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Domingo 16 de Agosto de 2015

Rosario: esta y aquella ciudad

La reciente publicación por parte de la Editorial Municipal de la continuidad de una obra destinada a reflejar a los rosarinos y su paisaje revive la vigencia de un trabajo ya clásico que la Vigil lanzó en 1970

Rosario es una ciudad que no se caracteriza por la reflexión ni por la introspección: lo suyo es actividad pura. Sumergida desde su origen en el vértigo del trabajo, fue hacia adelante sin tiempo para mirarse en el espejo. Sólo unos pocos historiadores, escritores y cronistas rescataron los hechos de la vida cotidiana en sus calles.

Pero en 1970 un libro brillante y precursor vino a llenar ese vacío. Rosario, esa ciudad, publicado por la Editorial Biblioteca Constancio C. Vigil, abrió una perspectiva nueva: la de los rosarinos pensándose y mirándose a sí mismos. Provocativo, enfrentado con los valores del establishment, retrató la urbe proletaria, sin miedo de la marginalidad ni la crudeza. Fue un gran éxito y quedó como un espejo donde mirar lo que fuimos. Porque los tiempos cambiaron.

Hace poco, y con un claro sentido de homenaje, la Editorial Municipal lanzó Rosario, esta ciudad 2, continuidad de Rosario, esta ciudad, publicado hace cinco años. Lo que sigue es un balance de dos libros, que va desde el presente al pasado.


La imagen como discurso único

Ser residente en la ciudad como única condición, con la fotografía como objeto a concursar. Sin importar formato, con seudónimo o nombre completo, profesionales, aficionados, sin restricción de edad ni lugar de nacimiento. Residentes en la ciudad, esa condición es sin dudas el sello de agua que se extiende sobre Rosario, esta ciudad 2, el libro que surge como resultado del concurso de fotografía impulsado por la Secretaría de Cultura de la Municipalidad de Rosario y materializado por la Editorial Municipal de Rosario (EMR).

Son 101 fotografías. Elegidas entre una o diez que cada participante podía enviar, en blanco y negro o color, bajo cualquier procedimiento técnico, analógico o digital. Fotos, muchas, sobre una sola ciudad, Rosario.

Aspectos generales o particulares de Rosario, ahí estaba la clave, en el artículo tercero de las bases del concurso que dejaba entender que las fotografías debían ser actuales. ¿Pero no hay huellas de otra ciudad en la ciudad actual?

En menos de un mes se inscribieron 183 concursantes que presentaron 1.634 fotos. Cada una de ellas, cada fragmento de la ciudad, pasó por un jurado compuesto por un artista plástico, Daniel García, y dos fotógrafas, Gabriela Muzzio y Gisela Volá.

Ese libro, y no este, contenía más de cien imágenes que captaron escenas de la vida cotidiana. Carlos Saldi, el fotógrafo que nos permite hasta hoy conocer qué ocurrió en el Rosariazo, coordinó el equipo de fotógrafos. Ese libro, y no este, tenía además textos escritos por Carlos Alberto Garramuño, Rafael Oscar Ielpi, Juan Carlos Martini, Jorge Riestra y Rodolfo Vinacua.

La idea de realizar este concurso es actualizar aquellas imágenes de 1970, actualizar la mirada sobre la ciudad. Su propósito es la captación fotográfica de la urbe que no se limite al centro, los bulevares, las barrancas, los monumentos y el paisaje ribereño, su costado más histórico, transitado y convencionalmente fotogénico, sino que abarque también los paisajes y barrios del norte, el oeste y el sur, que también hacen a la imagen total de Rosario.

Una imagen total, quizá eso busquen los fotógrafos: una imagen que signifique la ciudad, que pueda ser transmisora de esa conjunto que se suele llamar ciudad.

El jurado eligió 58 ganadores del concurso. Algunos son fotógrafos, todos dicen residir en Rosario. La condición inapelable del concurso y de la ciudad, seguramente. Sus imágenes, sus fragmentos, únicos, quizá no componen una imagen total. Quizás, no. Sí es probable que la desestructuren, provoquen estallidos de su totalidad para encontrar el detalle, lo parcial, lejos de toda neutralidad.

La ciudad que hoy los autores de Rosario, esta ciudad 2 retratan muestra edificios que se complementan y que aún se dibujan en el cielo o forman temibles murallas. Exhiben un puerto limpio, con el ir y venir de barcos, y el río como huella y sosiego.

Hay como un vaivén en la mirada de quienes salieron a la caza de imágenes. Desde el presente hacia atrás y hacia adelante. Entre lo vintage y el futurismo. Y en ese movimiento parece ubicarse la búsqueda de la ciudad del presente, que también permite mostrar el rostro de vecinos, interiores.

Hay fotos formales, instantáneas, hay búsquedas estéticas, periodísticas, algunos retratos, tomas aéreas y también minimalistas. El día y la noche, los oficios y el humor.

Hay una ciudad que se asoma a través de cada fragmento, de cada mirada.

Luces y sombras que imprimen imágenes que forman un repertorio palpable, hasta en lo simbólico.

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