Policiales
Jueves 11 de Agosto de 2016

Ratificaron la condena al asesino de la militante Mercedes Delgado

La Cámara confirmó la pena de 16 años de prisión para Héctor Riquelme, sentenciado por el crimen ocurrido en Ludueña en 2013

"La condena del asesino de Mercedes Delgado se ha confirmado. Es una victoria popular". En un acto frente a Tribunales, a Juan Ponce le bastaron esas pocas palabras para reflejar la construcción colectiva que generó el crimen de su madre, la militante social de barrio Ludueña asesinada en enero de 2013 al quedar en medio de un tiroteo entre bandas. Adentro del edificio de Balcarce y Montevideo, un tribunal acababa de dejar firme la condena a 16 años de prisión a Héctor Daniel Riquelme como autor del homicidio. La medida cerró el largo capítulo judicial por la muerte de "Mecha" pero su verdadera dimensión se calibró afuera, donde un público emocionado desbordó en abrazos, lágrimas y aplausos después de tres años de lucha.

El escenario que convocó a los familiares, vecinos y allegados a Mercedes Delgado fue el mismo que los reunió en cada aniversario de su muerte o cuando se avecinaba una medida judicial de peso en la causa. Se concentraron desde media mañana en las escaleras de Tribunales a la espera del veredicto que, cerca del mediodía, darían a conocer tres camaristas.

Enfrentamiento. Los jueces Daniel Acosta, Carlos Carbone y Georgina Depetris revisaron la sentencia a 16 años de prisión que en febrero le había dictado a Riquelme otro magistrado, José Luis Mascali. El acusado, de 50 años, apeló la condena alegando que había actuado en legítima defensa la tarde del 8 de enero de 2013, cuando un disparo alcanzó a la catequista fallecida en el cruce de Garzón y Bielsa. Mecha era colaboradora del comedor comunitario San Cayetano y cerca de las 18.15 de aquella tarde calurosa salió a buscar a uno de sus hijos tras escuchar que en esa esquina, muy cerca de su casa, se había desatado un tiroteo entre bandas.

Los que se enfrentaban eran miembros de la familia Riquelme (Héctor y sus hijos Matías y Mauro, por entonces menor de edad) con integrantes de otra familia con la que mantenían una rivalidad previa. Desde su casa de Bielsa 6049 tiraban hacia el cruce de esa calle y Garzón. Allí estaban apostados David Ferriol y sus hermanos Ramón y Jonatan Piedrabuena, quien aún está prófugo. Los otros dos fueron condenados a penas de 5 y 6 años de cárcel por el intercambio de tiros que precedió a la muerte de Mecha. Por lo mismo, aunque situado en el otro bando, Matías "Guadaña" Riquelme fue condenado a 7 años de cárcel por participar del fuego cruzado. Al igual que su padre apeló el fallo, aunque con otro argumento: dijo que ese día no estaba el barrio.

La balacera había cesado cuando Mercedes pasó caminando por la cuadra. Los Ferriol ya se retiraban, pero Riquelme padre salió a amedrentarlos con un par de disparos finales. A Mecha la alcanzó una de esas balas y le destrozó el abdomen.

Mecha encendida. Entre el estrépito de un barrio que denunciaba las violentas disputas del territorio entre bandas narco surgió el movimiento de organizaciones sociales y políticas que exigió justicia durante tres años y que ayer celebró frente a Tribunales: Compañeros en Rebeldía, Caleidoscopio, Tierra de Nadie, Giros, M26, Frente Social y Popular, Ciudad Futura, Piecitos Descalzos, Comedor San Cayetano y Comisión de Villa Moreno, entre otros.

Con música de fondo y una pintada en el asfalto anunciando que "La Mecha sigue encendida", ayer esperaron expectantes el veredicto que, puertas adentro, el juez Acosta dio a conocer ante los imputados, las partes y los familiares más cercanos a Delgado en una sala de audiencias.

Primero leyó el fallo que confirmó la pena de 7 años a Riquelme hijo por participar de la pelea de bandas, sentenciado bajo la figura penal de tentativa de homicidio. Es que si bien adujo no haber estado allí, los testigos lo vieron disparando.

Luego fue el turno del padre, quien escuchó la confirmación de su condena custodiado de cerca por dos policías. El tribunal (con la abstención del juez Carbone) descartó que Riquelme haya actuado en legítima defensa porque las escaramuzas entre los dos bandos llevaban "horas, y aún días". Antes que una reacción defensiva por un peligro inminente advirtió un "supuesto de planificación" por parte del acusado. Constató que hubo dolo homicida desde el momento en que los disparos tenían la capacidad de causar una muerte. Y consideró ajustado el monto de la pena por la "extensión del daño" que sumió en el miedo y el peligro a todo un vecindario.

En ese punto, el fallo alude al contexto de un barrio atravesado por la violencia: "El crecimiento exponencial de los homicidios en 2009 tiene buena parte de su génesis en la transformación del mercado del delito. Ante ello los episodios de disputa del territorio mudaron del amedrentamiento a la eliminación física del competidor. Cultores de la criminología intentaron ubicar estas disputas bajo el ambiguo rótulo de «conflictos interpersonales». Lamentablemente la realidad hizo lo suyo para derribar este simplismo. Y ante la flagelante falta de respuesta de las agencias estatales la violencia no hizo otra cosa que viralizarse".

Respirar justicia. La noticia de ayer, en la calle, se recibió con emoción y clima de festejo. "Después de tanto tiempo peleando, la condena del asesino se ha confirmado. Estoy emocionado. Durante tanto tiempo me aguanté las lágrimas y hoy respiro justicia. Mecha ya no es más mi madre, es la madre de todos", dijo Juan Ponce ante el micrófono.

El querellante Ricardo Lamas, en tanto, elogió el fallo que "tuvo en cuenta, como pocas veces, el contexto social".

Las colaboradoras de Mecha en el comedor eclesial hablaron del valor de trabajar en comunidad: "Esto nos da la expectativa de que podemos cambiar las cosas en el barrio, nos alienta a seguir trabajando", dijo Susana. "Desde que empezó el centro comunitario, en el año 89, todo fue esfuerzo. Dentro de ese esfuerzo estaba Mercedes. El trabajo de ella no quedó ahí, se multiplicó. Sabemos que con la lucha se puede", aportó Angélica. El acto cerró con una suelta de globos blancos que subieron lentos frente al paredón gris de Tribunales hasta perderse en el cielo.

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