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Jueves 11 de Junio de 2009

Rosario y Nueva York II

Las comparaciones siempre son odiosas, pero Rosario y Nueva York tienen puntos comunes como también muy distantes. Los extranjeros que vienen a Rosario la encuentran cálida, con un paisaje ribereño privilegiado y con gente muy amable. La semana pasada, una joven australiana, hija de argentinos, que está de paseo por las tierras donde nacieron sus padres, descubrió una urbe maravillosa con parques perfectos y museos interesantes...

Las comparaciones siempre son odiosas, pero Rosario y Nueva York tienen puntos comunes como también muy distantes. Los extranjeros que vienen a Rosario la encuentran cálida, con un paisaje ribereño privilegiado y con gente muy amable. La semana pasada, una joven australiana, hija de argentinos, que está de paseo por las tierras donde nacieron sus padres, descubrió una urbe maravillosa con parques perfectos y museos interesantes. La chica, de sólo 19 años, se quedó impactada por la noche rosarina y el horario de cierre de los boliches, algo impensado para los “Aussies”, como se denominan en inglés lunfardo a los australianos. En Down Under (otra forma que tienen de decir Australia) están de regreso de las fiestas nocturnas no más allá de la una de la madrugada. Aquí, recién a esa hora comienza la movida.

Nueva York también tiene lo suyo. Hay museos imperdibles como el Metropolitan Museum of Art, donde se exhibe un templo egipcio de miles de años de antigüedad o el American Museum of Natural History, donde la colección de dinosaurios más completa del mundo transporta al visitante a épocas prehistóricas. New York City (Manhattan) es una isla de no más de 150 calles de largo por unas 10 o 12 avenidas de ancho, transitada a diario por miles de turistas de todo el mundo. A pesar de tener una extensión que no parece imposible de abordar, Nueva York tiene tantas atracciones como metros cuadrados. En cada calle o esquina hay algo interesante para ver. Desde el sector financiero en el Financial District hasta un servicio religioso con música afroamericana, el gospel, en la Abyssinian Baptist Church, 130 cuadras más al norte, en pleno Harlem.

 A diferencia de dos décadas atrás, Manhattan es ahora un lugar seguro para recorrer. El subterráneo, aunque no es como el impecable de Berlín u otras capitales europeas, es limpio, puntual y atraviesa la ciudad de punta a punta. No hay problemas de seguridad, incluso de noche. El colectivo también es una opción interesante, aunque más lenta, para recorrer la isla. Hay líneas que circulan por las principales atracciones de la ciudad y todos los micros tienen aire acondicionado y son muy cómodos. Aunque, como siempre ocurre, una de las mejores maneras de hacer turismo es caminar. Todas las distancias son “caminables” aunque a la noche sentirá el efecto de los kilómetros recorridos a pie.

Para una visita de una semana a Nueva York lo mejor es preparar un plan de viaje con anticipación y elegir qué es lo que se quiere ver. Es imposible poder visitar todos los lugares de interés en ese lapso porque Manhattan, como ninguna otra ciudad en el mundo, ofrece una variedad casi ilimitada de posibilidades, diurnas o nocturnas. Sin embargo, además de los dos museos mencionados, hay perlitas imposibles de perderse: un paseo en barco por el Hudson Rriver y el East River que pase por la estatua de la libertad y el puente de Brooklyn; el ascenso al Empire State para tener una vista de la ciudad desde el piso 86; una recorrida por Times Square y los teatros de Broadway o una caminata (de día) por el impresionante Central Park. La Quinta avenida es casi una obligación recorrerla porque además de los negocios más caros del mundo tiene catedrales y edificios públicos que no pueden dejarse de ver.

Rosario y Manhattan son dos bellas ciudades y cada una, con sus particularidades, ejercen un atractivo especial para quienes las visitan.

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