esenciales como limpieza, asfalto, seguridad y confort ciudadano. Rosario no puede darse semejante lujo en una época en donde se percibe de manera ostensible algo más que inmovilidad de gestión y demasiados problemas irresueltos en el día a día.

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