Juegos Olímpicos Río 2016
Lunes 22 de Agosto de 2016

Resultados para decodificar detrás de los escritorios

Más allá de las medallas del deporte argentino hubo fracasos, ciclos cumplidos y actuaciones por las cuales apostar pensando en Tokio 2020. El mensaje de lo sucedido es para las autoridades.

Cerrados los Juegos es inevitable el balance general, no sólo el de los resultados sobresalientes. El requisito innegociable es que sea minucioso y descarnado para que sirva. Sin temor a las palabras, que son sólo eso, palabras que pueden hacer las veces de disparadoras para mejorar, cambiar o para sostener si son las adecuadas. Más allá de las medallas y los diplomas, Río 2016 le dejó a Argentina un combo de ratificaciones, de gratísimas sorpresas y también de fracasos que, por suerte, fueron los menos. En el copón de la delegación albiceleste también hubo un alto porcentaje de deportistas que disputaron sus últimos Juegos y otros que se instalaron como promesas para Tokio 2020.

   En el medio del fervor y la tremenda emoción que representaron los podios, también hubo actuaciones que quedaron drásticamente en la columna del debe. Se insiste, sin temor a las palabras, hubo dos grandes fracasos argentinos en Río: el fútbol masculino y el hockey sobre césped femenino.

   Más allá de las cuestiones institucionales, los jugadores de fútbol suelen vivir en una nube que no les afecta demasiado el exterior, pero al margen de esa característica, ponderable para el juego, no tanto para construir una conciencia social, el rendimiento del equipo del Vasco Olarticoechea fue, francamente, un desastre.

   Como si sus propios resultados no fueran suficientes (sólo pudo vencer a Argelia, perdió con Portugal y empató con Honduras), las actuaciones posteriores de portugueses y hondureños, que fueron los clasificados, no ayudaron demasiado. Pero, adviértase que la referencia es más al rendimiento que a los resultados, que generalmente vienen de la mano, pero que a veces suelen ser una lotería o hasta mala suerte. No es este el caso.

   De regreso a los rivales de la zona, Portugal se cruzó con Alemania en cuartos de final y perdió 4 a 0. Honduras, que tuvo un cruce benigno en cuartos y superó 1 a 0 a la endeble Corea del Sur, perdió 6 a 0 con Brasil en semifinales. Suficiente.

   Aunque aquí se hayan disputado Juegos Olímpicos, en el microclima del fútbol hace más ruido todavía que Brasil se haya colgado la medalla de oro. Y ya con un poco de maldad, también inquieta que la de plata haya sido para Alemania. Ambos son los parámetros con los que debe medirse a la Argentina y llegaron a la final.

   Y si los parámetros del fútbol profundizan el fracaso de la selección de Olarticoechea ni hablar de Las Leonas, que llegaron a Brasil como candidatas tras imponerse en el Champions Trophy de Londres que terminó el 26 de junio, hace menos de 2 meses.

   El rendimiento del equipo de Gabriel Minadeo fue, cuanto menos, desconcertante. Argentina terminó séptima tras caer 3 a 2 ante Holanda en cuartos de final luego de estar 3-0 abajo y con chances de empeoramiento. Ese resultado maquilló un rendimiento francamente deficitario frente a las primeras del ránking y derrotadas por Las Leonas en la final de aquel Champions Trophy. De todas maneras, con Holanda es muy posible perder, son selecciones de un nivel muy similar. El problema es lo que sucedió antes para que el choque de cuartos de final fuera ante el mejor equipo del mundo.

   Las chicas perdieron 2 a 1 con Estados Unidos, se impusieron 4-0 a Japón, fueron derrotadas 3-2 por Gran Bretaña, cayeron 1-0 con Australia y golearon 5-0 a India.

   Tras eliminar a Argentina, Holanda no volvió a ganar: empató con Alemania (1-1) y pasó por penales e igualó con Gran Bretaña (3-3) y perdió el oro por la misma vía.

   De los verdugos de la fase de grupos sólo progresó Gran Bretaña. Estados Unidos perdió 2-1 con Alemania y Australia 4-2 ante Nueva Zelanda, ambos en cuartos de final.

   Más allá de este mejunje estadístico, el hecho de que el campeón no haya sido Holanda profundiza el impacto.

   El fútbol y el hockey femenino son, por lejos, las dos notas negativas de estos Juegos para Argentina. El lado amable, parafraseando al inolvidable Chespirito, se encuentra en la gran cantidad de recursos humanos que tienen ambos deportes para revertir esta mala experiencia. En fútbol masculino y en hockey sobre césped femenino, Argentina puede tranquilamente ganar el próximo torneo que juegue. Para ello será muy importante decodificar el mensaje de Río.

   El atletismo sigue siendo una materia pendiente y parece que seguirá así. Hay ciclos claramente cumplidos y otros por los que habrá que apostar fuertemente.

   Argentina tuvo 13 representantes (6 en maratón, 1 en marcha atlética, 1 en 3.000 metros con obstáculos, 1 en lanzamiento de bala, 1 en lanzamiento de jabalina, 1 en lanzamiento de disco, otra en lanzamiento de martillo y 1 en salto con garrocha) y sólo pasaron a la final Germán Chiaraviglio, que terminó 11ª, y Brian Toledo, que quedó 10ª.

   Los ojos y el esfuerzo deben posarse claramente sobre Toledo que, con apenas 22 años, tiene con qué. Si la idea es optimizar el rendimiento de los deportistas, el recambio se hace impostergable en la mayoría de los casos por más desagradable que se lea.

   Podría suponerse que la natación intenta reconvertirse con el protagonismo de Federico Grabich, que no tuvo unos buenos Juegos, al menos en los resultados, pero la realidad marca, mirando alrededor, que lo del casildense es más producto del esfuerzo y la jerarquía individual que de un proceso.

   Lo mismo corre para el nado sincronizado. Las mellizas Etel y Sofía Sánchez transitan un camino de acuerdo a sus posibilidades, pero si ellas no estuvieran no habría representantes en la especialidad. Así de concreto.

   El boxeo, el deporte que más medallas le entregó a Argentina en la historia olímpica, necesita una renovación urgente. Quizás ese cimbronazo debería involucrar a las autoridades. Seis representantes con muy mediocres actuaciones más allá de que alguno haya rozado la medalla de bronce.

   El remo y el canotaje son dos de los deportes que, claramente, necesitan apoyo para desarrollarse. Potencialmente Argentina tiene deportistas competitivos en esas disciplinas, pero con las potencialidades solas no alcanza.

   El ciclismo parece vivir una etapa de renovación que por ahora no ofrece mayores proyecciones, pero la presencia de Juan Curuchet en el Comité Olímpico sugiere mejoras en un deporte en el que en 2008, por ejemplo, Argentina ganó una medalla de oro, aunque fue en una modalidad que ya no está en el programa olímpico.

   El saldo del yachting, el segundo deporte en cantidad de medallas para Argentina en el historial olímpico, es, por supuesto, muy positivo por la medalla dorada de Cecilia Carranza Saroli y Santiago Lange en la clase mixta Nacra 17 y el diploma (fueron séptimos) de los hijos de Santiago (Yago y Klaus) en 49er, pero si se cumple con el ejercicio de la exigencia extrema, hay algunos competidores que ya cumplieron su ciclo.

   La gimnasia, el levantamiento de pesas y la lucha dejaron resultados muy aceptables con deportistas muy jóvenes. Los ojos de la Secretaría de Deportes y el Enard deberían posarse ahí también. Hay futuro.

   Párrafo aparte para Paula Pareto, que más allá de la medalla de oro, no debería quedarse sólo en lo competitivo. Como dijo Carranza Saroli de Lange padre tras ganar en Marina da Gloria. Lo mismo corre para Peque: "Es una persona para exprimir en Argentina".

   Quedarán algunos deportes pendientes, pero como se intenta hacer una reseña y no escribir un libro, mejor pasar directamente a los deportes de conjunto con excepción de los ya tratados y al tenis.

   Los Leones fueron el gran impacto de los Juegos. La gran revelación y una muestra conmovedora de esfuerzo, temperamento y superación. Y un entrenador, Carlos Retegui, que a esta altura también debería ser aprovechado fuera del banco de suplentes. Es un personaje para tener muy en cuenta. Hasta aquí protagonizó dos finales olímpicas.

   La selección de vóley masculina, dirigida por el genial Julio Velasco, fue una especie de campeón sin corona. Tuvo una actuación histórica, terminó primera en la fase de grupos por encima del ex campeón olímpico (Rusia) y del actual campeón mundial (Polonia) y debió cruzarse con Brasil, que ayer ganó la medalla dorada. Mucha mala suerte para un equipo que merecía estar en la pelea por el podio. Como el hockey masculino fue otra muestra de superación y profesionalismo.

   El rugby seven estuvo a un penal de pelear por las medallas, pero sin dudas compitió a la altura de las circunstancias. No es poco. Volvió a los Juegos después de 92 años y Argentina dejó una buena imagen.

   A propósito de estar a la altura de las circunstancias, ya se escribió muchísimo sobre la selección de básquet. Fue un verdadero placer observar la despedida de la Generación Dorada, aunque Scola diga que ya dejó de existir hace años. Chapeaux.

   Fue muy floja la actuación de la selección masculina de handball, con apenas una sufrida victoria sobre Túnez, y de una pobreza franciscana, aunque previsibles, las de las selecciones femeninas del mismo deporte y de vóley.

   Las Panteras apenas pudieron vencer a Camerún en el tie break y la Garra perdió todos los partidos.

   El tenis, un deporte que depende mucho de las jerarquías individuales, asistió al retorno al máximo nivel de Juan Martín Del Potro y Argentina disfrutó de sus bondades con la medalla de plata.

   Fue una semana tremenda de la Torre de Tandil, que sólo tropezó con el menor trajín de Andy Murray en la final. Fue de lo mejor de los Juegos.

   Claros y oscuros de una delegación cuyo mayor aporte fue el mensaje para las autoridades. Decodificarlo será el mejor aporte que podrán hacer desde los escritorios para los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.

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