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Domingo 16 de Marzo de 2008

Religiosidad y secularización

Esta semana, previa a la Santa que se avecina, estuvo plagada de notas con cifras, porcentajes y mensajes que interrogan sobre la religiosidad y la secularización, lo sagrado y lo profano.

Esta semana, previa a la Santa que se avecina, estuvo plagada de notas con cifras, porcentajes y mensajes que interrogan sobre la religiosidad y la secularización, lo sagrado y lo profano.

En el periódico oficial del Vaticano (L´Osservatore Romano), Gianfranco Girotti, director de la Penitencia Apostólica, no sólo se mostró alarmado al reconocer que cerca del 60% de los católicos no se confiesa, sino que informó que a los siete pecados capitales (lujuria, gula, avaricia, pereza, ira, envidia y soberbia) ahora se agregarán, como un plus, los sociales: daño ambiental, manipulación genética, narcotráfico, consumo de drogas y acumulación de riquezas. 7+5=12. Pareciera que nadie quedará a salvo bajo el mandato de Benedicto XVI, quien ya al inicio de la Cuaresma había dicho en Roma que se hablaba poco del pecado y que sí existían el cielo y el infierno.

También se conocieron esta semana datos de la última Cumbre de Obispos Latinoamericanos y del Caribe celebrada en 2007 (una nota de Josefina Licitra, en Crítica). En la reunión se calculó que la Argentina perdió un 20% de fieles en las últimas cinco décadas y de esa cifra, un 5% se pasó a las filas del ateísmo. Esta última opción ya agrupa miembros en la Asociación Civil de Ateos en Argentina (Argatea) y cuenta con un libro editado hace pocos meses: “Hijos sin dios. Cómo criar chicos ateos”, del filósofo Alejandro Rotizchner en coautoría con su esposa, Ximena Ianantuoni. Una innovadora e interesante propuesta pedagógica.

Desde Argatea, y en base a datos del Registro Nacional de Cultos, sostienen que la Iglesia Católica recibe del Estado 18,1 millones al año (con los que en 2008 se pagarán jubilaciones a sacerdotes, se mantendrán parroquias y se ayudará a la jerarquía eclesiástica a costear viajes al Vaticano). Y por fuera de ese monto se subvenciona a colegios confesionales.

¿Qué opinarán de esto los más de 300 mil evangélicos (según los organizadores del Festival “Sí a la vida”) que ovacionaron al predicador Luis Palau en la porteña avenida  9 de Julio por estos días?  Porque a este hombre de sonrisa perpetua, nacido en Argentina pero que vive en Estados Unidos, se lo podrá criticar por expresar que vio desde “un punto de vista de seguridad” la invasión de Irak, por regodearse con dictadores o por apoyar a Reagan, Bush padre y Bush hijo. Pero, muy pocos católicos podrán hoy disputarle su masividad.

¿Y qué pensará la comunidad judía de esa ayuda del Estado a la Iglesia Católica, tras la plegaria adoptada el 5 de febrero con el beneplácito del Papa para ser formulada en la celebración litúrgica de este Viernes Santo? En el diario El País de Madrid, el ex presidente de Uruguay Julio María Sanguinetti reflexionó y criticó la oración que dice: “Recemos por los judíos. Que Dios nuestro señor ilumine sus corazones para que reconozcan a Jesucristo, Salvador de todos los hombres. Dios, omnipotente y eterno, tú que quieres que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, concede, propicio, que entrando en plenitud de los pueblos en tu iglesia, todo Israel sea salvado”.

Por último, ¿que podríamos decir quienes estamos a favor de una espiritualidad laica, si nos preguntaran como en Europa dónde contribuir con nuestro diezmo? Cuando los españoles hacen la declaración para el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF) eligen dónde volcar su 0,52 % de cuota, o a la Iglesia Católica o a una ONG. Si no se marca casilla alguna, el dinerillo va a parar al Presupuesto General del Estado con destino a fines sociales. Una iniciativa que genera acaloradas polémicas, pero que al menos goza de consulta y se la discute. Qué bueno.

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