Educación
Sábado 20 de Junio de 2009

Rubén Cucuzza: "Frente a la tinellización están Belgrano y su compromiso"

El especialista Rubén Cucuzza dice que los libros dan una imagen sacralizada del prócer.

La llegada del 20 de junio —Día de la Bandera— permite plantear algunos interrogantes para que esta fecha no sea tan sólo un feriado más del calendario. ¿Cómo recordar con los chicos la figura de Manuel Belgrano y de qué manera motivarlos a acercarse a los próceres argentinos? Las respuestas a estas cuestiones no son para el investigador Rubén Cucuzza una tarea fácil para los maestros, aunque está convencido que "frente a la tinellización de la vida están Belgrano y su compromiso".

Cucuzza es profesor de historia de la educación de la Universidad Nacional de Luján (Unlu), y autor de "Yo argentino. La construcción de la Nación en los libros escolares (1873-1930)" y "Para una historia de la enseñanza de la lectura y escritura", entre otros libros.

Considera importante rescatar las ideas transformadoras de Belgrano, junto con una bandera que confiesa enarbola tanto como cuando juega la selección como en el Puente Pueyrredón en memoria de los militantes sociales asesinados Maximiliano Kosteki y Darío Santillán. Pero "jamás la pondría sobre un tractor o una cosechadora de soja", aclara.

—¿Qué aspectos de la vida de Belgrano considera claves rescatar hoy en las aulas?

—Frente a la tinellización de la vida que transmiten los medios, la elección de Belgrano es por su compromiso con las ideas más transformadoras de su época. De otra manera, suponer que respondería al "todo bien", "ya está", "y bueno, nada" con un rotundo no es así: no está todo bien, la cosa no está, y se puede cambiar. Y en consecuencia, un abogado criollo que se mete a militar contra la dominación colonial española.

—¿Cómo llegan los debates de las distintas corrientes historiográficas a las aulas? ¿Recogen eso los textos escolares?

—Los libros de lectura de primaria, por lo menos los que he trabajado del siglo XX transmiten una imagen sacralizada de Belgrano, despojada de sus características más humanas ligadas a lo cotidiano. Lo convierten en una "estatua" más del panteón de los orígenes de la nacionalidad argentina, como a otros próceres en estos momentos de los fastos del bicentenario. Será que no existe la memoria sin olvido, pero se ha olvidado el bicentenario de los acontecimientos que condujeron al 25 de Mayo de 1810, y con ellos de un documento de Belgrano, de doce años atrás: "Medios generales de fomentar la agricultura, animar la industria y proteger el comercio en un país agricultor". La Memoria que presentara como secretario del Consulado el 15 de junio de 1796 planteaba los debates modernos sobre la obligatoriedad y gratuidad escolar, la inclusión de las mujeres, la formación profesional y técnica; entre otros temas que inauguraban el debate en términos modernos acerca de la escuela.

—¿Cómo hacer para atraer la atención de los chicos a temas y personajes claves de la historia argentina?

—No es sencillo para el docente, en las condiciones actuales de su trabajo, reclamarle que combata con tiza y pizarrón lo que construye la tinellización de la vida, la política y la memoria con un simple pulsar el control remoto de sus alumnos. Aquellos docentes que se esfuerzan para formar una mirada crítica de nuestra historia construyen cada día, en la soledad de sus aulas, para recuperar testimonios y someterlos a una posibilidad de su vigencia en nuestros días. No sólo dan sus clases y organizan los actos y carteleras celebratorias de acuerdo con lo que marca el calendario escolar. Y esto no es poco.

—Hoy los símbolos patrios suelen ser elementos de disputa de sectores antagónicos, cuando defender al país es para muchos llevar la bandera al hombro en una marcha sectorial. ¿Qué reflexión le merece esta situación?

—Confieso que levanto la bandera cada vez que la selección argentina se juega en el altiplano. Jamás la pondría sobre un tractor o una cosechadora de soja. Y la enarbolo en el Puente Pueyrredón en memoria de (Maximiliano) Kosteki y (Darío) Santillán. Con lo que regreso a la frase de Belgrano que más se menciona en su agonía: ¡ay, patria mía!

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