Cartas de lectores
Viernes 23 de Septiembre de 2016

Recuperando valores de familia

Ni la familia ni los hijos son un laboratorio del Estado. Una vez más debemos reafirmar esta consigna y seguir pidiendo que las modas pasajeras no modifiquen lo esencial de una cultura que fue vital en la construcción de una sociedad. Y aquí la familia es su unidad fundamental y el Estado debe cumplir con su obligación de velar por ella, como también lo marca nuestra Constitución. En esta realidad, los niños tienen derecho a no ser expuestos a una educación con contenidos inapropiados para su edad, y nadie tiene el derecho de seguir mintiendo al decirles que el sexo es la razón de su vida, que todo lo que quieran hacer está bien, que ser hombre o mujer es una elección como se elige un cuadro de fútbol y que nada de lo que hagan con su cuerpo y sexualidad tiene consecuencias. Se hace fundamental en estos tiempos respetar el derecho inalienable del papá y la mamá a educar a sus hijos y alzar la voz frente a aquellos que desean manipular a la familia para que sea sometida a experimentos sociales basados en ideologías de género. Nuestros gobernantes deben planificar programas públicos que fortalezcan la unión de los matrimonios, que apuntalen la educación de los niños y jóvenes para que disfruten su salud y estén abiertos a la vida, formados en una sexualidad responsable, logrando ambientes sanos de esparcimiento, estudio y trabajo donde puedan encontrar un mejor lugar de desarrollo. Nuestros niños y niñas necesitan un padre y una madre como modelos, que irradien valores masculinos y femeninos reales, para su sano y completo crecimiento y puedan así construir su futuro con horizontes altos y alcanzables. Los que así pensamos, tenemos que recuperar el espacio público que una minoría ruidosa ha querido arrebatar porque no se tienen sus mismas ideas, acusando muchas veces de intolerancia. Debemos seguir edificando una cultura de vida, que suprima la cultura de descarte y de muerte que hoy invade toda nuestra sociedad. Y la vida se construye llenando los espacios vacíos de nuestros chicos con proyectos y propósitos sanos y altivos, para lograr así transitar todos juntos por el único camino que nos lleve hasta la meta de una civilización más justa y solidaria, que invariablemente empieza y termina en la familia.

Ni la familia ni los hijos son un laboratorio del Estado. Una vez más debemos reafirmar esta consigna y seguir pidiendo que las modas pasajeras no modifiquen lo esencial de una cultura que fue vital en la construcción de una sociedad. Y aquí la familia es su unidad fundamental y el Estado debe cumplir con su obligación de velar por ella, como también lo marca nuestra Constitución. En esta realidad, los niños tienen derecho a no ser expuestos a una educación con contenidos inapropiados para su edad, y nadie tiene el derecho de seguir mintiendo al decirles que el sexo es la razón de su vida, que todo lo que quieran hacer está bien, que ser hombre o mujer es una elección como se elige un cuadro de fútbol y que nada de lo que hagan con su cuerpo y sexualidad tiene consecuencias. Se hace fundamental en estos tiempos respetar el derecho inalienable del papá y la mamá a educar a sus hijos y alzar la voz frente a aquellos que desean manipular a la familia para que sea sometida a experimentos sociales basados en ideologías de género. Nuestros gobernantes deben planificar programas públicos que fortalezcan la unión de los matrimonios, que apuntalen la educación de los niños y jóvenes para que disfruten su salud y estén abiertos a la vida, formados en una sexualidad responsable, logrando ambientes sanos de esparcimiento, estudio y trabajo donde puedan encontrar un mejor lugar de desarrollo. Nuestros niños y niñas necesitan un padre y una madre como modelos, que irradien valores masculinos y femeninos reales, para su sano y completo crecimiento y puedan así construir su futuro con horizontes altos y alcanzables. Los que así pensamos, tenemos que recuperar el espacio público que una minoría ruidosa ha querido arrebatar porque no se tienen sus mismas ideas, acusando muchas veces de intolerancia. Debemos seguir edificando una cultura de vida, que suprima la cultura de descarte y de muerte que hoy invade toda nuestra sociedad. Y la vida se construye llenando los espacios vacíos de nuestros chicos con proyectos y propósitos sanos y altivos, para lograr así transitar todos juntos por el único camino que nos lleve hasta la meta de una civilización más justa y solidaria, que invariablemente empieza y termina en la familia.

Ignacio, el inalcanzable

Nunca me consideré una mujer de fe, no soy una fiel asistente de la misa y menos de ir a la iglesia. Sí creo en Dios y en mí, y siempre agradecí lo que tengo. Pocas veces le pido y sí he rezado, pero en mi casa. Sentí siempre que me cuidaba. Mi vida no ha sido fácil por muchos motivos, errores míos que cometí cuando fui joven y algunos ajenos de los cuales traté de salir lo más ilesa posible, sin lastimar a nadie. A medida que fui creciendo me fui alejando de las personas falsas y siempre traté de ser lo más original y ser yo. Decir no cuando es necesario y sí a los que realmente se lo merecen. Hace dos años tuve la suerte de conocer una persona increíble, puro de corazón, de esos que no hay muchos, diría casi ninguno. De esos que no dicen que no, aunque ayudar lo complique muchas veces. Que dio tanto y recibió tan poco que hoy le duele en su corazón, que conoció el dolor y lo lleva en la mirada. Se dio la oportunidad de amar de nuevo y yo también lo ayudo en todo lo que puedo y si pudiera más lo haría sin pensarlo. Recurrí al Padre Ignacio, lo llevé a buscar agua bendita y luego me informé, y por internet pedí un turno para la sanación. Me enviaron la respuesta con fecha y hora: el 7 de agosto, a las 10. Puntuales fuimos. Esa semana él estaba muy resfriado y abatido, él hace cuatro años tuvo un ACV y es hipertenso. No tenía ganas de nada, le dolía todo el cuerpo. Y así lo llevé. Se nos acercó un señor con muy poco tacto que nos dirigió hacia la entrada de la iglesia. Pasadas las 10 llegamos a la puerta y allí esperamos. Había mucha gente enferma y con esa felicidad mezcla de emoción de ser tocados por usted y sanar quizás el alma y el cuerpo. Abuelos, señoras embarazadas y nosotros. Se hicieron las 11 y entramos, un poco nos acomodamos. Se hicieron las 12, comenzó la misa, yo lo miraba a "mi cielo" rogando que aguantara y llegara hasta el padre. Ya que lo veía que no se podía mantener en pie. Terminó la misa a las 12.45 y a las personas que no teníamos el turno, o sea acompañantes, se nos pidió que nos retiráramos. Con muy poca información, salí, y le escribí que lo esperaba afuera. Tras un rato le volví a hablar y le dije que lo esperaba en casa con el almuerzo. El me responde: "No aguanto más. Esto va para rato, con suerte tipo 15 voy a llegar". Ya habíamos esperado casi cinco horas. Finalmente se fue, el cuerpo y su cabeza no le dieron más. Llegó a mi casa, con esa mirada de decepción, abatido, dolorido. Le di de almorzar y se recostó. Me lo agradeció, y no dije nada. Sólo sé que la humildad, la empatía y la tolerancia por tratarse de personas que van en búsqueda de un poco de paz, no están allí. Dios no está allí. Lo que vi fue la entrada a un lugar de "rock star". Personas fumando, intolerantes, poca información, abuelos con frío, pero con esperanza de verlo al padre Ignacio. ¿En qué momento se transformó en alguien inalcanzable? Tengo muchas preguntas, sólo deseo que las personas que acudan a él hallen la paz y la sanación, y que vuelva a su personal la empatía, la misericordia y el amor por realizar la difícil tarea de asesorar y ubicar a las personas que acuden a Ignacio. Nunca voy a dejar de ayudar a "mi cielo", que Dios lo bendiga.

Romina Orellana

DNI 25.940.880


Lo que se

observa

Este es un país muy difícil de conducir si se trata de ponerse de parte de los más honestos. Es decir, esa franja de ciudadanos de a pie, de clase media baja que han sido los que siempre han tenido que reponer los platos rotos de esas crisis que parecen eternas y se van repitiendo intermitentemente cada lustro o década en esta historia que ya lleva doscientos años. Y claro, como dijese Enrique Santos Discépolo o hasta el mismo humorista Luis Landriscina, entre otros, hay gente muy rápida entre nosotros, y muchos que más que correr parece que han volado detrás de la coima, la avaricia sin medida y el olvido del aspecto moral. Encima, si usted a estos intelectuales del relato de la inclusión nacional y popular, que viven en countries, Barrio Norte o Puerto Madero, no les pone un freno específico y contundente alguna vez, a partir del único poder del Estado que puede hacerlo, es decir la justicia, entonces olvídese de que esto habrá de cambiar alguna vez. Y por lo que se vislumbra con respecto a este poder de la República por estos días, tanto con los que fueron adentro con casco y chaleco antibalas, como los que aún pululan por los alrededores del Instituto Patria, la cosa viene tan conversada como si se tratara de un partido de truco. En cuanto a lo particular y a sugerencia de los titulares de los diarios de las diversas tendencias, sigo creyendo en mi escepticismo.

Felipe Demauro


Apuntemos a la educación

Como argentino nativo, siempre me interesó mi patria y sus pueblos. Cuando fui maestro, me di cuenta de que nuestra gente quiere aprender, saber. Hoy creo que estamos atrasados en educación, en planes educativos. No nos hemos aggiornado, nos quedamos en el tiempo. La educación tiene que ir al ritmo del mundo, el que se queda parado pierde. Lo demuestran los índices mundiales. Fuimos primeros en Sudamérica en educación, hoy es Chile. No nos atrevemos a poner materias para beneficiar a nuestro alumnado. Seguimos con lo antiguo. El cambio aterra. Propuse enseñar en la primaria y en secundaria, a tener una huerta en casa, en un departamento, tener una huerta comunitaria. Enseñar yoga, meditación, computación, enfermería. Cambiar, para beneficio de los pequeños y los grandes. Como enseñan los chinos: "No me regales pescado, enséñame a pescar". Siempre pueden existir funcionarios que amen a su pueblo más que a su cargo. Tengamos fe.

Carlos A. Borisenko

DNI 4.340.294


En legítima defensa

Una de las razones por la que es muy arriesgado confiar en nuestros semejantes es porque sabemos que no existen límites para la agresión humana. Otros animales se contienen cuando el oponente se rinde, por el instinto de conservación de la especie. Nosotros los humanos, podemos seguir atacando. Dependemos de que alguien nos enseñe a detenernos o tienen que detenernos. Hemos perdido la brújula que contribuye a la supervivencia colectiva. Está en nosotros superar este momento, tendenciosamente alimentado por la agresividad propuesta diariamente en los medios hegemónicos. Trabajar sobre nuestros instintos agresivos, y actuar de modo no violento en nuestros asuntos, no sólo depende de saber aplicar nuestro derecho de legítima defensa. También depende de lograr sacarnos de encima la carga que significa el deterioro por los valores humanos que nos inculcan los medios sensacionalistas. La deducción resulta ser que nuestra especie hoy no esta preocupada por su propia supervivencia, sino influenciada a una personal y egoísta subsistencia. Las reacciones compulsivas que se observan y publicitan contra supuestos o comprobados delincuentes, que ocasionalmente son atrapados in fraganti por vecinos o público en general, es una demostración de lo expresado. Hoy el individuo en lugar de avanzar ha involucionado, el hombre, la mujer, que atacan a un supuesto delincuente lo hacen siempre cuando éste se encuentra en inferioridad de condiciones para defenderse o escapar del momento. La cobardía, escondida detrás de la intolerancia, el agotamiento social sin soluciones, y la penetrante sobrecarga de motivaciones, se manifiesta de forma excluyente. Hace tiempo hacer justicia por mano propia significaba batirse a duelo enfrentando cara a cara a su oponente. Hoy aplicando un moderno criterio más amplio y realista, lo que hemos perdido es la confianza en aquellos que realmente deberían aplicar los castigos correspondientes. Quienes en muchísimos casos, lamentablemente, terminan siendo simples cómplices en lugar de necesarios justicieros.

Norberto Ivaldi


La situación en la Ansés

Es inconcebible que la Ansés siga sin ser investigada a nueve meses de la asunción del gobierno. Es alarmante que no se informe públicamente los motivos de tan llamativa protección e impunidad del organismo más corrupto del kircherismo. Por retazos van emergiendo irregularidades que salen a la luz por denuncias periodísticas. Su titular, Basavilbaso, dice estar perplejo y que está revisando a unos 50 empleados que están en la misma situación irregular que los hijos de D´Elía. Lo curioso es que revistan de esa manera desde hace ocho años y que su obligación es revisar todo el plantel, no sólo cincuenta. En realidad esta es una pantalla que busca cubrir el enorme desatino de no entrar de lleno en el meollo del asunto que consiste en millonarias defraudaciones, desfalcos y saqueos de un volumen miles de veces superior a los que conocemos del caso bien publicitado de Lázaro Báez. Hablamos de de-satino aunque es más apropiado calificarlo de espurio convenio, no cabe otra, mientras no se aclare este bochorno que el gobierno insiste en ocultar al pueblo.

Silvio Pizarro

DNI 1. 738.044

Villa los Aromos

Córdoba


Comentarios