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Sábado 11 de Septiembre de 2010

Recuerdos que hablan de los afectos en los primeros grados

El testimonio de educadores sobre cómo era la relación con sus "señoritas".

La marca de lápiz labial en la mejilla, la orden firme de invitar a leer o el respeto a los duelos de la infancia son algunas las manifestaciones afectivas que se recuerdan de las relaciones de aprendizaje. Claro, también están aquellas no tan felices que marcaron la niñez de muchos.

"De la primaria recuerdo que como mi mamá murió cuando yo tenía 8 años, cada vez que llegaba el Día de la Madre y nos daban la consabida redacción, yo moqueaba y la maestra me eximía de escribirla", cuenta Viviana Della Siega, comunicadora social e integrante del Instituto de Género, Derecho y Desarrollo (Insgenar). Y a la hora de reflexionar sobre el trabajo docente, dice: "El afecto de un o una docente con relación a sus alumnos o alumnas pasa fundamentalmente por el respeto y dar lo mejor de sí para ayudarlos a crecer. No se tiene la misma empatía con cada uno de nuestros alumnos, pero si se los respeta y se los trata de estimular en lo que cada uno puede hacer, partiendo de lo positivo y no remarcando las carencias es una real muestra de afecto".

La doctora en educación Liliana Sanjurjo agrega otro aspecto a esta relación: "Muchas veces desde la teoría, los pedagogos insistimos que no debemos olvidar que la relación pedagógica es de tres, ya que está siempre mediada por el conocimiento. Eso no significa que dejemos de reconocer que se trata de un acto de amor, que requiere de afecto para que sea posible la transferencia, el impacto intergeneracional necesario para que podamos concretar el pase cultural que toda educación supone".

Claro que Sanjujro también tiene sus recuerdos de infancia hacia sus maestras: “Personalmente recuerdo a mi maestra de primer grado, la señorita Celina, una mujer ya mayor, pero que con paciencia infinita, con tratos muy amables, con recursos que sacaba como un mago de su galera, nos hacía comprender y gustar lo que aprendíamos”.

La historia escolar de Claudia Martínez, maestra y coordinadora de la Biblioteca Popular Cachilo, no es tan feliz al menos como lo hubiese deseado. Sin embargo, Claudia dice que esa marca funciona en la actualidad como algo positivo para la tarea de estar frente al aula: “Quiero disfrutar de esto hermoso que es estar con los chicos y entregar lo mejor que puedo. Esto sabiendo que en nuestras manos está la posibilidad que algún día se acuerden de que vivieron felices en la escuela, y no como muchos de nosotros que íbamos con miedo y nos dolía la panza cuando la maestra se nos acercaba”.

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