Medellín
Sábado 23 de Julio de 2016

Rubén Chababo: "Colombia debe poner un punto final a 50 años de conflicto armado"

Ex titular del Museo de la Memoria de Rosario, conoce de primera mano la tragedia colombiana por haber sido convocado a integrar el Consejo Asesor Internacional del Centro de la Memoria Histórica de Bogotá, organismo que busca reunir toda la información posible sobre la guerra interna, a la que se está intentando ponerle fin

Rubén Chababo, el reconocido ex director del Museo de la Memoria de Rosario, participa del histórico intento de solución del conflicto colombiano que ha encarado el presidente Juan Manuel Santos y parece estar en vías de definición. Chababo conoce en detalle la tragedia colombiana: integra una comisión internacional de expertos que asesora al Estado colombiano en el complejo tránsito hacia la paz. Dejar atrás más de medio siglo de guerra es arduo. La amnistía para los autores de delitos en teoría imprescriptibles presenta un grave dilema ético: pagar un alto precio por la paz y conceder la impunidad o exigir justicia al enorme precio de continuar una guerra sin fin. Chababo, como la gran mayoría en Colombia, se inclina decididamente por la primera opción, pero sin dejar de recordar los crímenes cometidos por todas las partes: las Farc, el Estado y los paramilitares.

    — Explicá brevemente tu trabajo en Colombia.

   —El Consejo Asesor Internacional del Centro de la Memoria Histórica de Bogotá surge de la ley de víctimas y restitución de tierras del gobierno del presidente Santos. Es una institución que depende de la Presidencia y tiene como objetivo recoger toda la información posible vinculada al conflicto armado, en función de, en un futuro, colaborar en los procesos de tránsito de la guerra a la paz. Este centro fue acumulando en estos años información valiosísima, archivos documentales y testimoniales. Recordemos que la guerra en Colombia es la de más larga duración en América latina. El consejo asesor, al ser internacional, le da al proceso un blindaje externo, mientras que trabaja en el medio del conflicto, no con el conflicto ya terminado. Se conforma con cinco especialistas. En mi caso, busco hacer aportes a la memorialización y a los procesos transnacionales en torno a cómo recordar y como contribuir a la memoria.

   —La "memorialización" sería una práctica institucionalizada de recordación de lo que ha ocurrido en la sociedad...

   —Sí. Tenemos que tener claro dos particularidades: en primer lugar, se está haciendo un proceso de memoria mientras el conflicto tiene lugar, y en segundo lugar, a diferencia de otros procesos, al ser tan extenso hay gran cantidad de víctimas, 300 mil muertos, 50 mil desaparecidos y seis millones de desplazados a lo largo de 50 años. Que no han tenido la posibilidad de hacer escuchar su voz y su historia. No ha habido un Estado que los haya escuchado. Tampoco ha habido una sociedad que haya querido escucharlos. Recordemos que la sociedad colombiana ha vivido de espaldas al conflicto, que no se vivió en las grandes ciudades, las grandes masacres se han perpetrado y se siguen perpetrando en zonas alejadas de Bogotá y las otras grandes urbes. Allí están los desplazados, pero son invisibilizados, van ocupando las barriadas que rodean Medellín, Cali, Bogotá. El gran esfuerzo es hacerle saber a la sociedad colombiana que ha habido un conflicto que ha arrojado innumerables víctimas que no han encontrado el mínimo de justicia y que tampoco han tenido adónde hacer memoria de sus muertos. Desde el Centro de Memoria Histórica acompañamos a las comunidades. Vamos por ejemplo a Granada, donde un grupo de sobrevivientes, de madres, intenta crear un pequeño memorial donde se inscriba el nombre de sus muertos, muchos de los cuales no tienen tumba. Hay que agregar que cada uno de los actores ha desplegado un sistema diferente de violencia y todos cometieron crímenes aberrantes.

   —Todos han cometido delitos contra el derecho internacional humanitario.

   —Exactamente, y no se puede rebajar ni desmerecer la dimensión de su barbarie. Sin embargo, hay actores, como las Autodefensas, que han cometido estos delitos con sevicia, añadiendo un sufrimiento desmedido a las víctimas. Hablamos de matanzas organizadas como espectáculo, en las que no alcanza con masacrar y violar sino que hay que hacerlo en un contexto celebratorio o deportivo, en el que se puede terminar jugando al fútbol con la cabeza de los decapitados o violando a las mujeres delante de sus hijos al son de la banda del pueblo. Esto tiene que ver con la reducción del Otro a una condición inhumana y bestial, a su des-subjetivación. En este caso, muchas de las víctimas han quedado enmudecidas por el trauma, atemorizadas por el peligro de dar testimonio. Muchos de los que quisieron denunciar lo que les hicieron las Farc, las Autodefensas o el ejército o la policía, fueron represaliados al día siguiente. Hay comunidades en las que a la mañana ha entrado el ejercito y por la noche los narcos, y al mes siguiente las Farc, en carácter aleccionador. Han sido victimizados por todos los actores involucrados.

   —Con Uribe (2002-2010) se desmoviliza a las Autodefensas en un proceso muy criticado: unos 30 mil se desmovilizan, pero apenas 122 terminaron en la cárcel y ya salieron. Human Rights Watch (HRW) y Amnistía Internacional temen que ahora ocurra lo mismo.

   —Es cierto lo que plantean acerca de que el acuerdo de paz puede abrir las puertas de la impunidad por los crímenes cometidos, tanto por las Farc como por el Estado, y es su función señalarlo. Pero también es cierto que hay que poner un punto final a la guerra, que son centenares de miles los asesinados, decenas de miles los desaparecidos y millones los desplazados y que la única forma de que la masacre cese definitivamente es con un acuerdo que sea aceptado por ambas partes, y ese acuerdo, lo sabe la sociedad colombiana, no habrá de satisfacer a todos por igual. Por otra parte, el modelo de "Jurisdicción Especial para la Paz" propuesto en La Habana tipifica claramente el delito de genocidio y de crímenes de guerra para otros delitos, reconociendo diferenciación en las penas y añadiendo, como condición fundamental para beneficiarse de la reducción de años de prisión (a un máximo de 8), que el acusado reconozca ante los tribunales el daño que ha perpetrado a la sociedad. No es la mejor ni la más justa de las opciones, pero en este contexto es a lo que se ha podido llegar. Nadie, salvo aquellos a quienes la guerra les es funcional, quiere una sola matanza más. Porque la violencia en el caso colombiano hizo metástasis y ha encontrado a la población civil pobre como la más vulnerable y vulnerada. Para darle fin debe haber un acto de reconocimiento de quien ha cometido un grave violación a los derechos humanos, acompañado de una acto de reparación simbólica, que pueda dar inicio a un proceso que los colombianos llaman de reconciliación. Se trata claramente de una sociedad que necesita reconciliarse. Cincuenta años de luchas fratricidas necesitan encontrar un punto a partir del cual poder reconocerse.

   —Como señala el caso de los "paras", no parece muy creíble que sectores de la sociedad colombiana dejen de tomar a la violencia armada como un instrumento más para dirimir conflictos. A la vez hay un hartazgo muy marcado de la guerra.

   —El cese definitivo, que ya se cumplió, y la firma de los acuerdos, que será en julio seguramente, son el comienzo y no el final de nada. Aquí los actores involucrados, las Farc, incorporándose a la escena política, y el gobierno, deben hacer todos los esfuerzos para disminuir las posibilidades de un rebrote de la violencia. Se sabe que en ciertas zonas del país deberán trabajar en acuerdos conjuntos para que la orden del cese definitivo llegue.

   —Hace poco un frente (formación guerrillera similar a un regimiento) declaró que no aceptaba el acuerdo. Parece un anticipo ominoso.

   —Son grupos minoritarios. Las Farc son alrededor de 6000 hombres, los dos frentes rebeldes son minoritarios; el ELN también es minoritario. Acá se llega a un acuerdo de paz sin vencedores y sin vencidos. Cuando hay actores que han sido vencidos todo es mucho más fácil. Por esto el reconocimiento de muchos a Santos es infinito, justamente porque venía de Uribe, fue su ministro de Defensa, pero llegado a presidente lo traicionó. Porque vio que había llegado otra etapa y que había que cerrar el conflicto.

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