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Martes 02 de Junio de 2009

Rosario y Nueva York

Separadas por casi nueve mil kilómetros, Rosario y Nueva York tienen algunos problemas comunes, como el tránsito, el servicio de taxis y la contaminación. En la isla de Manhattan, donde se ubican los principales distritos de la ciudad, se aplicaron algunas soluciones que no siempre han dado resultado y por eso permanentemente se prueban nuevas fórmulas. Por ejemplo, la semana pasada se convirtieron en peatonal unas cinco cuadras de la avenida Broadway -que cruza en diagonal todo Manhattan-, para que la gente tenga más lugar por donde caminar...

Separadas por casi nueve mil kilómetros, Rosario y Nueva York tienen algunos problemas comunes, como el tránsito, el servicio de taxis y la contaminación. En la isla de Manhattan, donde se ubican los principales distritos de la ciudad, se aplicaron algunas soluciones que no siempre han dado resultado y por eso permanentemente se prueban nuevas fórmulas. Por ejemplo, la semana pasada se convirtieron en peatonal unas cinco cuadras de la avenida Broadway -que cruza en diagonal todo Manhattan-, para que la gente tenga más lugar por donde caminar. En las horas pico miles y miles de personas transitan por la zona de Times Square, en la intersección con la Séptima Avenida, donde se ubican los teatros y decenas de comercios. Ha habido varios accidentes y peatones atropellados y por eso el alcalde Michael Bloomberg explicó que hasta fin de año se decidió hacer peatonal parte de la avenida Broadway. El municipio hizo colocar sillones tipo playeros y mesas para que la gente haga picnics en pleno centro en medio de un tráfico de autos, colectivos y taxis que es infernal. Esa imagen fue la semana pasada la foto principal del tradicional diario de la ciudad, el The New York Times.

Cualquiera podría imaginarse que esa solución no sería aplicable en Rosario porque la gente tomaría su merienda o almuerzo en medio de los gases tóxicos que emanan de los colectivos y camiones y los bocinazos de toda la fauna del tránsito local. Nade eso ocurre en Manhattan: los colectivos no queman combustible y no tiran humo y los conductores que tocan bocina pueden ser sancionados con multas de hasta 350 dólares. En medio del gentío y avenidas congestionadas usar el auto particular no es muy conveniente porque estacionar es casi imposible: no hay lugar en ninguna parte. Hay que utilizar cocheras privadas y aceptar pagar unos 19 dólares la hora. Esa desproporción entre las tarifas que se cobran en Rosario y Nueva York no es la misma, sin embargo, que la de los aeropuertos internacionales de ambos países. En Ezeiza, dejar un auto (no se puede hacer reservas y nadie le garantiza que habrá lugar cuando llegue) cuesta 50 pesos por día y en la principal estación aérea de la ciudad, el John Fitzgerald Kennedy (JFK), unos 15 dólares. Casi lo mismo.

El servicio de transporte es muy distinto en todo sentido. Por empezar, la tarifa. Tanto el subterráneo como el colectivo cuestan dos dólares por viaje. Esa tarifa, muy alta para Rosario, puede disminuir sensiblemente por la compra de tarjetas semanales o mensuales de viajes ilimitados. Por ejemplo, la de una semana cuestan 25 dólares y sirven para hacer tantos viajes en subte o colectivo como uno tenga ganas. La única limitación es que hay que esperar 18 minutos entre un viaje y otro. Esa restricción seguramente se aplica para que la gente no se pase de mano en mano la tarjeta en la estaciones de subte, principalmente, donde no hay controles.

Los taxis son un tema aparte. Los choferes tienen una cabina plástica que protege de eventuales asaltos y ataques tanto desde atrás como del asiento del acompañante delantero. Los autos son de color amarillo y los más seguros porque son controlados satelitalmente. Además, en el asiento posterior hay una pantalla con sistema de GPS donde se marca la ubicación del vehículo y la ruta que toma. Imposible “pasear” a un pasajero. La bajada de bandera es de 2,50 dólares y un viaje de unas 20 cuadras puede costar 8,50 dólares más la propina al conductor, que es casi una obligación. En las puertas de los taxis está pintada la tarifa y el costo de cada ficha. También lo que vale viajar de cualquier lugar de la isla al aeropuerto JFK: 45 dólares, sin incluir el peaje y la propina. Es decir, no puede haber avivadas de ninguna especie.

La diferencia más notable entre ambas ciudades es la limpieza. Es difícil saber cómo se las arreglan para mantener una higiene bastante respetable en una isla transitada por millones de personas donde se puede caminar seguro por casi todas partes. La basura se acumula todos los días en grandes bolsas de plástico sobre la vereda y se recogen seguramente de madrugada porque al menos hasta medianoche no se ve ningún camión recolector.
Tampoco se ven heces de animales en la calle. A menos que hayan exterminado a los perros y gatos, las veredas están limpias y sin “sorpresas”. La gente lleva bolsas de plástico y recoge el producto que generan sus mascotas. En Rosario eso está vigente pero nadie lo cumple.

La limpieza se traslada también al Central Park, el enorme pulmón verde de Manhattan que se extiende sin pausa durante 51 largas cuadras desde la calle 59 hasta la 110. No hay un solo papel en el piso, pese a que la gente lo usa para comer o descansar. En fin, dos ciudades con problemas comunes y soluciones que podrían imitarse.

 

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