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Sábado 28 de Marzo de 2015

Recuerdos de Malvinas y la escuela

Una selección de testimonios de docentes repasa  dónde escucharon por primera vez hablar de las islas argentinas.

“Pensar Malvinas. Una selección de fuentes documentales, testimoniales, ficcionales y fotográficas para trabajar en el aula” es el libro realizado por el Ministerio de Educación de la Nación, publicado en 2013 y reeditado el año pasado. Constituye una valiosa fuente de información, documentación y aportes para la enseñanza. Fragmentos de libros literarios, históricos, de manuales; análisis de profesores de la formación docente, documentos historiográficos, junto a testimonios que suman al debate y la reflexión se reúnen a lo largo de 250 páginas.
  A continuación una selección de testimonios de docentes sobre Malvinas y la escuela, recogidos durante los años 2006 y 2007 en diferentes provincias argentinas por integrantes del Programa «Educación y Memoria» en el marco del proyecto “Entre el pasado y el futuro”.

Antes de la guerra
• “En el año 1975 cursaba el 5º grado. En ese entonces los directores visitaban las aulas a menudo y muy especialmente en los días previos a los actos patrios celebratorios o conmemorativos. Don Rulo como curiosamente solíamos llamarle, nos contó sobre las islas Malvinas. Aún siento el frío, la reacción de mis sentidos ante tan perfecta descripción. Magnificada, además, por las riquezas económicas del lugar más austral del país. Luego inesperadamente preguntó: «Niños ¿cómo será el olor de un amanecer en ese pedacito de suelo argentino? Levanté la mano izquierda para responder y dije: “«Seguramente hay olor a silencio»”.
• “Recuerdo claramente como si fuera una fotografía grabada a fuego en mi memoria, los primeros textos de la escuela primaria. Esos libros con lecturas sobre nuestra historia incluían la imagen del archipiélago de Malvinas y nos relataban sobre su geografía, sus vientos, el frío. Seguramente la figura de la maestra tan importante para mí hacía cercano ese lugar, tan distinto a mi Santiago, pero tan argentino como el suelo conocido. Esa mezcla de sensaciones entre imágenes y el mensaje enseñado por la docente que se internalizaban en mí, por sentimiento, por respeto y por esa visión de niña que entendía que la escuela era la que captaba el verdadero espíritu del ser y sentir argentino”.
• “La primera vez que supe de la existencia de las islas Malvinas fue en el año 1954, cuando cursaba cuarto grado de la escuela primaria, figuraba en la parte de geografía del Manual Estrada que usábamos en esa época. Debo confesar que en la primaria fue la primera y única vez que lo escuché”.
• “La primera vez que escuché hablar de Malvinas fue en la escuela cuando realizábamos croquis de las islas en el recordado simulcop y en láminas preparadas por una madre docente. También recordamos las razones por las que las Malvinas son argentinas: Históricas, por herencia de España; Geográficas, porque están sobre la plataforma submarina argentina; Legales, por los reclamos realizados ante organismos internacionales. Estas razones eran enseñadas por las maestras en la escuela. Además recuerdo los actos escolares, la canción de las Malvinas, la poesía de Pedroni”.

La guerra
•  “Tengo la certeza de que en la primaria aprendí algo de las Malvinas junto con el catecismo y el bordado. Recuerdo el 2 de abril del 82, era el día de mi cumpleaños. Vivía en el centro de Santiago. Iba caminando a la Normal y por la 25 de Mayo pensaba que justo ese día sucedía la guerra. Mi desolación, mi dolor, mi angustia pasaban por mí, por mis 13 años, por mi pobreza urbana, por mis faltas materiales y porque nadie se acordaría de mí sino de la guerra”.
• “Varios de los relatos que obtuve pertenecen a mi familia donde hay muchos miembros del Ejército y la Fuerza Aérea. Otras historias son las que escuché sobre desertores que saltaban de los trenes y eran refugiados por los vecinos”.
• “Mi primer recuerdo de la palabra Malvinas es al comienzo de la secundaria, el nombre de mi amiga, María Malvina, y mi curiosidad me llevaron a preguntarle por qué ese nombre poco común; me respondió «nací en 1982, en plena guerra y de allí mis padres decidieron ponérmelo»”.
•  “Mi primer recuerdo de Malvinas se dio en mi familia. Mi hermano hacía el servicio militar obligatorio en Neuquén. Esta noticia cubrió de tristeza mi casa. En cambio para mí, que tenía 15 años, era un orgullo tener un hermano que era un héroe. No tenía conciencia de lo que era una guerra”.
• “Cuando estaba en el jardín de infantes recuerdo que todos los días nos hacían cantar la marcha de Malvinas en la hora de música. Vagamente recuerdo que las maestras nos hablaron sobre lo que estaba sucediendo: que muchos hombres estaban luchando por nuestro país y que teníamos que ayudarlos. Se me viene a la mente una imagen de todos mis compañeros de sala armando cajas con mercadería y mientras las hacíamos cantábamos la marcha. Después de ese momento no recuerdo que alguna maestra nos haya contado o dicho algo sobre lo sucedido refiriéndose a Malvinas como un lugar en donde muchos hombres dieron su vida por defender algo nuestro”.

La posguerra
• “La primera vez que escuché hablar de Malvinas fue en la escuela y en mi pueblo ya que un vecino fue a la guerra. En la escuela nos daban una breve reseña de la historia de las Malvinas y en los actos siempre se invitaba a este señor. En ese entonces no entendía lo que significaba la presencia de mi vecino, para mí era un acto más”.
• “Hablar de Malvinas causa dolor. Sé que muchos a lo mejor no entienden lo que quiero expresar porque soy uno de los tantos argentinos que sufrimos en carne propia esa paradoja de lo que significaba «la construcción del ser nacional», ese sentimiento que nos lleva a definir en nosotros qué es «la patria» durante la década del 70. Y digo en carne propia porque fui formada en un sistema escolar en donde se nos instaló la idea de «los héroes de la patria fuerza de símbolos», signos virtuales en donde la idea de las «Las Malvinas son Argentinas» ingresó a mi vida desde el primer grado. Todavía está en mi memoria la señorita Rosa contándonos la historia a modo de cuento sobre el Gaucho Rivero, la marcha a los actos recordatorios en el pasaje a dicho nombre, al «centro malvinense» el cual formamos a medida que transcurrimos la primaria. Y luego la desazón de «la pérdida de la guerra».
•  “Pasamos del imperialismo vigoroso del 2 de abril al dolor de la entrega de la guerra, que deja una marcha cuando uno es adolescente y considera «que las causas justas» deben triunfar como los cuentos infantiles. Y luego el silencio.”
  “Pensar Malvinas” se puede descargar en forma gratuita en el sitio www.educacionymemoria/secundaria

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