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Domingo 10 de Mayo de 2015

Refugios del sentido

Las bibliotecas populares son sinónimos de inclusión, respuestas que se dio el pueblo a sí mismo.

La ciudad cambia, cambia, cambia. A un ritmo vertiginoso, al compás de las nuevas tecnologías y el supuesto progreso, bajo el preocupante signo de la globalización y el dinero. Cambia y a veces pierde. Cambia y en ocasiones deja atrás lo mejor de sí misma.

Las bibliotecas populares son refugios del sentido, sinónimos de inclusión, respuestas que se dio el pueblo a sí mismo. Hijas de la solidaridad —que es la mano tendida hacia el otro—, se abrieron para amparar, para enseñar, para igualar. La Vigil es el ejemplo que surge espontáneo cuando se piensa en la hondura de su significado social. Pero la histórica institución de Tablada, que resurgiera de sus cenizas hace poco, dista de ser la única en Rosario: son muchas las que, día a día, construyen futuro en el mayor de los silencios.

En una sociedad que muestra grietas preocupantes, en una ciudad que parece ser dos, o tres, o cuatro, ellas funcionan reparando, suturando, conteniendo. Educando, con todo lo que esa palabra implica. Son las casas del libro y de la gente.La ciudad cambia, cambia, cambia. A un ritmo vertiginoso, al compás de las nuevas tecnologías y el supuesto progreso, bajo el preocupante signo de la globalización y el dinero. Cambia y a veces pierde. Cambia y en ocasiones deja atrás lo mejor de sí misma.

Las bibliotecas populares son refugios del sentido, sinónimos de inclusión, respuestas que se dio el pueblo a sí mismo. Hijas de la solidaridad —que es la mano tendida hacia el otro—, se abrieron para amparar, para enseñar, para igualar. La Vigil es el ejemplo que surge espontáneo cuando se piensa en la hondura de su significado social. Pero la histórica institución de Tablada, que resurgiera de sus cenizas hace poco, dista de ser la única en Rosario: son muchas las que, día a día, construyen futuro en el mayor de los silencios.

En una sociedad que muestra grietas preocupantes, en una ciudad que parece ser dos, o tres, o cuatro, ellas funcionan reparando, suturando, conteniendo. Educando, con todo lo que esa palabra implica. Son las casas del libro y de la gente.

 

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