Mauricio Macri
Sábado 20 de Agosto de 2016

Rosario puede recibir refugiados sirios

En foco. Todavía no hay detalles del anuncio presidencial de alojar en el país a tres mil refugiados de Siria. La ciudad está en condiciones de albergar a parte del contingente que Macri ofreció traer. Una tarea que no sólo le compete a la colectividad siria sino a toda la comunidad rosarina.

Una de las mayores catástrofes humanitarias de las últimas décadas afecta a la población de Siria, que atraviesa una guerra civil que transita por su quinto año consecutivo y que ha tenido marchas y contramarchas en el frente militar en relación al mayor o menor compromiso de los países extranjeros que se involucran en el conflicto.

Más allá del análisis político de la situación, siempre tan compleja en esa zona del Medio Oriente y que concentra la atención y participación efectiva de las superpotencias, más de 250 mil personas ya han perdido la vida en la guerra. Además, cerca de cinco millones de sirios han tenido que abandonar sus hogares y refugiarse en otras zonas del país o emigrar al exterior.

La desesperación de la gente ha originado marchas a pie de cientos de kilómetros o el abordaje de precarias embarcaciones en busca de la salvación en países europeos. En el camino, niños y sus madres desesperadas terminan ahogados, como se ha visto en repetidas oportunidades, y familias desmembradas padecen sufrimientos difíciles de narrar. Pero la vida de estos desdichados seres humanos sólo impacta en la conciencia del resto del mundo cuando llegan a las puertas de los países centrales. Algunos han sido generosos, como Alemania, y otros todo lo contrario, como Hungría, para ubicar los dos extremos de la reacción solidaria internacional.

En la Argentina. Durante una gira europea de julio pasado, el presidente Mauricio Macri anunció que el país está en condiciones de recibir a tres mil refugiados sirios. Se lo prometió en Bruselas a la representante de la Unión Europea para Política Exterior, Federica Mogherini, pero quedó claro que esa oferta estaba supeditada al "apoyo técnico" de Europa, es decir, a la llegada de recursos para desarrollar el plan humanitario. La Argentina se convirtió así en el primer país latinoamericano en sumarse al esfuerzo de acoger a los civiles que huyen de la guerra civil, aunque aún no se conocen detalles del programa ni los tiempos.

Esta semana se informó de la intención del gobierno de involucrar a los gobernadores, sobre todo los de las provincias norteñas con mayor peso de la comunidad árabe, para que participen del plan, que en su primera etapa podría comprender la llegada de unos 300 refugiados.

En realidad, desde el inicio del conflicto civil en Siria, la Argentina ya ha recibido cerca de mil ciudadanos de ese país a través de un programa estatal implementado por la Dirección de Migraciones que autoriza el ingreso de refugiados que tengan un familiar que los convoque. Sin embargo, tanto ex diplomáticos sirios como dirigentes nacionales de esa colectividad comentaron que la ayuda del Estado para la radicación de esa gente ha sido hasta ahora escasa.

En el marco de esos permisos de ingreso por pedido de familiares, la joven siria Hannen Assad, de 24 años, fotógrafa y traductora de inglés, llegó hace un mes para instalarse en un pequeño pueblo de 2.500 habitantes de la provincia de La Pampa. Corrida por la guerra, dejó atrás a su familia. "En Siria trataba de hacer una vida normal, de focalizarme en la fotografía, de visitar amigos que estaban en Turquía, sin pensar que había una guerra. Trataba de sentirme a salvo, pero hubo un momento en el que ya no podía", relató Hannen a poco de llegar a la Argentina. También dijo que "necesita sentirse segura, echar raíces, trabajar y convertirse en ciudadana argentina para seguir especializándose en su profesión".

En Rosario. De los tres mil civiles sirios que el presidente Macri se comprometió a recibir en el país, seguramente un número significativo podría llegar a la ciudad si las autoridades de la provincia, de la Municipalidad, además de todas las colectividades locales, no sólo la siria, generan las condiciones para albergarlos. Como los rosarinos han recibido en las últimas décadas con generosidad a miles de residentes de otras provincias y de países limítrofes, también deberían hacerlo con los refugiados sirios.

Si bien la Municipalidad de Rosario aún no tiene posición oficial sobre el tema, se descuenta que apoyará la iniciativa. Sin embargo, algunas fuentes oficiales consultadas para esta nota, advirtieron la necesidad de implementar una acción efectiva en la selección de los inmigrantes "para que no se filtren quienes no tengan el objetivo de venir a vivir en paz". El temor a que entre los refugiados se mezclen combatientes de algunos de los grupos que participan de la guerra civil y que quieran exportar sus acciones violentas es una situación muy presente en Europa, que sufre una ola de atentados. Los que formulan esa advertencia no descartan que la Argentina puede ser la cabeza de playa latinoamericana del fundamentalismo islámico.

Entre algunos miembros de la colectividad árabe local existe el mismo miedo a lo desconocido, ya que los futuros inmigrantes seguramente no tendrán lazos familiares con rosarinos. Sin embargo, Jorge Abdelmalek, el cónsul sirio en Rosario, reveló que mantiene reuniones con dirigentes comunitarios y encuentra muy buena predisposición para recibirlos. "Estamos en condiciones de alojarlos, conseguirles vivienda, trabajo y garantizarles alimentación por un año hasta que puedan ir integrándose a la sociedad", dijo el diplomático. Lo mismo que ocurre a nivel nacional, Abdelmalek no cuenta aún con detalles del programa oficial para asistir a los refugiados, ni tampoco con conocimiento si vendrían directamente de Siria o de los países como Turquía, Líbano y otros donde muchos viven actualmente en forma precaria.

Elías Soso, una personalidad destacada de la comunidad árabe local, hijo de padre sirio y madre libanesa, se mostró a sus 77 años exultante de poder asistir y recibir en la ciudad a los refugiados. "Tenemos la obligación moral, basada en el derecho internacional, de ayudar a esa gente. Nuestros padres fueron recibidos hace un siglo por un país generoso que les permitió desarrollarse y sentirse orgullos de ser argentinos", confió a este diario el también dirigente empresarial.

El padre de Soso, quien trabajó en sus comienzos como carbonero, llegó a la Argentina cerca de 1920, como la mayoría de los inmigrantes de todo el mundo que vinieron al país en busca de tranquilidad y prosperidad. "Estamos en condiciones de ayudarlos a que se desarrollen en el campo del calzado, la indumentaria y la industria manufacturera. Es gente muy buena y trabajadora", remarcó Soso.

Tarea colectiva. La colectividad Siria local cuenta con instituciones, como un club social y dos iglesias, que seguramente servirían como pilares para la adaptación y la enseñanza del español a los refugiados. Sin embargo, la tarea humanitaria de acoger a gente en desgracia debería involucrar a toda la sociedad rosarina. La Fiesta de las Colectividades, por ejemplo, que anualmente se desarrolla en el Parque a la Bandera, podría servir como punta de lanza para emprender una cruzada solidaria que trascienda a un solo estamento de la población.

Rosario, su gente y sus instituciones pueden lograrlo.

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