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Domingo 20 de Enero de 2013

Realidad violenta y miserias políticas

La agenda periodística rosarina este verano está teñida de violencia

La agenda periodística rosarina este verano está teñida de violencia. La historia de este espiral que no cesa podría tener un principio en los actos vandálicos que terminaron con varios supermercados destruidos. Desde aquella tarde del jueves 20 de diciembre en que un grupo de delincuentes arremetió contra un súper de Villa Gobernador Gálvez y luego su accionar se fue replicando por las barriadas rosarinas, la ciudad sigue sumida en la violencia.

A esta seguidilla continuó la locura narco. Soldaditos que sin medir las consecuencias dirimen territorios a sangre y fuego dejando en el camino la vida de inocentes, como sucedió en Ludueña y casi se replica en Nuevo Alberdi.

Lo triste es que estos sucesos no hagan más que fomentar la pirotecnia verbal entre la dirigencia política. Lo peor que puede pasarle a los santafesinos es que los dirigentes de turno se mojen la oreja con declaraciones altisonantes que no conducen a nada.

Pasándolo en limpio. Si bien hay un hecho incuestionable que debe ser investigado, como lo fue el ataque a tres militantes en Nuevo Alberdi, el Movimiento Evita (al cual pertenecen las víctimas) lanzó duras acusaciones contra el gobierno provincial en materia de seguridad que no hacen más que restar en un campo donde para combatir el narcotráfico se debería sumar.

Muchos dirigentes de ese espacio político formaron parte de los gobiernos que condujeron esta provincia antes de que llegara el socialismo y, por supuesto, por esos días no se escuchaban sus críticas.

Cuesta creer que quien fue vicegobernadora cuestione ahora que el gobernador Antonio Bonfatti se vaya de vacaciones en medio de la coyuntura que atraviesa la provincia, como si eso pusiera en riesgo la gobernabilidad. Y más increíble es que el ministro de Gobierno, Rubén Galassi, le responda con otra chicana que involucra al hermano de la legisladora.

Y así, entre tanta pirotecnia, acrecentada en un año electoral donde las miserias políticas emergen a cada rato, la realidad sigue ahí, presente. El consumo de cocaína se triplicó en una década, los pibes en los barrios coquetean con el delito, las nenas se enamoran de los narcos y algunos profesionales hacen negocios blanqueando dinero de las drogas. Si alguien prueba dejar de lado la hipocresía, tal vez algo cambie. Pero eso es una utopía.

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