Mauricio Macri
Domingo 27 de Noviembre de 2016

Rutas argentinas, esa calamidad

Hay una herencia pesada y difícil de gestionar que no puede facturarse a nombre del último gobierno, ni en el país ni en la provincia, sino a casi todos los que se sucedieron durante las últimas cinco o seis décadas.

Hay una herencia pesada y difícil de gestionar que no puede facturarse a nombre del último gobierno, ni en el país ni en la provincia, sino a casi todos los que se sucedieron durante las últimas cinco o seis décadas. Se trata del estado de la red vial, una calamidad que los argentinos muchas veces pagan con vidas. Hace años que las rutas no se reparan, y hace muchos más que no se construyen nuevas.

El titular de la Dirección de Vialidad Provincial, Pablo Seghezzo, lo reconoció públicamente esta semana. En una charla casi informal con un periodista, que sin embargo salió al aire por una radio local, admitió que el estado de las rutas santafesinas es "pésimo" y repitió algo que distintos actores del gobierno provincial ya dijeron varias veces durante el último año: la gestión de Miguel Lifschitz, aseguró Seghezzo, destinará muchos recursos del presupuesto a repararlas e incluso a hacer rutas nuevas.

Un buen ejemplo del abandono del que se habla es la autopista Rosario-Santa Fe. Desde que se hizo cargo de la concesión, la empresa Arssa sólo intervino sobre la traza para hacer parches y arreglos de ocasión. El resultado de esa forma de gestionarla, y de la falta de control por parte del Estado provincial, es que el corredor tiene tramos intransitables y que el deterioro lo convirtió en una seria amenaza para la vida y los bienes de quienes la transitan.

La voluntad del actual gobierno provincial de poner fin al contrato con Arssa llega tarde, pero al menos es la señal de una voluntad política que no tuvieron las gestiones anteriores. Durante años, tanto usuarios como dirigentes políticos opositores advirtieron una y otra vez que Arssa no invertía en obras para mantener el corredor Rosario-Santa Fe en buen estado. Mientras tanto la empresa siguió recaudando y se excusó siempre en un argumento inaceptable: la tarifa del peaje, decía, no alcanzaba para cubrir los costos administrativos y menos para hacer el mantenimiento o incluso proyectar un tercer carril en una autopista que hace años quedó chica para el flujo de tránsito que por allí circula.

Hace un año, cuando se hizo cargo de la presidencia, Mauricio Macri asumió en la Nación un compromiso similar al que parece haberse comprometido el gobierno de Lifschitz: reparar la red vial, e incluso ampliarla. Habrá que ver si no es sólo un anzuelo electoral más entre tantos otros.

Todavía se recuerdan los spot publicitarios de Daniel Scioli en la campaña electoral de 2015, cuando afirmaba que había construido más de cuatro mil kilómetros de rutas mientras era gobernador de la provincia de Buenos Aires. Pero allí, en ese territorio inabarcable e ideal para la publicidad política incomprobable, muchos todavía se preguntan dónde están.

En Santa Fe no debe haber habitante que no sepa lo que reconoció Seghezzo. Lo que espera la gente es que alguien lo arregle de una vez por todas. Después, si les gusta, que los funcionarios nacionales y provinciales hagan toda la propaganda que quieran.

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