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Sábado 01 de Agosto de 2015

Riesgos y problemas de la tecnoadicción

Investigadores de la Universidad Nacional de Córdoba diseñaron un test psicológico para diagnosticar cuánto afecta este mal.

J.S., de 29 años, es un profesional de la comunicación. Tiene dos celulares, televisión interactiva, notebook, netbook, PC, disco externo, reproductor MP3, DVD portátil, cámara digital y consola de juegos. “Siento que me muero sin los teléfonos; jamás los apagaría, se inventaron para estar siempre comunicados”, grafica el joven y reconoce que pasa horas en internet buscando tecnologías de última generación; piensa constantemente en juntar dinero para comprarla o en cuánto tiempo falta para que tal o cual tecnología llegue al país.
  Según los especialistas, la sensación de vacío y soledad que J.S. experimenta al perder contacto con sus aparatos revela un uso conflictivo de la tecnología. Por definición, la “tecnoadicción” refiere al uso patológico o la dependencia de las tecnologías de la información y comunicación (TIC). Es una adicción comportamental, esto es, la realización de una conducta que por sí misma no es perjudicial, pero que se torna problemática por su ejecución excesiva y/o compulsiva. “Es un patrón conductual que produce malestar o deterioro en la vida del sujeto que lo ejecuta”, aclara Leticia Luque, investigadora de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) y especialista en la temática.
  En la actualidad, sus consecuencias parecen pasar inadvertidas en la sociedad. Si bien el tema despierta interés en la comunidad científica, todavía es difícil identificar los signos propios del trastorno para poder diagnosticarlo. Por este motivo, Luque y Emanuel Aramburu —quien realiza su proyecto de doctorado bajo la dirección de la investigadora— elaboraron un instrumento de medición que permite detectar la adicción a la tecnología como un todo y clasifica a los sujetos en “usuarios”, “abusadores” y “dependientes” (uso patológico). La herramienta ya se aplica en estudios descriptivos sobre la problemática, aunque todavía no llegó a los consultorios psicológicos.
  La “Escala Diagnóstica de Adicción a la Tecnología” delineada por Luque consta de 37 afirmaciones, entre las que figuran algunas como “Sólo cuando uso internet (por ejemplo Facebook) me puedo olvidar de situaciones desagradables y/o conflictivas de mi realidad”; “Me siento aislado cuando no tengo o no puedo usar mi teléfono móvil”; “Considero imprescindible tener TV en mi habitación”; “Cuando me siento aburrido o solo, comienzo a enviar SMS”; “Siento que me falta algo cuando la computadora no está encendida”. La persona indagada debe asignar a cada una de esas frases un valor que puede ser “totalmente de acuerdo”, “de acuerdo”, “en desacuerdo” y “totalmente en desacuerdo”. A cada respuesta, el especialista le asigna un valor que, sopesado globalmente, permite determinar el uso abusivo y patológico de las tecnologías.
  “Un tecnoadicto no necesita ser un adicto a la televisión, a los videojuegos y al teléfono; basta con que sea un abusador de todo o adicto a una y abusador de otras, porque su existencia gira en torno de y su bienestar depende de un objeto: la tecnología, sin importar cómo se llamen los dispositivos”, aclara.
  De todos modos, los resultados del instrumento deben complementarse con observación de comportamientos (horas y tipo de uso diario); indagación sobre posesión y adquisición de TIC; evaluación de consecuencias físicas, sociales, vinculares, económicas y psicológicas derivadas del uso, además de una valoración del estado emocional.
  Según Luque, a nivel internacional existen distintos test y cuestionarios que miden este tipo de adicciones, pero que consideran cada tecnología de manera independiente y describiéndolas por separado. “Nosotros hicimos un instrumento que mide cuatro adicciones tecnológicas por separado, más el rasgo de personalidad búsqueda de novedad, y un factor de segundo orden que mide adicción a la tecnología como un todo”, completa.
  Respecto de los factores que confluyen para desencadenar esta patología, Luque menciona la existencia de problemas emocionales como depresión, ansiedad y soledad, así como rasgos de una personalidad impulsiva, introvertida y rígida. No obstante, reconoce la influencia de estímulos externos, como la falta de comunicación, la cultura consumista, la gran disponibilidad de productos, el abaratamiento de los costos y lo perecedero de las TIC. “Son el caldo de cultivo para generar nuevos adictos cada día”, sintetiza la investigadora.

Tratamiento.  Sobre el tratamiento, asegura que el primer paso es diagnosticar correctamente y aclara que exigir la abstinencia total para romper el ciclo adictivo es un error. “No se puede impedir el uso de la tecnología en un mundo del que ésta forma parte en todos los ámbitos. Aislar al paciente de las TIC es impensable y, si fuera posible, se lo estaría convirtiendo en un analfabeto funcional”, advierte. Propone, en cambio, eliminar el comportamiento desadaptativo mediante la modificación de pensamientos, actitudes, valores y la creación de un nuevo estilo de vida que consista en usar tecnología pero sin depender de ella.
  En su experiencia, es una enfermedad difícil de afrontar. Estudios demuestran que muchos tecnoadictos padecen también otras patologías relacionadas como la ludopatía, la adicción al trabajo, o a la compra compulsiva. “La situación se torna más compleja si se considera que en Argentina hay muy pocos profesionales formados en este campo y que existe sólo un centro especializado para atender pacientes que las sufren”, remarca.
  Creencias adictivas. La escala de tecnodependencia es un instrumento útil para evaluar el uso abusivo y patológico de las TIC y permite diagnosticar trastornos en relación a ellas. Fue creada en el marco de un proyecto apoyado por la secretaría de Ciencia y Tecnología de la UNC en el período 2010-2012. Sin embargo, no detecta el sistema cognitivo que originó y mantiene esas adicciones. Por este motivo, y como complemento, Luque elabora y ajusta una nueva escala que permitirá detectar las creencias adictivas de los sujetos en torno de su objeto de consumo (tecnología) y que tendrá valor en el ámbito clínico en forma exclusiva.
  Argentina Investiga/ Andrés Fernández - María José Villalba (Universidad Nacional de Córdoba)
 

Señales de alarma

Entre los diferentes comportamientos más comunes y a tener en cuenta para identificar un uso problemático de las TIC, se encuentran:

• Dedicar más de cinco horas a un uso no estrictamente necesario.
• Pérdida de la noción del tiempo.
• Intentos fallidos de limitar el uso.
• Sentir euforia o alegría muy intensa por el uso de la tecnología.
• Irritación por la imposibilidad de uso o acceso.
• Irritabilidad por las interrupciones.
• Pensamiento obsesivo.
• Descuidar relaciones y actividades importantes.
• Críticas y quejas del entorno socio-familiar y laboral/educativo.
• Mentiras, ocultamiento y negación sobre el uso real que se hace.
• Aislamiento social.
• Aparición de problemas físicos (tics, alteración de la vista, cefaleas, malas posturas).
• Privación del sueño-comida a causa del uso.
• Alteración de hábitos de limpieza y alimentación.
• Sueño alterado e irritabilidad por descanso interrumpido.

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