La ciudad
Domingo 06 de Noviembre de 2016

Rápidos para rotular, lentos para actuar

Parece que en esta ciudad hay temas políticamente incorrectos de abordar. Uno fueron las pintadas y el vandalismo en la marcha del último encuentro de mujeres.

Parece que en esta ciudad hay temas políticamente incorrectos de abordar. Uno fueron las pintadas y el vandalismo en la marcha del último encuentro de mujeres. Esta semana se sumó otro: el accionar extorsivo de los cuidacoches. Dos problemáticas que incomodan a funcionarios y concejales y encasillan a quien los trata en una suerte de derecha ideológica, misoginia y vaya a saber cuántos rótulos más en tiempos donde el sentido común pasó a ser, para algunos, enemigo del progresismo. O al menos así lo entienden sectores rápidos para rotular.

Lejos de estos debates ideológicos estériles está el vecino de a pie. Ese al que le pintaron la pared o aquel que se bajó del auto para ir a ver a los Guns N' Roses el miércoles pasado y un trapito le exigió el pago de 200 pesos.

Este apriete no es nuevo, sucede en cada centro comercial y espectáculo de concentración masiva, no sólo en Rosario, sino en todo el país. Ahora bien, los funcionarios locales parecen quedarse con el viejo refrán que dice "mal de muchos consuelo de tontos", ya que lo único que atinaron a decir luego del accionar de los trapitos fue eso. "Pasa en todos lados. Sabíamos que iba a suceder".

Es más, el secretario de Control del municipio, Gustavo Zignago, se excusó en la falta de normas en relación a esta actividad para justificar la inacción. Dijo que vio a una dudosa fundación hacerse cargo de cobrar estacionamiento en varias cuadras a la redonda de Central, pero ante la ausencia de falta (ya que no hay legislación municipal específica) no se actuó. Algo así como el famoso "siga siga" del ex árbitro de fútbol Francisco "Pancho" Lamolina.

Mientras tanto, las mafias se adueñan del espacio público, extorsionan y hacen grandes negocios que van a los bolsillos de alguien. Un alguien que recauda ilegalmente ante la presencia del Estado.

Desde hace décadas varios concejales vienen presentado proyectos para abordar la cuestión de los trapitos. El actual diputado provincial por el PRO, Rodrigo López Molina, propuso prohibirlos en cada evento de concentración masiva. El radical Jorge Boasso bregó por regular la actividad, censarlos e identificarlos. Y los ediles del bloque Ciudad Futura habían propuesto integrarlos al sistema de estacionamiento medido como cobradores de los tickets. Tres variadas propuestas. Ninguna se abordó.

En síntesis: se hizo lo peor: nada. Y en esa anomia, hay sectores que siguen haciendo negocios a sus anchas.

Absurdo. A la ausencia de normas y los consejos bordeando el absurdo que dieron algunos funcionarios, que les pidieron a quienes fueron al recital que no se dejaran extorsionar, le siguió el ridículo: integrantes del gabinete municipal molestos porque La Capital abordó el tema esta semana.

Remarcaron que hablar de los trapitos eclipsaba lo que fue el mayor recital de una banda de rock internacional en los últimos 25 años. El mismo discurso que tras el encuentro de mujeres, cuando se señaló que hablar de las pintadas sacaba de foco la problemática de la violencia de género.

Es tal el prurito que generan estos temas que hasta el funcionario encargado de supervisar la limpieza de los 320 frentes dañados tras la marcha de mujeres, pidió que lo excusaran de hacer un juicio de valor cuando se le preguntó si lo que se gastará para repintarlos es mucho o poco. Sólo se limitó a señalar que ese trabajo insumirá 900 mil pesos de las arcas municipales.

Por cierto, no a todos los frentistas afectados el municipio les pagó la limpieza. La clínica de fertilización asistida que está sobre bulevar Oroño al 1500 es un ejemplo. La saturaron de pintadas en favor del aborto sin tener en cuenta que quienes concurren allí se desviven soñando con ser padres, lo que evidenció las fuertes contradicciones de algunos sectores reaccionarios.

Microclima. En medio de tanta anomia la Justicia dio esta semana un paso hacia lo terrenal. Rechazó un recurso de amparo interpuesto por los dueños de un problemático boliche de la zona norte (Ay Ramírez, Alberdi 100 bis) basándose en los innumerables perjuicios que el local les ocasionaba a los vecinos.

Los jueces pusieron de relieve la pretensión social que exige salir del "microclima tribunalicio". "Los actores jurídicos debemos evitar que las soluciones tribunalicias se aprecien como abstracciones que desconocen lo que otros hombres, por lo menos, intuyen como realidad". Y así, tuvieron en cuenta los innumerables artículos periodísticos que reflejaban los padecimientos que este bar les ocasionaba a los vecinos a la hora de no avalar el amparo que habían interpuesto sus dueños para poder reabrir.

Un año antes, el propio municipio podría haber hecho lo mismo, ya que frenó bochornosamente una nueva habilitación de esta disco luego de que La Capital revelara que le habían dado el okey para su reinauguración. Un claro ejemplo del "microclima" que a veces envuelve a funcionarios.

Y así, lo ilegal se hace moneda corriente y se avanza sobre los derechos del otro. Luego, poner de relieve esas infracciones es políticamente incorrecto, y los rótulos llegan rápido.

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