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Domingo 17 de Noviembre de 2013

Rosario, ¿Ciudad Juárez?

No había ninguna necesidad. No hacía falta calificar a Rosario como la Ciudad Juárez de nuestro país. No agrega nada a la hora de abordar la cuestión salvo un desprecio social y, probablemente, un perjuicio económico que puede sobrevenir por temor a los que evalúen la ciudad para sus negocios.

No había ninguna necesidad. No hacía falta calificar a Rosario como la Ciudad Juárez de nuestro país. No agrega nada a la hora de abordar la cuestión salvo un desprecio social y, probablemente, un perjuicio económico que puede sobrevenir por temor a los que evalúen la ciudad para sus negocios. Rafael Bielsa supera en mucho la media de formación y calidad intelectual de la dirigencia política argentina y es muy rico a la hora de hablar y escribir honrando el idioma y el estilo. Por eso, desentonó innecesariamente cuando en un reportaje tituló a nuestra ciudad como el paradigma mejicano de la extrema violencia por el narcotráfico. Al criticar esto no hay chauvinismo rosarino ni mucho menos. Quizá, cómo no, orgullo y mucho afecto por una ciudad querida y respetada que pasa por una inédita situación de inseguridad.
Caben dos explicaciones para el exabrupto. Indignación ante los homicidios reales de este año que nubló el uso de las comparaciones o pase de factura política. Por lo primero, Bielsa desarrolló cuando fue titular de la secretaría de estado contra el narcotráfico un exhaustivo mapa de la droga en la provincia y en particular en su ciudad más importante. Estaba al alcance del funcionario (y periodista) que lo quisiera el saber dónde, de qué forma, en qué magnitud llegaba y con quiénes, cómo se procesaba y se vendía la droga en la zona. El socialismo miró hacia otro lado y prefirió tensar la cuerda de su pelea (en algunos casos justificada) con el gobierno nacional y exigir que la gestión de Cristina Kirchner tratase a Santa Fe como merecía. “Es jurisdicción nacional el tema”, se cansaron de repetir como único plan de acción. El negocio narco siguió avanzado. La casa rosada fue mezquina y no movió un dedo entonces ni lo hará ahora. Y si no, baste como ejemplo las incalificables declaraciones del vice ministro de seguridad Sergio Berni de esta semana que acusó a la justicia federal de todo el fracaso de la lucha antiestupefacientes. ¿Autocrítica? Cero. “Jueces que duermen la siesta”, arguyó. “No van al monte porque les tienen miedo a las serpientes y a las arañas”, pretendió ser irónico. Salvo el presidente de la Asociación de Magistrados Luis María Cabral que lo tildó de ridículo, el resto de los jueces callaron. ¿No hay un límite, aún por los que imparten justicia, para soportar semejante indignidad? Hasta ahora parece que no.

La otra razón por la que Rafael Bielsa puede haberse sentido instado a usar esa poco feliz comparación reside en la política. El ex canciller desprecia la calidad del gobierno iniciado con Hermes Binner al punto de poner en él límites personales irreconciliables. El kirchnerismo, su lugar de militancia, cree que el PS en Santa Fe y De la Sota en Córdoba pasaron al bando de los enemigos. Todo sumado da un resultado de querer aprovechar electoralmente o en cuestión de imagen el deterioro de un gobierno estadual. Si es así, la mezquinad en la política argentina perforó todo límite. Primero, no saben leer que en las urnas casi el 45% de los votos de ciudadanos, que no lucen masoquistas, fue para Binner y que el “neoreconvertido” kirchnerista Obeid quedó tercero. Luego, porque ese gesto no es propio de un hombre de bien como Bielsa. Pertenece sí a los que desde Capital Federal han hecho y harán cualquier cosa por despejar el terreno de opositores. El socialismo no puede encontrar siempre las culpas en los otros. Claro que en la Buenos Aires del ahora aliado Scioli, en la Salta del potencial delfín Urtubey o en el mismo territorio federal en donde reside el cuasi afónico jefe de Berni, pasa lo mismo que en Rosario o en Santa Fe y no se estigmatiza al punto de usar el nombre de ciudades mejicanas. Pero el mal de muchos, no excusa para la inacción en este tema y para la errática política de seguridad que se ha tenido en nuestra provincia.

El kirchnerismo, por su lado, debería dejar de jugar con tanta épica retórica y adjetivaciones delirantes que no aportan ni un paso en la solución del tema y destinar un plan en serio alejado de los diagnósticos alucinatorios del INDEC poniendo sus fuerzas de seguridad en todo el país a combatir el negocio narco que florece día a día. Porque, y no hay metáfora, nuestros hijos mueren por la droga y las balas de ese negocio a la vista de todos.

La dama regresa: Cristina Fernández reasume mañana como Presidente de la Nación. Eso se desprende del tacaño comunicado escrito de la secretaría de medios de hace ocho días y de los movimientos de los ministros del gabinete nacional. Agustín Rossi y Florencio Randazzo dijeron abiertamente que retoma su función en plenitud de tareas. Mercedes Marcó del Pont habló por primera vez de problemas de divisas y auguró medidas no ortodoxas. ¿Finalmente un dólar para el turismo y las compras en el exterior a 8 pesos? Eso suena fuerte. Con menor vigor se habla de un tope anual a los gastos realizados fuera de los límites nacionales. Un juez federal que suele cerrar rápidamente las causas que perturban al kircherismo fue terminante en un almuerzo de despedida de año organizado por una marca de primera línea: “Ni yo firmaría que eso es constitucional”.

Un senador del oficialismo no tuvo respiro esta semana agilizando el tratamiento de la unificación del Código Civil con el de Comercio. Allí apareció otra vez la Iglesia católica conservadora vetando para todos y todas, creyentes o no, procedimientos de fertilización y alquiler de vientres o criticando con prisma medioeval los nuevos modos de divorcio. Nadie, en serio, logró desentrañar qué cosa son los derechos de incidencia colectiva que según la laxa redacción del código superan a los derechos individuales. Nada importa. Hay que sacarlo antes del 10 de diciembre, dicen desde casa rosada. “Va a ser un emblema de la vuelta de la Jefa”, le dijo en reserva a este cronista el mismo legislador.

Si es así, habrá que ver en esta impensada premura para desempolvar un proyecto que el gobierno cajoneó un año un gesto de lo que vendrá un símbolo de los tiempos que vienen. Deseo de quedar grabados en la historia a la par de Vélez Sarsfield o Guillermo Borda. Demasiada ampulosidad en un país que exige al gobierno medidas distintas, cotidianas y prácticas que corrijan rumbos. Eso se desprendió del resultado del 27 de octubre. Quien quiera oír, que oiga.

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