Ovación
Viernes 18 de Noviembre de 2016

Refundados por el vecindario: los clubes El Ceibo y San Martín fueron recuperados

Jóvenes y viejos socios revivieron al club San Martín, en zona norte, y un grupo de mujeres hizo lo mismo con El Ceibo, en el sur. Son dos de los más de 20 entidades de barrio recuperados

Jóvenes y viejos socios revivieron al club San Martín, en zona norte, y un grupo de mujeres hizo lo mismo con El Ceibo, en el sur. Son dos de los más de 20 entidades de barrio recuperados

Primero se llenaron de problemas, luego de yuyos, se oxidaron y finalmente se vaciaron. Pero la hecatombe no impidió que una veintena de clubes de barrio de Rosario fueran "recuperados", "normalizados" o "refundados" por los vecinos. Ovación retrata esta vez el proceso de sólo dos de ellos, uno al norte y otro al sur de la ciudad. Y no por casualidad, sino porque ambos acaban de obtener la personería jurídica y conformar sus comisiones directivas y reformar estatutos a través de asambleas democráticas. Un hecho más que importante tanto para el Club Social y Deportivo San Martín (Valentín Gómez 3765), como para el Club El Ceibo (Oligario Andrade 1049), ya que esa situación legal les permite recibir subsidios estatales o créditos. Pero a no confundirse: poner los papeles en orden fue un proceso posterior al encarado por jóvenes, viejos socios y mujeres que limpiaron, pintaron, ordenaron, consiguieron nuevas cuotas societarias boca a boca y reactivaron con deportes y vida social una parte de la historia de cada barrio.

"Recobraron vida", dijo el desde el municipio el director de Clubes, Emilio Torno. "No hablamos solamente de un club que tiene los papeles al día, sino de un lugar lleno de vida, un proceso más profundo. Se democratizan. Esto significa que se puede asociar a cualquier vecino, se respeta un cronograma electoral, cualquier socio puede presentarse a elecciones, se hace una asamblea bien convocada, los directivos presentan balances que se aprueban por voto de sus asociados. En muchos casos se reforman estatutos que eran arcaicos y retrógrados como casos donde no se permitía que las mujeres pudieran votar. Se rubrican todos sus libros y hace que el club pueda funcionar acorde a derecho", se explayó Torno.

Es día de semana por la noche y en el San Martín hay hasta concejales. Pero también hay tanta luz como en el Maracaná y un aroma a choripanes que tienta hasta al más vegetariano. Hay pulcritud y clima de fiesta: hay mesas en la cancha de futsal (para chicos de 4 a 16 años); en las dos canchas de bochas, partidos y en el bufete, música y movimiento de parroquianos.

Se viene la asamblea extraordinaria y abierta a la vecindad que formalizará la comisión directiva de 15 integrantes, tras dos décadas de informalidad. El presidente, Claudio Aldao, de 49 años y pintor de obra está eufórico.

"Cómo no voy a estar contento si yo venía este club cuando tenía ocho años, había sólo hombres jugando a las bochas y a las cartas y ahora se llenó de chicas y mujeres. Y, además, hay patín, danzas, percusión y 200 socios. Pero para mí no hay mejor hospital que un club de barrio y lo digo pensando en los chicos, tengo dos hijas y para mí es importante que tengan un lugar, donde viven, para hacer actividad deportiva", dijo el dirigente.

Ese patrimonio no se hizo sólo ni del día a la noche sino luego de cuatro años de trabajo entre vecinos. Hay seis reflectores nuevos para la cancha, un escenario donde se exhiben quienes aprenden folclore, cumbia y rock, horno de barrio, una parrilla y dos baños-vestuarios, a los que se entraba con paraguas y saltando hormigueros y ahora lucen techos nuevos.

"También está la secretaría pintada toda de rosa, porque está tomada por las chicas de danza, que dejan adentro su vestuario", dijo la esposa del presidente y tesorera del club, Andrea Vázquez. Y ante ese comentario tanto el vocal Santiago Dalleva Cosgrove como el secretario Esteban Ortega, dos de los tantos jóvenes que ayudaron a levantar el club, agregaron: "Acá las chicas de danzas, se hicieron su lugar", y lo pondrán a prueba el 26 de noviembre. Ese día, niñas y madres harán la muestra anual, desde las 18 (previamente, el 19 de noviembre se realizará el San Martín Rock con la participación de las bandas Paranoia Colectiva y Pródigos, y luego será el turno de la muestra de percusión).

Estos jóvenes del barrio son músicos y alumnos universitarios que en una oportunidad quisieron hacerse socios del club y no había papeles para el trámite. No les importó: armaron talleres de percusión, una huerta, habilitaron espacio para skaters y fútbol, todo ante la mirada desconfiada de algunos socios de la primera hora que los tildaban de "vagos drogadictos" y el prejuicio de ellos mismos hacia los más viejos. Pero el laburo sostenido zanjó el fuego cruzado y ahora los encuentra en la misma comisión directiva.

El San Martín se fundó en 1949. Junta a familias de los barrios La Cerámica, Rucci, Alberdi y Arroyito. Es albiazul y tiene símbolos que lo retratan. El escudo, el mástil (que no es decorativo: realmente se hiza la bandera) y un busto del Padre de la Patria que estaba tirado a la intemperie y fue restaurado: ahora se lo ve soberbio en una esquina de la cancha de futsal.

Pero además, el club tiene algunos socios que son tan "próceres" como el que le da nombre al club. Por estar "siempre y para lo que se lo necesita", según aseguró el presidente, se lo apunta al albañil Carlos Alberto Chanquía: una catarata de dichos, piropos y chistes que prometió armar un taller de oficios para el año próximo "para que los pibes aprendan a trabajar" .

Por los logros deportivos están los bochófilos José "Polaco" Lezcano, ex campeón argentino ; Heraldo Sosa, doblemente valorado por sus pares por jugar desde su silla de rueda y ser uno de los protagonistas de la Copa Challengher conquistada en un torneo del club La Gloria y Pancha: la única mujer que arriba desde Capitán Bermúdez al San Martín y se anima bochar en ese ambiente sumamente varonil. Un club de bronces.

El club de las mujeres

El club social y deportivo El Ceibo fue hace varias décadas un bodegón, hoy su frente parece un jardín de infantes. Y el interior también. Porque hay colores, dibujos, adornos y un órden obsesivo en todos los rincones de este club del barrio de Tiro Suizo recuperado por mujeres hace doce años.

El Ceibo se recreó a la medida de madres trabajadoras, abuelas y niños. La oferta de actividades es variada: se la lee en la paredes y hasta en los carteles colgados en el árbol de la vereda. Yoga, zumba, pilates reformer, entrenamiento funcional, taller de arte y taekwondo.

El club tiene desde hace dos semanas un flamante estatuto y una comisión directiva de 11 miembros. También cuenta con docentes, todos del barrio, y nada menos que 120 socios. Pero carece de gas y teléfono. Nada menos.

"Ahora que somos un club con todo normalizado podremos pedir subsidios para contar con estos servicios. Tenemos todo para hacer funcionar un bufete que nos ayude con un ingreso económico, pero sin gas imposible, se complica", dijo la presidenta María Rosa Troncoso.

El club esta abierto de lunes a viernes y también los sábados. Sus instalaciones son usadas incluso por asociaciones civiles del barrio y son el espacio para el té y bingos: una verdadera ayuda económica en la que trabajan socios y familiares.

"Todo viene bien al momento de juntar fondos. Es que así, a puro pulmón se arreglaron techos, se amuebló el lugar, se compraron aparatos de gimnasia. Y ahí tenemos unos pisos por colocar", dijo Troncoso.

Pero la entidad también contó y cuenta con donaciones. El taller de arte es la mejor muestra de eso. Se llama La Bohemia del Ceibo, funciona martes, jueves y viernes, desde las 18 y concurren chicos de 6 a 11 años.

Esta lleno de ojetos de descarte, los que cualquiera tiraría a la basura pero aquí se usan para jugar y crear, como bien supo hacer un artista rosarino de la talla de Berni para sus obras. El próximo 1º de diciembre se realizará la muestra anual en el patio, otros de los espacios ordenados y coloridos del lugar, entre las 20 y las 22.

"Acá la idea es que los chicos se queden en el barrio, visibilizar el trabajo de los vecinos", dijo la docente Cecilia Cirili, y sus palabras contaron con el apoyo de una mamá.

"Para mí es una ventaja que mis chicos vengan acá, tengo un bebé no podría llevar a mi hijo mayor a un taller lejos de mi casa", dijo la vecina Marta Vodopives.

Y la presidenta agregó. "En esta institución hablamos de inclusión en serio, no sólo por la importancia se apropie del lugar, sino que también hacemos actividad para chicos con distintas discapacidades. Eso sí, nos cuesta trasladar sillas de rueda, no tenemos siquiera baños preparados para ellos. Eso también es un proyecto a lograr".

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