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Lunes 21 de Enero de 2013

Rosario no merece el clásico

Nada de lo que ocurrió ayer con la suspensión del clásico rosarino causó sorpresa. La sucesión de hechos bochornosos se robó la escena desde el principio.

Nada de lo que ocurrió ayer con la suspensión del clásico rosarino causó sorpresa. La sucesión de hechos bochornosos se robó la escena desde el principio. Por eso todo finalizó en un verdadero pandemónium. Un universo insondable en el que todo pudo pasar y nada se pudo prever. Y las culpas les caben a todos por igual. Nadie se salva del dedo acusador. A la cabeza de todo está el gobierno provincial, representado por el ministro de Seguridad, Raúl Lamberto, quien desde su función nunca logró garantizar el orden público de los ciudadanos a la hora de organizar un operativo para velar por la seguridad en un partido de fútbol por más importante que sea. Todo se les fue de las manos desde el vamos. No supo encontrar mecanismos para desactivar los episodios de vandalismo y violencia que hicieron irrespirable el aire en la previa. Y para coronar la inacción gubernamental, tres horas antes del inicio del encuentro en el Gigante no le quedó otra que someterse al escarnio público cuando metió la cabeza en la boca del lobo tras los hechos de violencia en las inmediaciones del Coloso. En otras palabras, comprobó in situ que no estaban dadas las condiciones para jugar el clásico pese a que en las declaraciones el ministro dijo todo lo contrario.
Los dirigentes de Newell’s y Central tampoco se quedaron atrás con su vergonzoso accionar. Siempre afirmaron una cosa cuando la verdad era otra. Es hora de que todos se saquen las caretas. Lorente hizo todo lo posible para quedar bien con su gente y nunca quiso que el clásico se jugara sin público visitante. Al final se salió con la suya. Speciale también aprovechó la situación para endulzarles los oídos a sus hinchas y endilgarles responsabilidades a los otros sin ensayar una mirada introspectiva. Realmente todo resultó patético. Aunque duela, por todo esto Rosario no merece que se juegue el clásico.

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