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Lunes 19 de Marzo de 2012

Robos fantasmales en zona de operaciones financieras

El robo de un maletín con dinero que terminó con tres personas baleadas en el corazón de la ciudad, una de ellas muerta, es motivo justificado para la conmoción.Para analizar un hecho complejo es importante, sin embargo, evitar simplificar todo a ecuaciones binarias.

El robo de un maletín con dinero que terminó con tres personas baleadas en el corazón de la ciudad, una de ellas muerta, es motivo justificado para la conmoción. Para analizar un hecho complejo es importante, sin embargo, evitar simplificar todo a ecuaciones binarias. No siempre las cosas se aclaran distinguiendo a un bueno y a un malo, a un agresor y a una víctima. Esta explicación de las cosas pocas veces explica algo. Bajo el tipo de violencia visible suele haber otra complejidad. Casi nunca un hecho tiene una sola explicación.

Con la precaución obligada de no hablar de un caso muy preliminar, para no cometer injusticias, sí puede decirse que los arrebatos de dinero en la zona de Corrientes y Córdoba son mucho más frecuentes que denunciados. ¿Por qué razón? Porque es el distrito de las operaciones con dinero negro. Sin embargo atracos de este tipo en estacionamientos, umbrales de edificios o inmediaciones de la zona, por ejemplo, han merecido constantes coberturas de prensa. Se trata de episodios fantasmales, tanto por su fugacidad como por el hecho de que las víctimas se muestran poco inclinadas a hablar, acaso para evitar incómodas pesquisas sobre las rutas del dinero.

Sin delincuentes dispuestos a hacer fuego, no hay duda, la secuencia del viernes no habría existido. Pero acá hubo un custodio que resolvió frenar un delito a los tiros a las cuatro de la tarde en un lugar atiborrado de peatones. Una empleada de la Bolsa de Comercio terminó con un balazo en el abdomen. La pregunta no es original: ¿preservar un bien es importante a cualquier costo?

La violencia del arrebato del viernes, un hecho de sangre, iluminó un tipo de acto que en general queda en penumbras. Sin hablar de este caso en particular, ni posar ninguna sospecha, nadie ignora que la zona de estos arrebatos está llena de las llamadas “cuevas”, sean legales o no, donde se hacen transacciones con dinero no declarado, se cambian cheques y se negocian divisas lejos del control fiscal. Descuidistas y ladrones lo saben tan bien como cualquiera. Lo que más saben es que si intentan un arrebato, por estas razones y para su tranquilidad, no habrá denuncia. Ayer un oficial contaba que es común que un testigo avise al 911 de un delito de estos. Y que al llegar el patrullero la víctima adopte gesto extrañado. “No me robaron, vayan tranquilos, acá no pasó nada”.

Esto alienta la inseguridad concreta pero queda en la cifra negra del delito. Por eso es importante que a ciudadanos y dirigentes políticos a los que les preocupa la criminalidad hagan foco en todos los factores que producen inseguridad. Y por ello no lo es menos que el juez Javier Beltramone, como se propuso hacerlo, investigue todos los hilos de esta trama, que al fin y al cabo es lo que debe hacerse en cualquier hecho delictivo. Con un tiro en cada pierna, Miguel Angel Aun es la víctima de un robo. Pero esto es la faz inicial de un hecho inquietante que acaso, por ahora no lo sabemos, contenga más de una explicación.

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