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Martes 06 de Diciembre de 2011

Rosario "se ve mejor", ¿pero está mejor?

Miguel Lifschitz se está despidiendo públicamente como intendente con un corto que se difunde por TV en el que resume sus ocho años de gestión con un concepto: "Rosario se ve mejor", pero ¿está mejor?...

Miguel Lifschitz se está despidiendo públicamente como intendente con un corto que se difunde por TV en el que resume sus ocho años de gestión con un concepto: "Rosario se ve mejor".

La publicidad muestra imágenes del puente Rosario-Victoria, el teatro El Círculo, el Hospital de Niños, la plaza San Martín, el parque Scalabrini Ortiz, las imponentes torres de Puerto Norte, el Parque de las Colectividades y termina con una toma del interior de un avión (¿será de LAN?) aproximándose a Rosario desde el río, y una pasajera mirando por la ventanilla el Monumento a la Bandera. "Rosario se ve mejor, juntos lo hicimos posible", remata el anuncio.

Seamos sólo por un instante antipáticos e imaginemos otro corto también con imágenes reales de Rosario. Uno que muestre a miles de vecinos que conviven con las zanjas, villas miseria donde la vida transcurre sin que nada cambie, cientos de autos atrapados en un tránsito caótico y fatal, un sinnúmero de personas víctimas de hechos delictivos (¿quién no padeció en carne propia un robo o asalto, o no tiene un familiar o amigo que lo haya sufrido?), pasajeros esperando con paciencia oriental el colectivo, barrios sin presión en la red de agua, basurales, familias con problemas de vivienda en medio del boom de la construcción, plazas sucias...

El "modelo socialista" para Rosario se viene implementando desde hace más de 20 años, y tiene para mostrar muchos logros, "marcas" en la ciudad que también heredarán las futuras generaciones, transformaciones urbanas que le han dado un nuevo perfil a Rosario. Pero más de dos décadas de gobierno del socialismo y una oposición que en la ciudad no es competitiva, es poco seria o escasamente confiable (elija lo que usted más le parezca) han generado cierto relajamiento y mucha autocomplacencia en el elenco gobernante.

Es verdad, la ciudad "se ve mejor", está mejor en algunos aspectos, distinta, y más si se reduce "la ciudad" sólo a las imágenes que se ven en la publicidad de despedida de Lifschitz (dato al margen: sólo la reforma del Parque de las Colectividades es una obra pública de su gestión). Pero simultáneamente hay otros sectores o aspectos de "la ciudad" que "se ven igual" y hasta algunos "se ven peor".

Rosario se ha desarrollado muchísimo, pero de manera muy desigual. Es una ciudad que da la sensación de moverse a dos o más velocidades. La ciudad no ha evolucionado de igual forma en todos los barrios ni en todas las temáticas.

A partir de inversiones inmobiliarias millonarias hay sectores de Rosario, como la franja costera, que son muy atractivos, pintorescos, con una calidad de vida de alto nivel, que no tienen nada que envidiar a barrios de las grandes ciudades de los países más ricos. Allí el sector privado invirtió muchísimo dinero y el sector público también tomó decisiones urbanas estratégicas y ejecutó obras que revalorizaron esas zonas, beneficiando por consiguiente a esos inversores privados. Pero a no muchas cuadras de allí hay barrios que no cuentan con servicios públicos de la misma calidad y muchos carecen de infraestructuras adecuadas.

Paradójicamente el deslumbrante desarrollo inmobiliario de Puerto Norte tiene su lado negativo: la separación cada vez más marcada entre los sectores de más altos ingresos (que se concentran en esa zona) y el resto de la sociedad. Un fenómeno que no es nuevo, pero lo novedoso es que se da de una manera más marcada y se produce a un ritmo acelerado. Nada tiene que ver Puerto Norte con ese barrio de clase media heterogéneo tan característico de Rosario donde conviven asalariados formales e informales, pequeños empresarios y comerciantes.

Da la sensación de que estos últimos años de la gestión socialista se gobernó muy pendiente y encandilado por este fenomenal desarrollo inmobiliario en Puerto Norte y en la costanera central (muchos dicen: "No parece Rosario"). Y aquí se pueden abrir varios interrogantes, que sin duda no tienen respuestas fáciles. ¿Cómo se logra una ciudad más equilibrada, armoniosa, segura y habitable para todos? ¿Qué se puede hacer desde el sector público para que la ciudad no quede fragmentada, no se produzca una segregación espacial tan marcada entre los distintos sectores sociales?

Desde que en 1989 el socialismo comenzó a gobernar esta ciudad ha trabajado bajo la premisa de buscar mayor equidad. De allí la importancia que les dio a la salud pública y a las políticas sociales. Pero, por ejemplo, ¿por qué en estos últimos años perdió impulso el Plan Hábitat, de urbanización de villas miserias? ¿Por qué perdió fuerza el Programa Crecer, que trabaja con las familias más vulnerables? ¿Por qué no hay nuevos planes o políticas para los barrios más humildes y de clase media baja? ¿Por qué no se pone mayor acento en el plan de cloacas para que definitivamente toda la ciudad en pleno siglo XXI tenga este servicio básico? ¿Por qué no se otorga mayor propulsión a las intervenciones urbanas en los barrios tal como se viene dando en ciertas áreas del Distrito Centro?

El socialismo debería replantearse algunos aspectos de su gestión, mirar sus propias políticas de una manera más crítica, menos complaciente, con el objetivo de buscar una ciudad más equilibrada. Parece atinado pensar que si gran parte de la inversión privada se orienta hacia Puerto Norte y la costanera, el municipio debería balancearlo direccionando mayores recursos públicos al resto de la ciudad. Se tendría que poner más énfasis allí donde los grandes inversores privados no miran, no les interesa, pero donde vive la mayoría de los habitantes de Rosario. Estas políticas además siempre tienen impactos sociales positivos que benefician a toda la ciudad, incluso a quienes viven o vivirán en Puerto Norte.

Si la ciudad es nuestra "casa común", se debería intentar que no haya diferencias tan abismales entre una habitación y otra.

Hermes Binner le advirtió acertadamente al kirchnerismo que "el 54 por ciento de la presidenta no es para siempre. Lo tuvieron Menem y De la Rúa y luego, con políticas erráticas, lo perdieron". Parafraseando al saliente gobernador santafesino, se podría decir también que el 52 por ciento del socialismo en las elecciones para intendente de julio pasado "no es para siempre". Todo depende del gobierno que haga.
 

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