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Sábado 26 de Marzo de 2016

Repaso por la historia del sindicalismo de maestros de escuelas privadas de Rosario

El testimonio de profesores y estudiantes sobre cómo trabajar por la verdad y la justicia desde las aulas. También el de una docente rosarina que debió exiliarse en España durante la dictadura.

La Coruña, Galicia, 16 de marzo de 2016

Al cumplirse 40 años del Golpe militar argentino, rodeado de actos de repudio en todo el país a esa "página negra" de nuestra historia y al conocer la existencia del homenaje a los docentes desaparecidos por parte de Sadop, me ha llevado a reescribir parte de la historia del sindicalismo de los maestros de escuelas privadas de Rosario. El recuperar los pasos dados y el intentar volver a recuperar la "memoria" me ha hecho vivir todo aquello con una emoción muy grande, también con dolor, y por otra parte con un reconocimiento enorme hacia todos los compañeros desaparecidos, en especial a Graciela Lo Tufo, a ella va dedicado este trabajo, escrito en Galicia que es donde vivo.

Docentes privados. A finales de la década de los sesenta, los docentes de escuelas privadas no teníamos sindicato propio. A raíz de las movilizaciones de los docentes de escuelas públicas que luchaban por conseguir sus reivindicaciones, de las que después nos beneficiábamos nosotros también, empezamos a reflexionar. Al comienzo fuimos un grupo pequeño que nos acercábamos a la Casa del Maestro a las asambleas informativas; al salir de ellas nos quedábamos a hablar sobre la "neutralidad" que manteníamos y a qué se debía.

Miedo, esa era una de las causas que más inmovilizaba al docente de la privada. No habíamos entrado por concurso, no teníamos estabilidad, y en muchos casos la patronal presionaba: "Un maestro no puede ir a la huelga, la vocación ante todo, los alumnos quedan sin clase...".

Este grupo, pequeño al principio, hizo de nexo en cada escuela: en los recreos comentábamos las informaciones de las asambleas. El grupo fue creciendo y cada vez veíamos más clara la necesidad de sumarnos a los docentes públicos en la lucha por las reivindicaciones comunes.

En todas las provincias fueron surgiendo estos movimientos.

La patronal propuso, entonces, formar una Mesa de Acuerdos de Docentes de Escuelas Privadas (Madep). Nos convocaron a congresos celebrados en Mar del Plata. En ellos se hablaba de las condiciones de trabajo y las reivindicaciones, pero sobre todo trataban de hacernos ver que deberíamos defender la escuela privada y que la pública iba en contra nuestra y no podíamos salir juntos.

Vimos muy pronto la intención, el contacto con compañeros de distintas partes del país nos ayudó a no crear un sindicato amarillo tutelado por la patronal.

Nos seguimos reuniendo en la Casa del Maestro. Los compañeros de la pública llevaban mucho tiempo de lucha y nosotros estábamos en los comienzos y como todo comienzo, fue duro. Debíamos vencer el miedo y la inercia de nuestros compañeros. Fue un trabajo de hormigas. Cotidiano, lento, cuidadoso; primero en nuestros propios centros de trabajo, y luego extendiéndonos a otros. Al maestro de la escuela privada le costaba asumirse como trabajador. "Eramos docentes".

Decidimos reunirnos en asamblea, el Colegio San José nos prestó el salón de actos y allí se hicieron muchas reuniones, muchos pareceres diferentes y por fin surgió la AEP (Asociación Escuelas Privadas). Se eligió como secretaria general a Olga Requino. Los demás, entre los que estábamos ya Graciela Lo Tufo y yo, éramos parte de la comisión directiva.

Asociación de Educadores de Escuelas Privadas (Aedep). Con el andar de los meses y ante nuevos acontecimientos en la lucha docente: manifestaciones, huelgas, empezamos a notar que la dirección de la AEP no respondía con sus posturas a lo que las bases pedían. Se cambió de nombre y pasó de la AEP a la Aedep, no éramos escuelas privadas, éramos docentes de escuelas privadas.

Las asambleas pedían un giro a la postura de la secretaria general, y como no se dio se formó una nueva lista y se llamó a elecciones. Ganó ampliamente esa nueva lista formada por once personas. La secretaría gremial la llevaba Graciela Lo Tufo, la secretaría general Cristina De Pauli, entre las vocales estaba María Teresa Alfano. Esta nueva lista se mantuvo hasta el golpe militar de 1976.

La Aedep pasó a tener su sede sindical en el Centro Republicano Español. Una habitación, una máquina de escribir y toda la ilusión por conseguir una educación mejor para nuestros alumnos, una situación más digna para nuestra profesión y una sociedad más justa y humanitaria.

Los residentes del Centro Republicano Español, todos ellos exiliados de la Guerra Civil Española, nos contaban sus vivencias; habían hecho de su vida compromiso y trabajo. ¡¡¡Y cuánto... cuánto nos enseñaron !!!

Nos costó muchísimo dejar ese lugar, donde recibimos tanta solidaridad... pero era necesario dar un paso más, siempre logrado a través de las asambleas, teníamos claro que las decisiones las tomaban nuestros compañeros y nosotros las llevábamos a cabo, funcionábamos con asambleas informativas de delegados. Para ese entonces, teníamos delegados en la casi totalidad de las escuelas privadas subvencionadas de Rosario, y después llegamos a las escuelas de los alrededores.

En asambleas resolutivas, con la presencia de todos los compañeros y/o delegados, con los votos de las escuelas, decidimos, funcionar y trabajar juntos en el mismo local del Sinter (Sindicato trabajadores de la educación de Rosario). El secretario general era Carlos de la Torre.

La mayoría de nuestros compañeros se asumían como trabajadores, éste paso fue de una importancia fundamental. Mientras tanto asistíamos a reuniones provinciales y congresos nacionales.

La formación de la Cute (Confederación Única de Trabajadores de la Educación), en Córdoba, nos permitió seguir avanzando... Allí conocimos a un compañero excepcional: Eduardo Requena, cuya claridad en el proyecto de una central única de todos los trabajadores de la educación, públicos y privados del país nos ayudó a empujar del carro con los matices propios de cada sector. Este compañero es uno de los desaparecidos.

Esa reunión de la Cute en Córdoba fue el día del Golpe militar en Chile y de la muerte de Salvador Allende. Recuerdo nítidamente la tristeza que nos invadió y el minuto de silencio que hicimos todos con el corazón apretujado.

Al regresar de cada reunión informábamos a la Junta Directiva y después a los delegados de escuelas y asambleas informativas.

Los viajes de los primeros tiempos de Aedep los pagábamos cada uno. Más adelante y a medida que los compañeros comenzaron a asociarse, empezamos a tener dinero para los viajes y el alquiler.

También hacíamos peñas folclóricas en el Sinter para recaudar fondos. Muchos eran los gastos: papel, impresos, luz, alquiler, viajes...

Aprovechábamos al máximo los autos de los propios compañeros, ¡¡¡cuántos viajes hechos con el Renault de Graciela!!! Era nuestro coche oficial. También Carlos de la Torre ponía su coche a disposición de los viajes.

Nace la Ctera. Después de la Cute y, tras muchas reuniones locales, regionales, provinciales y nacionales, nace la Ctera (Confederación de los Trabajadores de la Educación de la República Argentina). Aún hoy, mi corazón se emociona, al recordar ese hecho histórico, que marcó la unidad de todos los trabajadores de la educación del país.

Acá recuerdo, la figura imborrable de Alfredo Bravo, con el que tuve la suerte de coincidir en varios Congresos Nacionales. Su defensa infatigable por dignificar la educación y la figura del docente, y después su compromiso permanente en la Comisión de Derechos Humanos merece todo mi agradecimiento y respeto. Marcó huella en todos los que tuvimos la suerte de conocerlo.

Volviendo a la Ctera, tengo que aclarar que no fue nada fácil llegar a ello. En asambleas informativas, se iban leyendo los borradores de los articulados más problemáticos. Fue un ir y venir de intercambio de ideas; presencia en los congresos y posterior discusión en las asambleas de base. Ese ir y venir continuo fue a veces algo desgastante pero siempre gratificante. Y Aedep por fin se fusionó con el Sinter. Recuerdo acá el abrazo apretado de Graciela Lo Tufo, como otras de las tantas vivencias que compartí con ella. Así de esa manera Aedep entró en la Ctera. Todos éramos conscientes del gran paso dado por nuestros compañeros de las escuelas privadas.

Algunos (los menos) no lo tenían muy claro, pero todos aprendimos a respetar la decisión de la mayoría y el resultado de las asambleas. La democracia imperó siempre en lo que íbamos haciendo. Los delegados a las distintas reuniones, defendían el mandato de las bases, más allá de que no estuvieran totalmente de acuerdo con él. ¡Cuánto...cuánto aprendimos; cuánto... cuánto luchamos! Como diría Miguel Hernández "Para la libertad, sangro, lucho, pervivo".

Logros.EN_SPACELas reivindicaciones se iban logrando: algo más de estabilidad, no podían despedirnos sin causa justificada, con lo cual el afectado podía defenderse y, en algunos casos lograr la reintegración. María del Carmen Segurado, profesora de educación física del Colegio Santísimo Rosario (de Rosario) sentó precedente sobre este punto. Luego el Golpe militar anuló la sentencia. También se logró la equiparación salarial con los compañeros de la pública y, por supuesto, el derecho a reunión en nuestras propias escuelas para poder informar y debatir, pese a la presión en contra de la mayoría de la patronal.

El último gran paso fue la integración de Ctera a la CGT (Confederación General de Trabajadores).

Lo que se plasma en estos renglones fue vivido en muchas tardes y muchas noches; en muchas reflexiones, en ir y venir, en altos y bajos.

Vivirlo paso a paso fue una de las experiencias más ricas que tuvimos todos los que luchamos por lograr esa unidad, hasta que, el Golpe Militar del 24 de marzo de 1976 nos quitó la libertad. Nos cerraron las sedes sindicales, no pudimos seguir reuniéndonos abiertamente, no se celebraron más asambleas; en realidad quisieron ahogarnos la voz; y aún, falta lo peor, el golpe quitó la vida a muchos compañeros: Nuestros desaparecidos y nunca olvidados.

También obligó al exilio forzoso, entre los que me incluyo.

Este es mi aporte y mi reconocimiento a la hermosa tarea que están llevando a cabo desde Sadop, a través de la seccional Rosario, rindiendo homenaje a los docentes desaparecidos y en especial a Graciela Lo Tufo, compañera del alma, compañera...

(*) Maestra del Colegio Santísimo Rosario de Rosario durante 16 años, hasta abril de 1977. Ex secretaria general de la Aedep.

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