Cartas de lectores
Martes 23 de Agosto de 2016

Rosario, llueve sobre llorado

Familias amputadas, sueños destrozados, niños traumados, esfuerzos que se malogran. Rosario llora, duele, sangra.

Familias amputadas, sueños destrozados, niños traumados, esfuerzos que se malogran. Rosario llora, duele, sangra. Tras un lapso no tan extenso de estar fuera del país uno halla al retornar un panorama desolador. Conversar con el taxista, con el comerciante, con la gente de a pie significa escuchar una larga y penosa enumeración de situaciones dolorosas derivadas de la inseguridad que se agrava sin reconocer límites. Lamentos, todo tipo de cambios de hábito, angustia y hasta desesperación. Las circunstancias no mejoran, ni siquiera se mantienen estables, empeoran. Basta ver las noticias locales: asesinatos salvajes, entraderas y salideras cada vez más violentas, ancianos infartados por la violencia de los atracos, "rompepuertas", motochorros recorriendo a su antojo zonas liberadas, comercios robados casi diariamente, familias que deben abandonar sus casas. La situación se desbordó. Los delincuentes y asesinos captan que Rosario está abandonada a su suerte y atacan cada vez más violentamente. No hay código o límite que no se haya superado. Golpizas y torturas, armas en la cabeza de niñitos, violaciones, extorsiones. Se roban sanatorios, restaurantes, negocios del rubro que sea que se ven obligados a cerrar. Sólo la cantidad de muertos producto de la delincuencia en la Argentina equivale a tres guerras de Malvinas al año, en dos décadas 54 mil muertos. Y a esta cifra, según los expertos, hay que multiplicarla por 10 si se abarca la gente que ha quedado afectada. El libro "Nunca Más" reporta 7.383 desaparecidos en los dramáticos siete años de la dictadura militar. Hoy, en menos de tres años, las muertes violentas alcanzan esa cifra. Muy penosamente Rosario registra una altísima tasa de homicidios similar a la de Puerto Príncipe o la de Managua, incorporándose a la lista de las 20 ciudades más violentas del mundo. Santa Fe, según fuentes oficiales nacionales, va también a la cabeza en homicidios muy cómodamente, triplicando a Córdoba. En algunas de las ciudades latinoamericanas citadas en las estadísticas los homicidios se producen en un altísimo porcentaje en zonas focalizadas, en riñas de fin de semana y por el alto consumo de alcohol o enfrentamientos barriales. Aquí casi todos, en cualquier circunstancia, somos blanco. Falta de ejemplo, abandono del rol de gobernantes, circunstancias que nos han inmerso en esta ley de la selva, la ley del más violento. Y en esa ley los que más pierden son los que menos tienen. Robados, abusados, sin tener posibilidad de defensa. Se tocó fondo. En estas condiciones no hay proyecto familiar o de negocios viable. Queda todo librado a la esperanza de que "no nos toque a nosotros". Es peligrosísimo naturalizar lo que sucede, no es normal, no es lógico, no es imposible de solucionar. Hay casos donde se pudo salir: hace no tantos años Miami y Nueva York eran invivibles, asediadas por capos narcos y mafias, policía comprada, zonas rojas y descontrol. Gestiones valientes, profundas y ejecutivas lograron transformaciones en poco tiempo. Se trata de la aplicación de la ley con rigurosidad y ejemplo. Si no se ejerce la autoridad se produce esta particular "guerra civil" donde sólo una de las partes está armada; donde la sociedad vive "presa en libertad", repletos de sistemas de alarma, de vigilancia, de rejas y sobre de miedo. En políticas de obra pública, de planeamiento, de pintar bicisendas o de turismo se puede fallar, se puede no hacer nada, pero en seguridad se trata de vidas. Las autoridades deben asumir el rol que el pueblo delega, hacerse cargo. Trabajar profesionalmente, son vidas. Es un momento demasiado crítico para no tomarlo en serio: si los funcionarios actuales no pueden, no saben o no quieren, deben dar un paso al costado o serán responsables por abandonar el rol principal para el que están donde están: velar por la vida de las personas, de las familias que habitan esta bendita ciudad, esta sufrida provincia.

Miguel J. Culaciati / DNI: 17.276.212

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