Educación
Sábado 03 de Septiembre de 2016

Realidades y mitos sobre el trabajo docente

No se puede abordar el ausentismo laboral del magisterio sin considerar las complejidades del oficio

Todos los días del ciclo académico las escuelas se llenan de maestras y maestros, de profesores y profesoras que realizan su trabajo. Sin embargo, de manera recurrente aparecen funcionarios de distinto rango que ponen en duda el rol docente y cuestionan su tarea. Así, cada año, antes del comienzo de las clases, se habla del "elevado ausentismo docente". Esta vez, en sintonía con la restauración de las políticas neoliberales del gobierno nacional, desde el gobierno provincial se reinstala este cuestionamiento con una ofensiva antiobrera impulsada por las grandes patronales del capital concentrado y con una amplia cobertura mediática.

Esto ocurre mientras desde los espacios gremiales, académicos y de los organismos internacionales como la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Unesco se multiplican los estudios impulsados por la preocupación que genera el elevado y creciente deterioro de la salud de los trabajadores de la educación, una población laboral de alta vulnerabilidad.

Sistemáticamente en la Argentina se recurre a desvalorizar el trabajo docente desde las instancias burocrático - administrativas de la educación y se construye en el imaginario social el mito de que los docentes son faltadores crónicos compulsivos; y que utilizan cualquier recurso, en complicidad con la corporación médica, para no ir a trabajar y cobrar igual sus haberes.

No se pueden analizar y discutir seriamente el trabajo docente, los problemas de enseñanza aprendizaje y la calidad educativa abordándolos desde el ausentismo laboral y sin hacer referencia a las condiciones de trabajo, a la violencia en la escuela y el contexto sociocultural en el que se inscribe la educación en la Argentina actual.

Escenario complejo

El escenario laboral en las escuelas es de alta complejidad, el trabajo del magisterio se realiza en un contexto donde las exigencias son altamente desgastantes, fuente de sufrimiento y enfermedad. Son las que derivan de los problemas propios del proceso de enseñanza-aprendizaje, de los hábitos y la cultura que desarrollan en los alumnos las nuevas tecnologías y los dispositivos que tienen a mano; sumado al estado deficitario de los edificios escolares y la violencia física y psicológica de la que son objeto los maestros. Hay coincidencia unánime en considerar al trabajo docente como uno de los más desgastantes, generadores de envejecimiento precoz, expulsión anticipada de los trabajadores de su puesto de trabajo y por lo tanto de registrar en todo el mundo elevados índices de ausentismo laboral.

Salud-enfermedad

En un trabajo elaborado por el Cippec (Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento) en 2011 como documento de asistencia técnica para el Ministerio de Educación de la Nación titulado: "El ausentismo docente en la Argentina. Diagnóstico y recomendaciones para la discusión de políticas", se sostiene que el porcentaje de ausentismo va de 12 a 14 por ciento en todas las provincias; se afirma que el ausentismo es un problema tanto urbano como rural y que las zonas urbano marginales no necesariamente tienen un mayor nivel de ausentismo que el resto de las zonas urbanas. Por lo tanto tiene un comportamiento bastante homogéneo.

El trabajo docente debe analizarse en el marco del conjunto de la problemática de salud/enfermedad del magisterio y analizarlo como el emergente de una problemática más compleja que incluye los denominados Riesgos Psicosociales: violencia en la escuela, problemática alumnos-familias, problemas institucionales, las relaciones conflictivas y la de falta de reconocimiento, los cuales constituyen los elementos centrales de la Comisión Condiciones y Medio Ambiente de Trabajo (Cymat) en las escuelas y establecimientos educativos.

En el trabajo "La violencia social en la trama y contexto del proceso educativo" (1) demostramos la magnitud de este fenómeno y el impacto que tiene en la salud del magisterio. Vale la pena recordar estos datos, los cuales deberían ser actualizados dado que este fenómeno se ha ido agravando año tras año: En 2006, en el 72 por ciento de las escuelas de Rosario se registraron episodios de violencia: en el 16 por ciento de esas escuelas los episodios de violencia ocurren todos los días, en un 8 por ciento de los casos se detectó la presencia de armas de fuego y en un 12 por ciento episodios con lesiones graves en las personas involucradas. Y el 69 por ciento de los docentes sufrió violencia psicológica, 25 por ciento violencia física y 6 por ciento violencia institucional. Estas exigencias laborales son las principales responsables del perfil patológico que surge al analizar los diagnósticos de las licencias que solicitan los maestros: los trastornos osteoarticulares y padecimientos psicosomáticos. También es necesario recordar que las docentes presentan una incidencia mayor que el resto de la población trabajadora en amenaza de abortos, en abortos espontáneos y recién nacidos de bajo peso al nacer. El mito de que los docentes son grandes faltadores se construye cuando se discute e informa de situaciones excepcionales o parciales sin describir todas las variables intervinientes en la determinación de la problemática del trabajo y la salud docente.

Problema de gran magnitud

Estamos frente a un problema epidemiológico de salud laboral de gran magnitud, frente a una población muy particular de trabajadores muy vulnerables, con altos índices de sufrimiento, elevado desgaste laboral y una alto índice de morbilidad.

El denominado fraude laboral no puede ocupar el lugar central del análisis dado que no supera el 10 por ciento del problema. Dato que surge de analizar los resultados de los controles de ausentismo que se realizan, donde el "No reconocimiento" es del 6 por ciento al 11 por ciento en los servicios públicos y en un 18 por ciento en los servicios de medicina laboral privados contratado por los empleadores; en la mayoría de las constataciones es porque los trabajadores están ausentes de su domicilio.

Sostenemos que el problema no se resuelve con el control de ausentismo tradicional, en general, de características burocrática y que se limita a pedir un certificado o constatar la presencia o ausencia de enfermedad. Es necesario preguntar qué sucedió en la provincia de Santa Fe, ya que entre 2012 y 2014 el ausentismo docente había disminuido y en 2015 nuevamente se transformó en un problema relevante para el Ministerio de Educación. Qué condiciones se han modificado, qué hechos nuevos han sucedido para que vuelva a plantearse este problema. Seguramente, la causa del problema no son los escasos profesionales inescrupulosos y antiéticos, dado ya estaban identificados desde 2008 por el programa informático Ziper.

Hay un gran déficit en materia de prevención por parte del Ministerio de Educación de Santa Fe y, en general de todo el país. No se utilizan los datos disponibles, ni se permite un amplio y democrático acceso a ellos para poder discutir de manera científica y fundamentada cuál es el verdadero estado actual de la salud laboral docente e implementar un programa integral de salud y trabajo docente.

Es necesario dar un nuevo impulso al programa de asistencia a los trabajadores que están ausentes por enfermedad, relanzar el sistema de médicos, psicólogos de cabecera que den respuestas sanitarias a padecimientos de los docentes y desde los Comité Mixtos de Salud y Seguridad implementar los programas de prevención, capacitación y gestión integral de la salud y seguridad en el trabajo.

(1) El trabajo integra el proyecto de investigación "Análisis de las intervenciones en el campo de la salud mental en situaciones de catástrofe" (Facultad de Psicología - UNR) Director: Jorge Kohen. Codirección: Marité Colovini.

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